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En la moto de mi Amo VIII

Unos segundo más tarde el Amo volvió a acercarse a la mesa. Cogió una cadena de perro, se acercó al esclavo y se la enganchó a la anilla que colgaba por la parte delantera del collar. El esclavo inmediatamente pareció recuperarse y se puso a cuatro patas, como un perro, con la barbilla levantada. Pareció como si le hubieran activado alguna clave o apretado un interruptor. Me admiró y sorprendió que aún tuviera fuerzas para servir así a su Amo. Casi como si estuviera ensayado el Amo comenzó a caminar hacia la puerta llevando la correa, justo a la velocidad adecuada para que el sumiso lo pudiera seguir a cuatro patas. Sin duda había sido una escena impresionante y mi polla había estado dura todo el tiempo. Como las esposas estaban unidos al collar no pude tocarmela, y en cualquier caso tampoco podía haberlo hecho porque no tenía permiso de mi Amo. Cuando salieron Amo y sumiso por la puerta volvía a quedarme solo. Me entretuve observando el lugar. Seguía sin duda, o al menos hubiera apostado algo porque así era, en el sótano, bajo la mansió donde me había llevado mi Amo. No sé cuánto tiempo había pasado. Como no había ventanas podía ser cualquier hora del día o de la noche. Recordé que habíamos quedado el viernes por la tarde así que estaba casi seguro que no sería liberado hasta el domingo por la noche o el lunes por la mañana. La habitación era grande, a la derecha estaba la cruz donde había estado el sumiso y a la izquierda la mesa auxiliar. Las paredes eran de cemento visto y había unas tuberías que supongo servirían para ventilar en sustitución de las ventanas. Mi celda estaba en el centro de la pared más opuesta a la puerta. Tal vez había otras celdas a mi izquierda y a la derecha pero no podía comprobarlo. Las paredes y las rejas de mi confinamiento llegaban hasta el techo, no muy alto, y unas mortecinas bombillas eran la única iluminación que daba al lugar un aire mortecino.
Poco a poco comencé a tener más conciencia de mi cuerpo, de lo dolorido que estaba por la última sesión que había tenido con mi Amo. Una vez situado en el lugar todo en mi interior comenzó a hacerse realidad. El dolor me llevó al recuerdo que me llevó a un dolor más intenso, el sentido en aquel momento. Mi polla volvió a endurecerse….otra vez.
Lo que más me extrañó fue que no sentía ningún miedo. Allí estaba, esposado en una celda, en un sótano de una casa que estaba en un lugar que desconocía. Y confiaba. Sabía que iba a sufrir, que antes de que saliera de allí iban a pasarme muchas cosas, algunas muy intensas. Sabía que aquella experiencia iba a transformarme definitivamente pero estaba dispuesto a recorrer ese camino. Por si quedaba alguna duda sabía que saldría de aquel sótano siendo un auténtico esclavo de mi Amo, estaba dispuesto a entregarle su volutnad, haría todo lo que El quisiese, le serviría y viviría para El. Estaba convencido: todo lo demás sería secundario.
Estaba metido en estas reflexiones cuando la puerta se abrió de pronto. Entraron tres esclavos. Todos llevaban collar, muñequeras y tobilleras y estaban desnudos pero dos de ellos llevaban en volandas al tercero que reconocí inmediatamente como el esclavo que había unos minutos había salido como un perro tras su Amo. Estaba inconsciente o al menos su cara caía como si lo estuviese. Las manos las llevaba atadas a la espalda. Se encaminaron hacia la derecha de donde estaba. Oí el ruido de una puerta de barrotes abrirse y de reojo, ví como lo echaban dentro. Entonces fueron hacia donde yo estaba y abrieron la puerta con una llave que llevaban. Yo esperaba que viniera mi Amo a buscarme así que me asusté y retrocedí arrastrándome por el suelo. Ellos rápidamente me sujetaron los brazos y me levantaron, sacándome de la celda. Antes de salir de la habitación pude mirar hacia atrás y ver cinco celdas, todas con inquilinos salvo la mia que ahora permanecía con la puerta abierta.

En la moto de mi Amo VII

Unos segundo más tarde el Amo volvió a a cercarse a la mesa. Cogió una cadena de perro, se acercó al esclavo y se la enganchó a la anilla que colgaba por la parte delantera del collar. El esclavo inmediatamente pareció recuperarse y se puso a cuatro patas, como un perro, con la barbilla levantada. Pareció como si le hubieran activado alguna clave o apretado un interruptor. Me admiró y sorprendió que aún tuviera fuerzas para servir así a su Amo. Casi como si estuviera ensayado el Amo comenzó a caminar hacia la puerta llevando la correa, justo a la velocidad adecuada para que el sumiso lo pudiera seguir a cuatro patas. Sin duda había sido una escena impresionante y mi polla había estado dura todo el tiempo. Como las esposas estaban unidos al collar no pude tocarmela, y en cualquier caso tampoco podía haberlo hecho porque no tenía permiso de mi Amo. Cuando salieron Amo y sumiso por la puerta volvía a quedarme solo. Me entretuve observando el lugar. Seguía sin duda, o al menos hubiera apostado algo porque así era, en el sótano, bajo la mansió donde me había llevado mi Amo. No sé cuánto tiempo había pasado. Como no había ventanas podía ser cualquier hora del día o de la noche. Recordé que habíamos quedado el viernes por la tarde así que estaba casi seguro que no sería liberado hasta el domingo por la noche o el lunes por la mañana. La habitación era grande, a la derecha estaba la cruz donde había estado el sumiso y a la izquierda la mesa auxiliar. Las paredes eran de cemento visto y había unas tuberías que supongo servirían para ventilar en sustitución de las ventanas. Mi celda estaba en el centro de la pared más opuesta a la puerta. Tal vez había otras celdas a mi izquierda y a la derecha pero no podía comprobarlo. Las paredes y las rejas de mi confinamiento llegaban hasta el techo, no muy alto, y unas mortecinas bombillas eran la única iluminación que daba al lugar un aire mortecino.
Poco a poco comencé a tener más conciencia de mi cuerpo, de lo dolorido que estaba por la última sesión que había tenido con mi Amo. Una vez situado en el lugar todo en mi interior comenzó a hacerse realidad. El dolor me llevó al recuerdo que me llevó a un dolor más intenso, el sentido en aquel momento. Mi polla volvió a endurecerse….otra vez.
Lo que más me extrañó fue que no sentía ningún miedo. Allí estaba, esposado en una celda, en un sótano de una casa que estaba en un lugar que desconocía. Y confiaba. Sabía que iba a sufrir, que antes de que saliera de allí iban a pasarme muchas cosas, algunas muy intensas. Sabía que aquella experiencia iba a transformarme definitivamente pero estaba dispuesto a recorrer ese camino. Por si quedaba alguna duda sabía que saldría de aquel sótano siendo un auténtico esclavo de mi Amo, estaba dispuesto a entregarle su volutnad, haría todo lo que El quisiese, le serviría y viviría para El. Estaba convencido: todo lo demás sería secundario.
Estaba metido en estas reflexiones cuando la puerta se abrió de pronto. Entraron tres esclavos. Todos llevaban collar, muñequeras y tobilleras y estaban desnudos pero dos de ellos llevaban en volandas al tercero que reconocí inmediatamente como el esclavo que había unos minutos había salido como un perro tras su Amo. Estaba inconsciente o al menos su cara caía como si lo estuviese. Las manos las llevaba atadas a la espalda. Se encaminaron hacia la derecha de donde estaba. Oí el ruido de una puerta de barrotes abrirse y de reojo, ví como lo echaban dentro. Entonces fueron hacia donde yo estaba y abrieron la puerta con una llave que llevaban. Yo esperaba que viniera mi Amo a buscarme así que me asusté y retrocedí arrastrándome por el suelo. Ellos rápidamente me sujetaron los brazos y me levantaron, sacándome de la celda. Antes de salir de la habitación pude mirar hacia atrás y ver cinco celdas, todas con inquilinos salvo la mia que ahora permanecía con la puerta abierta.

En la moto de mi Amo VI

La conciencia volvió lentamente. Tarde algunosnsegundos en darme cuenta que estaba tirado en el frio suelo de cemento, con las manos esposadas por delante, sujetas a mi collar. Primero fueron las sensaciones, luego el ruido, que se fue haciendo cada vez más claro: un chasquido, seguido de un gemido; otro chasquido, otro gemido. Poco a poco el gemido se fue convirtiendo en lo que era, un grito sofocado. Otro chasquido, otro grito. Lo siguiente fue comenzar a ver la luz. Abrí los ojos poco a poco, y lo primero que vi fueron los barrotes. Estaba en una celda de apenas dos metros por dos metros, de paredes de cemento con una puerta de barrotes de hierro. El ruido seguí rítmicamente. Sentía todos los músculos entumecidos, casi no podía moverme. Lo intenté y tardaron el reaccionar. Al final pude hacerme con mi cuerpo y me arrastré ligeramente hasta poder asomarme por los barrotes. Inmediatamente ví de donde procedían los chasquidos y los gritos sofocados. Un esclavo completamente desnudo estaba atado de pies y manos a una cruz. Llevaba una capucha de cuero puesta, por lo que supuse que también estaría amordazado, era la única explicación porque si no hubiese sido así sus gritos se habrían oido fuera de esas paredes de hormigón. El Amo levaba unos chaps de cuero y botas, muñequeras y gorra de plato. Con una elegancia extrema movía el látigo de una punta hacia atrás con un movimiento de todo el brazo. Luego, con un rápido círculo y un giro de muñeca aún más rápido lo dejaba caer sobre el esclavo. Indefectiblemente el látigo iba acompañado el gemido del sumiso y la contracción de prácticamente todo su cuerpo. El apenas se movía, estaba tan fuertemente sujeto a la cruz que lo único que podía hacer era tensar los músculos, lo cual daba a la escena un tinte aún más morboso. Incluso la cabeza parecía sujeta a la cruz ya que solo se movía ligeramente, cuando a juzgar por la fuerza de los latigazos, debería agitarse convulsivamente.
Intenté ponerme en el lugar del esclavo, su sensación de impotencia, de indefensión, tal vez la culpa por haber hecho algo que mereciese tal castigo, o la entrega por hacer eso sólo por deseo del Amo. No pude evitar tener una erección.
La cadencia era estremadamente rítmica, pero en algunos instantes, cuando el esclavo esperaba el siguiente latigazo y sus músculos se tensaban, éste no se producía. El Amo esperaba unos pocos segundos y cuando el esclavo se relajaba ligeramente comenzando a preguntarse qué pasaba recibía una respuesta en forma de latigazo. Otras veces dos latigazos se sucedía de forma inesperadamente rápida, rompiendo el ritmo y sorprendiendo nuevamente al sumiso. Aquello me pareció extremadamente cruel.
Era innegable que el Amo era un experto en infligir aquel tipo de castigo. Manejaba el látigo con una gran maestría. En un momento dado paró. Se dio la vuelta y se dirigió a una mesa donde dejó el látigo. Pude verlo con claridad. Tenía un cuerpo perfecto: abdominales, pectorales, biceps, todo en su justa proporción. Me llamó mucho la atención su mandíbula cuadrada que encajaba perfectamente en el resto de su cara. Tenía perilla y, cuando llegó a la mesa se paró y me miró. Pude ver unos profundos ojos negros que me taladraron. Su expresión no cambió. Cogió un trapo y se acercó al sumiso. Comenzó a limpiarle las heridas cuidadosamente. Estuvo un rato haciendo eso hasta que recorrió toda la espalda. Luego le desató los tobillos y le quitó el gancho que, tal y como había pensado, sujetaba el collar del esclavo a la cruz y, finalmente, sujetándolo le desató las manos. El esclavo apenas podía mantenerse pero aguantó. El Amo le dio la vuelta . Pude ver que la capucha de cuero le cubría completamente la cabeza y solo tenía unos orificios pequeños para ver los ojos. El Amo se la quitó desabrochando la cremallera y los cordones que la cerraban tras la cabeza. Al quitarla apareció un tio rapado, con unos brillantes ojos azules. Tenía una mordaza que daba la vuelta a la cabeza. El sudor le caía por todas partes, los ojos los tenía hinchados y sin duda había llorado. El Amo le quitó la mordaza. De la boca del esclavo salió una polla de goma enorme. Debió haberle producido arcadas y desde luego llenar por completo la boca. Acto seguido el Amo sujetó la barbilla del esclavo hasta que sus ojos se encontraron. Las piernas del sumiso estaban temblando. Y entonces lo besó. Fue un beso cariñoso pero autoritario, donde el Amo llevaba la iniciativa y el esclavo se dejaba hacer. Se prolongó mucho tiempo y la lengua parecía recorrer, tomar posesión de todas las partes del esclavo. Aquello me estaba poniendo a cien.
Cuando terminó el beso, el Amo retiró la mano y el esclavo cayó a sus pies, extenuado, la cabeza gacha. Podía ver las marcas de su espalda. Debian dolerle mucho. Aún así se acercó a su Amo y besó sus botas, con calma, las dos. Luego se agarró a las piernas del Amo y se quedó allí. El Amo miraba al frente, parecía disfrutar ese momento. Sentí envidia, estaba convencido de que el esclavo estaba feliz, se sentía protegido, había llegado a un lugar seguro.

En la moto de mi Amo V

Por supuesto obedecí inmediatamente. Me costó poco darme cuenta de que acabaría vestido completamente de cuero: un arnés, chaps, un suspensor y botas. Todo me quedaba perfectamente ajustado y debajo mi torso y mi culo al aire. La verdad es que se me sentí como desnudo. En cuanto terminé me acerqué a mi Amo y me arrodillé ante El, con la cabeza gacha, mirando sus botas, como me había enseñado. El me sujetó la barbilla y me levantó lentamente la cabeza hasta que nuestros ojos se encontraron. Antes de que pudiera darme cuenta me dio una hostia con la mano que me hizo girar la cara. Sentí en la mejilla el calor y en mi interior la humillación por haber sido castigado sin haber hecho nada.-Te recuerdo quién manda aquí, que sepas a quien perteneces.
-Si Amo, gracias Amo –contesté yo. Y lo curioso fue que no lo hice únicamente por formalismo o respeto, realmente lo agradecía. Aquella sensación me extrañó ¿Tanto me estaba dominando que ya no podía sino sentirme agradecido por sus humillaciones?
-¡Levanta!- dijo. Obedecí.
Acto seguido me puso una chaqueta que cerró hasta arriba. Luego una mordaza y encima el casco con visera. Volví a estar a ciegas. Ató una cadena al collar y tirando por ella me llevó hasta la modo. A tientas subí atrás. Noté el frío sillín en mis nalgas. Rápidamente me esposó a la máquina. Se subió y partimos. No sabía si era de día o de noche y a la tercera curva perdí el sentido de la orientación. Tardamos un rato, tampoco sé cuanto, en llegar a nuestro destino. Cuando la moto se paró fui desatado y pude bajarme. Mi Amo me quitó el casco y la mordaza. Pude ver que estábamos en una finca, con una casa bastante grande. Era de noche. Seguía con la cadena atada al collar. Las luces del jardín próximo a la casa brillaban sobre el cuero de ambos.
-Hemos venido aquí a cenar con unos amigos. Quiero que hagas que me sienta orgulloso de ti. No me defraudes o te arrepentirás.
Inmediatamente sentí una mezcla de orgullo y temor. Nunca nadie me había visto en mi rol de esclavo y además era plenamente consciente de que aquello era una especie de examen. Si no lo pasaba, además de sufrir un castigo terrible, perdería el favor de mi Amo, Casi adivinando mis pensamientos y sentimientos dijo:
-Recuerda que eres especial, eres mío y obedecerás todo lo que diga sin rechistar y rápidamente. Eres mi esclavo y eso te convierte en el mejor de los hombres. ¿Entiendes?
-Si, Amo.
Entonces se dio la vuelta y comenzó a andar hacia la casa. Con la mano derecha sujetaba la correa a la que yo iba sujeto. Puse las manos a la espalda y agaché la cabeza, tal y como me había enseñado en otras ocasiones, y caminé a su espalda, ligeramente a la izquierda, haciendo que la cadena no quedara muy tensa.
Tocó el timbre y un tío completamente desnudo abrió la puerta. El calor del interior llegó hasta mi. No me había dado cuenta del frío que hacía hasta ese momento. El tío que abrió la puerta llevaba un collar puesto y sendas muñequeras y tobilleras. Inclinó la cabeza y habló:
-Buenas noches Señor, le estábamos esperando.
Entramos en la casa, mi Amo se volvió y me quitó la chaqueta que entregó al esclavo. La cogió y volvió a hacer una reverencia, llevándose la prenda a algún sitio de la casa. Esta era bastante lujosa y moderna, el suelo de madera brillaba muchísimo. Algunas paredes dejaban ver la piedra de la que estaban hecha creando una perfecta combinación entre tradición y antigüedad.
Mi Amo comenzó a andar y le seguí. Entramos en lo que era el salón y vi inmediatamente a cuatro hombres más, vestidos todos de cuero de distintas formas, a cada cual más masculino y atractivo. Mi Amo soltó la cadena y avanzó hacia ellos saludándolos, parecía muy contento. Tal y como he había adiestrado me arrodillé, crucé las manos a la espalda y bajé la cabeza mirando al suelo. Oía las animadas voces de los cinco pero no me atreví a mirar. También oía el crujido del cuero al abrazarse y sentarse en los sillones yo esperaba. La conversación al principio fue intranscendente sobre como iba la vida. Entonces oí el chasquido, mi Amo me llamaba, inmediatamente levanté la vista, lo localicé y a cuatro patas me dirigí hacia Él. Sentí cómo todos me miraban. Cuando llegué a sus pies, besé sus botas y me quedé a su lado sentado sobre mis talones y la cabeza agachada.
-¿Es este tu nuevo esclavo?-preguntó uno de ellos.
-Si-contestó mi Amo
-¿Dónde lo encontraste?-preguntó otro.
-El muy cerdo puso un anuncia en internet. Me ha servido bien cuando lo he usado pero todavía está en período de entrenamiento.
-Parece buena mercancía –dijo el que no había hablado todavía.
-Ya veremos, ya veremos…..- dijo mi Amo con una sonrisa.
-¿Comenzamos entonces? – dijo el primero.
Todos se levantaron a la vez. El olor a cuero era muy intenso. Mi Amo tiró de la cadena y me levantó. Todos abandonaron la sala y mi Amo y yo salimos los últimos. Fue la primera vez que tuve oportunidad de verlos bien. Todos vestían de negro. Tres llevaban botas y pantalones de cuero. El cuarto vestía unos chaps sobre unos pantalones de vaqueros muy gastados. Dos de ellos llevaban además camisas de cuero, uno de ellos tipo policía. El tercero vestía camiseta negra con chaleco de cuero y el cuarto una camiseta muy ajustada de látex. Los cuatro, al igual que mi Amo, tenían unos cuerpos perfectamente perfilados y toda la ropa parecía luchar por ajustarse a sus cuerpos como una segunda piel. No pude evitar un pequeño estremecimiento. Dos llevaban bigote, uno barba y el otro, perfectamente afeitado mostraba orgulloso una mandíbula completamente cuadrada y perfilada.
Iban dejando por el camino un aroma muy intenso a cuero. Volvimos a la entrada y luego bajamos por una escalera que estaba al final del pasillo. Entramos al sótano de la casa, una sala grande y diáfana. Inmediatamente me di cuenta de que era una mazmorra. Había muchas puertas que se abrían en diferentes direcciones de esa gran habitación. Si el sótano ocupada toda la extensión de la casa, debía ser enorme. Las paredes eran de cemento y estaba tenuemente iluminado. En el centro había una mesa de madera y cinco sillas. La mesa estaba puesta. Aquello era una cena. Detrás de cada silla había un tío desnudo, con collar, muñequera y tobilleras, como el que nos había abierto la puerta. Todos llevaban capucha así que no pude saber si uno de ellos era el que nos había recibido.
En cada una de las esquinas había un esclavo distinto en diferentes situaciones. En una había uno momificado, estaba completamente cubierto de cinta aislante. No se veía nada de su cuerpo. Unos pequeños tubos donde supuse estaba la nariz le permitía respirar. Justo en la esquina de enfrente estaba otro completamente afeitado. No tenía un solo pelo en el cuerpo, le habían afeitado desde la cabeza a los pies incluidas las cejas. Estaba colgado de las manos y sus pies de puntillas apenas tocaban el suelo. Enormes gotas de sudor caían por su cuerpo pero no podía decir nada porque tenía una ancha mordaza alrededor de su boca. El tercero estaba como sentado, con las piernas ligeramente flexionadas. También tenía una capucha, esta ver de cuero puesta. Me fijé y comprendí lo que pasaba. Tenía las manos atadas a la espalda y un palo que entraba por su culo: estaba empalado con un consolador y apenas podía moverse. En la última esquina estaba el último esclavo. Estaba también completamente inmovilizado en una cruz de madera, completamente empalmado. Tenía unos pequeños aros en la polla y unos cables que le entraban por el culo. Cada pocos segundos su cuerpo se estremecía sin control y abría y cerraba las manos como intentando liberarse. Supe que estaba también amordazado bajo la capucha porque solo se oía un ligero sonido cuando debió emitir un fuerte grito. Inmediatamente comprendí que aquellos eran esclavos de los 4 leathermen amigos de mi Amo. Los otros cinco debían ser antiguos esclavos ya perfectamente adiestrados. Tanta concentración de sadismo y control me endureció la polla inmediatamente.
Los cinco Amos parecían no prestar atención a los esclavos y a su sufrimiento, salvo tal vez mi Amo que dijo confirmando mis sospechas:
-Veo que han comenzado sin mi.
-Un poco de decoración nada más – dijo riendo uno de ellos.
Los cinco se sentaron a la mesa atendidos por los esclavos que comenzaron a traer los platos. Yo me senté sobre los tobillos junto a mi Amo tal y como me ordenó. La comida transcurrió entre risas y comentarios de los Amos. De vez en cuando mi Amo dejaba caer algo a sus pies y lo señalaba con el dedo sin mirarme. Yo iba raudo y lo devoraba sin tocarlo con las manos. Cada vez que esto pasaba notaba como ejercía su poder sobre mi. Ya estaban en el postre cuando mi Amo se movió en su asiento dejando su bota derecha delante de mi. No sabía qué hacer y entonces, sin dejar la conversación ni mirar hacia mi, la señaló con el dedo. Inmediatamente comencé a lamerla, intensamente, casi con desesperación. Sabía que los dos esclavos de mi lado podían verme no perdiendo detalle y que los demás Amos se estaban dando cuenta de todo.
Cuando la cena terminó cada Amo desapareció por una de las puertas con su esclavo. Mi Amo sujetó la correa y me llevó por una de las puertas hasta un calabozo. Estaba perfectamente amueblado: celdas, cruces, ganchos, cadenas. Sobresalía en el centro de la mazmorra un sling que colgaba del techo.
-¡Vamos, perro¡, gritó mi Amo.
Con una enorme habilidad me subió al sling y me sujetó las muñecas y los tobillos con gruesas correas de cuero. De un armario cercano sacó una mordaza con forma de polla de plástico que me metió en la boca. Sentí algunas arcadas por lo profundo que llegó a la garganta. Mi corazón latía fuertemente y mi polla parecía que iba a estallar. Mi culo estaba completamente expuesto.
-Hoy voy a romperte, vas a ser mío, perro. Te entregarás completamente. Saldrás de aquí siendo otro ¿es lo que quieres?
Dijo estas palabras muy lentamente, mirándome fijamente a los ojos, profundamente. Sentí como si cada palabra me perforara, como si me atravesara. No pude hacer otra cosa. Asentí con la cabeza. Y entonces comenzó mi tormento… o mi liberación.
Me vendó los ojos y sentí cómo introducía algo en mi culo. Era frío e iba abriéndose paso lentamente. Al final noté como se estrechaba: era un butt plug y aparentemente de metal. Acto seguido noté las pinzas en los pezones. Yo respiraba profundamente. Estaba excitado pero también un poco asustado.
Entonces comenzó todo. La primera descarga atravesó mi cuerpo arrancándome un grito profundo que murió antes de salir. Si no hubiera estado perfectamente atado las convulsiones me hubieran tirado al suelo. “Dios Mío” –pensé- “no voy a poder soportarlo”. Luego vino otra descarga y el mismo efecto. En pocos minutos perdía la cuenta, estaba demasiado concentrado soportando el dolor. Y en los intermedios temblaba pensando en la siguiente descarga. En poco tiempo las lágrimas se mezclaron con mi sudor. Poco después comenzó a suplicar. “Por favor Amo, por favor”. Al menos eso era lo que quería decir pero cualquier persona solo oiría gemidos que podían ser tanto de placer como de dolor.
Perdí la noción del tiempo, ¿cuánto tiempo llevaba aquello ocurriendo? En un momento perdí el control sobre mi cuerpo. Ya no tenía sentido intentar liberarse. Yo seguía llorando y suplicando. ¿Cómo podía hacerme esto? ¿Quería matarme acaso? ¿Era aquello un castigo? ¿Habría hecho algo mal? Era imposible reflexionar, la descarga eliminaba cualquier pensamiento haciendo que sólo existiera una cosa: el dolor.
De pronto, mientras esperaba la siguiente descarga noté una mano por mi pelo, la venda desapareció y pude ver a mi Amo. Me miraba serio, profundamente. Imagino lo que veía. Mis ojos completamente abiertos, sudando, llorando, los mismos ojos que le suplicaban que aquello parase.
-¿Estás listo?-preguntó El. Yo asentí, estaba dispuesto a cualquier cosa.
-Quiero que vayas más lejos, más abajo, quiero que te entregues completamente.
Yo me agité ¿Qué quería? ¿Qué puedo hacer?. Quise preguntarle pero no pude. Y entonces otra descarga y un nuevo grito ahogado. Seguía con los ojos destapados pero no veía nada, sólo volví a existir el dolor. Las descargas se sucedieron una tras otra. De pronto la descarga que esperaba no se produjo. Puede volver a regular mi respiración. El cuerpo entero me ardía. Por mi cara corrían las lágrimas y el sudor. Al fin pude centrar la vista. Puede ver a mi Amo de pie, cerca del sling, alto , mirándome. Chasqueó los dedos y se acercaron dos esclavos que me quitaron las correas y el butt plug que tenía en el culo. Sin las sujeciones me caí del sling. No controlaba mis músculos y no podía dejar de llorar, aunque no quería, solo caían lágrimas sin parar por mis mejillas.
Cuando pude levantar la vista vi a mi Amo sentado en un sillón sobre un pequeño estrado. No sé como pero supe lo que quería que hiciera. Comencé a arrastrarme hacia él, casi no podía moverme, iba muy lentamente dejando el suelo manchado con mi sudor. Prácticamente arrastraba la cara por el suelo. Me sentía el ser más humillado del mundo y sabía que eso era lo que quería mi Amo. No sé cuanto tardé pero llegué. No levanté la vista. Sólo miraba sus botas, las besé y me dejé caer a sus pies. Entonces creo que perdí el sentido.

En la moto de mi Amo IV

Inmediatamente caí en un sueño profundo del que sólo salí cuando sentí la bota de mi Amo. No sé cuánto tiempo pasó. Podría haber sido una hora o varios días. No había ventanas así que no sabía si era de día o de noche. Cuando abrí los ojos pude ver a mi Amo de nuevo. Esta vez llevaba puestos unos pantalones de cuero, una camiseta negra muy ajustada, su chaqueta también de cuero y las botas.
-¡Levanta y vístete! –ordenó con esa voz que no dejaba lugar a ningún cuestionamiento y señalando mis ropas que estaban a su lado.
Me llevó a una habitación al lado de la mazmorra. Supuse que el sótano de la casa debía ser muy grande y pude imaginar lo que había en los pisos superiores. Mi Amo debía ser una persona muy rica. Nada más entrar quedé sobrecogido. Estábamos en una especia de habitación ropero lleno de botas y pendras de cuero y latex de todo tipo. Al lado de la puerta había un grupo de paños y de productos en botes. Mi Amo señaló hacia ellos y dijo:
-¡Limpia!
Lo miré sorprendido ¿Esperaba que limpiara todo aquello? El no esperó respuesta. Salió y cerró la puerta. Inmediatamente supe que si no obedecía me esperaba un tremendo castigo. Tardé unos minutos en descubrir para qué servía cada cosa y varias horas en limpiar las prendas. Comencé con las botas. Había varias decedas de todo tipo: negras y marrones, vaqueras, con hebillas, de motero algunas militares. El tiempo pasaba y yo seguía limpiando. La habitación no tenía ninguna ventilación y pronto comencé a sudar. Sabía que debía dejarlas muy brillantes y me esmeré. Era difícil limpiar todo aquello con las manos esposadas y la cadena que me llegaba al cuello impedía muchos movimientos así que tardaba más de lo esperado. Cuando pensé que estaban suficientemente limpias las volví a repasar.
Luego me centré en la ropa. Era toda de cuero aunque también había prendas de latex. La variedad era enorme: pantalones, chaquetas, chaps, camisas, calzoncillos, slips, guantes. Había varios trajes completos de latex. Estuve muchísimo tiempo limpiando las prendas. Cada uno quedaba brillantes. El olor era cada vez más intenso. Las gotas de sudor eran cada vez mayores. El tiempo pasaba y yo seguía trabajando. Al final todas las prendas quedaron brillantes. Ahora no sabía qué hacer así que me puse al lado de la puerta de rodillas a esperar. Sentado sobre los talones, con la cabeza agachada. El tiempo pasó pero mi Amo tendría que tenerlo todo calculado porque a los pocos minutos apareció en la puerta. Pareció agradarle mi postura. Yo sólo veía sus botas que sobresalían de los pantalones. Caminó alrededor mio mirando las botas y las prendas. Parecía detenerse de vez en cuando, revisando.
Empecé a sentirme orgulloso de mi trabajo bien heco, de lo bien que había limpiado todo. Entonces, sin esperarlo, me llegó el golpe por detrás. Lo dio con la mano abierta pero tan fuerte y tan inesperado que me tiró al suelo. Inmediatamente puso su bota sobre mi cara.
-¿Quién coño te crees que eres? Perro ¿crees que lo has hecho bien? ¡¿qué esto está limpio?!-Yo estaba completamente desconcertado.
-Vuelve a limpiar -dijo secamente mientras salía y cerraba la puerta.
Aún sentía la presión de su bota en mi mejilla. Me sentía emocionalmente hundido, pero sin embargo no estaba triste ni deseaba estar en otro sitio. Me sentía en mi lugar y no podía sino comenzar de nuevo. El tiempo siguió pasando y continué lipiando hasta que pensé que estaba todo limpio. Entonces me detuve unos minutos y volví a pasar un paño por todo hasta que quedase aún, más brillantes. Luego volví a ponerme en la postura de sumisión de antes. A los pocos minutos volvía a ponerme aparecer en la puerta. Aquello no era casual, supuse que tenía algún sistema de vigilancia en la habitación, puede que incluso en la casa.
Como la otra vez solo vía sus botas, hice un esfuerzo por mantenerme humilde y sumiso, aunque no me costó mucho porque tenía miedo de que no le gustase mi trabajo y tuviera que volver a repetirlo. Dio una vulte alrededor mio, con calma, lentamente, tomándose su tiempo. Supuse que estaba inspeccionando las botas y las prendas. Incliné un poco más la cabeza, de forma imperceptible pero en mi interior fue algo muy profundo. Aquello me estaba superando. No podía entender cómo un tio podía estar haciéndome sentir así. Entonces noté su mano sobre mi cabeza, me estaba acariciando. O al menos dándome palmaditas,como un perro. Me sentí el ser más feliz de la tierra, orgulloso de haber hecho un buen trabajo.
Enganchó una cadena al collar que llevaba puesto y me llevó de vuelta a la mazmorra. Al llegar me puso a cuatro patas. Entonces oí una cremalleta y en unos segundos sentí un líquido caliente cayendo sobre mi. “Dios mio, está orinando sobre mi”: Mi primer impulso fue levantarme pero, como siempre, adelantándose a los acontecimientos dijo de una forma suave y tranquila, pero sin lugar a dudas:
-Quieto ahí perro, quiero limpiarte de tu vida anterior.
Aquello me puso cachondo inmediatamente. El líquido iba mojándome poco a poco. Parecía no tener fin. Me recorrió todo el cuerpo llegando a la cabeza, era caliente y en unos instantes comencé a oler de una forma intensa. Sentí que me abandonaba, que dejaba de ser dueño de mi mismo. Cuando terminó estaba en medio de un charco de orina, completamente mojado.
Entonces me desabrochó las esposas y cogió una cuerda, me tumbó boca abajo y me ató las manos y los pies muy juntos. Tenía la espalda arqueada. Puso un trozo de cinta aislante en mi boca y salió. Estaba sobre un charco de orina, las gotas corrían por mi cuerpo y me picaban un poco los ojos. Me sentí limpio. Me sentí nuevo. Aún así pronto comencé a tener frio.”

Un reencuentro, una sesión

Al final, y tras equivocarse de hotel y esperarme en el Nivaria pasó por delante del Agueres y subí a su coche. Me llevó al café Melita. Vestía pantalón vaquero, camisa amarilla y unas brillantes botas negras en las que reparé inmediatamente. Pensé que la cosa iba a ser más dura pero fue una conversación extremadamente agradable donde se mostró cercano, atento, incluso cariñoso en algunos momentos. Hablamos sinceramente y pusimos las cosas claras. Me sorprendió lo fácilmente que volvió a tomar posesión de lo que le correspondía: yo. Fue algo que hizo sutil pero definitivamente. Realmente es muy bueno en esto y mi rebeldía posiblemente se debía a eso, a que temía que realmente me convirtiera en su esclavo. Cuando salimos del café hizo mención a sus botas y me dijo que estaba seguro de que si me ordenaba me tiraría al suelo a lamérselas. Volvimos a La Laguna y aparcó. Ya era de noche y dimos por hecho que subiría mi habitación. Yo estaba algo inseguro de que fuera una buena idea. Abrió el maletero y sacó una enorme mochila que me entregó. Pesaba mucho. Llegamos a la habitación y me hizo quitarme la camisa. Luego me puso un collar y me hizo lamer sus botas. Aunque hubiese querido resistirme, sabía que no podía. Se las lamí lo mejor que pude. Pareció satisfecho.
Luego me llevó hasta el baño a cuatro patas y metió mi cabeza encima del plato ducha y la orinó toda. Yo notaba su pis caer por mi pelo y cara. Luego me obligó a comerle la polla. Aún había gotas y su sabor era muy fuerte así que las escupí. El preguntó y cuando le comenté pareció entenderlo. Abrió el agua y me lavó la cara y me enjuagó la boca. Luego me secó, como un perro. Pensé que era un gesto muy tierno. Luego me llevó a la habitación y me metió en el ropero. Era empotrado y estaba vacío. Cerró la puerta y oí como se cambiaba. A los pocos minutos oí que me decía que me desnudare. Así lo hice como pude, sólo me dejé las botas tal y como él me ordenó. Al salir esta estaba completamente transformado: seguía con sus botas, pero llevaba unos pantalones de cuero nuevos, camisa de manga corta de hilo negra, muñequera y guantes. Incluso tenía un pañuelo negro en el bolsillo trasero izquierdo de su pantalón. Este era nuevo, de cuero mucho más duro que el otro que le había visto. Volví a lamerle las botas y luego disfrutó viendo como lo miraba. Era una mirada de sometimiento, de sumisión, de admiración. Además de las botas me hizo lamerle el pantalón por todas partes, pero especialmente por la entrepierna. Luego sacó la capucha. Me dijo que la había comprado en su último viaje para mi, pensando en mi. Aquello me flipó un poco más. Era de cuero muy duro y rugoso. Tenía un orificio para la boca pero los ojos estaban tapados. Tenía las marcas por si querías abrirlos y además una especia de enganches para, una vez abiertos, poderlos cerrar. Por supuesto me la puso y la ajustó con correas por detrás. Noté como me apretaba y me encantó quedar con los ojos tapados, rodeado de cuero. Es mejor cuero que la mía sin duda. Luego jugó conmigo. Me esposó y llegó el momento de penetrarme. Lo hizo y comenzó a follarme. Al principio me dolió un poco pero luego me gustó. Me subió a la cama y me puso con la cabeza apoyada en el colchón, con el culo levantado y las manos esposadas a la espalda. Así me folló, como un auténtico perro. Me estuvo follando un rato cambiándome de postura. Tenía el culo muy escocido. Entonces paró y me quitó la capucha que estaba empapada en sudor. Me ordenó vestirme. Cuando terminé le pedí permiso para ir al baño y me lo permitió. Tenía la vejiga a reventar pero creo que fue más por la follada que por otra cosa. Cuando me estaba poniendo las botas se me acercó y me dijo que le gustaba verme así, de leñador (tenía una camisa de cuadros, pantalón vaquero y botas). Recogimos todo y bajamos. Era sobre las once y media y yo pensé que todo había terminado. Fuimos al coche, abrió el maletero y puse allí la mochila. Luego me ordenó que subiera. No sabía a donde íbamos. Fuimos por unas carreteras cercanas a La Laguna pero fuera del casco. Eran rectas pero casi sin luz. De pronto comenzamos a subir una montaña. No había ni una luz. Todo estaba oscuro. Sin duda aquello era el picadero de la zona, lo que pasa es que era miércoles y estaba prácticamente vacío, salvo algún coche despistado. Al final se metió por un camino y paró en medio de lo que parecía un bosque: ni una luz, salvo la luna llena, ni una casa. No se veía ninguna señal de vida. Bajamos y yo estaba asustado. El viento movía los árboles y se oían sonidos de animales. Era el sitio perfecto para hacer una putada…. de cualquier tipo. Entonces sacó la capucha y me la puso y así me quedé, sin ver nada en medio de un entorno que me parecía completamente hostil. El hacía algo pero no sabía qué. Entonces me cogió por las manos. Inmediatamente me di cuenta de que tenía puestos los guantes. Nos internamos más en aquel “bosque”. Yo solo podía seguirle confiando en que no tropezara o no se le ocurriera dejarme allí. Al final llegamos a un sitio y me quitó la capucha. Efectivamente nos habíamos internado más en aquel lugar. Ya no veía el coche. Entonces volvimos a empezar. Me esposó a un árbol y me folló; me soltó y me folló; me puso la capucha y me folló; me la quitó y me folló. En un momento dado hizo un amago o simulacro de dejarme allí esposado y con la capucha puesta no me asustó tanto como debería haberlo hecho. Luego, al rato, entramos en una fase distinta. Comenzamos a besarnos mucho. El se había puesto otra vez el uniforme completo y yo le tocaba el pantalón y le lamía los guantes. Se los quitó y me los puso en la boca a forma de mordaza. Eso le encantó. Por supuesto me puse a cien y estaba metido en el papel. Había perdido la noción del tiempo pero en un momento en que me estaba besando profundamente, se corrió. Luego me ordenó que yo también me corriera. Sin embargo estaba tan nervioso por el lugar que le dije que no iba a poder. A pesar de todo estuvo allí hablando y diciéndome cosas para que me calentara y me corriera. Al final lo hice por fin. Recogimos todo y fuimos al coche. El se cambió y regresamos a La Laguna no sin antes subir a la cima de la montaña y ver una perspectiva de la Vega de noche. Era increíble.
Es curioso pero siento que lo conozco desde siempre. Cuando me estaba usando sabía que no me podía resistir. De tener un Amo será él sin duda. Y parece que él siente lo mismo. Además es que me gusta físicamente. Me soltó dos o tres indirectas con ir a Alemania a una fiesta en un barco habilitado como discoteca, una fiesta leather. Si pudiera ir fliparía sin duda.
Me dejó en el hotel poco después. Subí la habitación y me acosté cruzado por un montón de sentimientos encontrados. Dormí profundamente.

En la moto de mi Amo III

Llegar a casa al fin fue una bendición. Las muñecas me apretaban y el consolador que tenía en el culo me había estado produciendo dolor durante todo el camino. Para volver mi Amo recorrió toda la ciudad y pasamos por un camino en obras donde cada bache constituía un auténtico sufrimiento. Más de una vez intenté gritar suplicando que no quería seguir, que me dejara libre, pero no podía. Al final habíamos llegado. Con el mando a distancia abrió el garaje y entramos en el chalet. Mi Amo vivía en una casa apartada, demasiado grande para una persona sola pero no sabía lo que había dentro, solo me había permitido ver el garaje y la mazmorra, completamente equipada, donde habíamos tenido algunas sesiones.
Era viernes por la noche y tras estar la tarde en Su despacho supuse que pasaríamos la noche en su casa. Yo había recibido órdenes de que arreglara todo para estar con mi Amo todo el fin de semana y, por como iban las cosas, iba a ser un entrenamiento muy intenso.
Cuando el motor de la moto paró, mi Amo se bajó y oí como se alejaba dejándome atado a la moto. El ruido de sus pies hizo que vinieran a la mente sus botas y no pude evitar empalmarme.
Quería salir de allí, quitarme el consolador del culo y poder descansar un poco, pero el tiempo pasaba y yo seguía alli. De pronto oí de nuevo sus botas. Sin mediar palabra se acercó, abrió las esposas, me bajó de la moto y me quitó el casco. Entonces pude verle. Se había cambiado de ropa: llevaba unos chaps y un chaleco de cuero que dejaba ver sus pechos perfectamente trabajados y su abdomen completamente liso. Por supuesto también tenía sus botas y una gorra de motorista. Estaba realmente impresionante.
-Desnúdate.- dijo
Aquello significaba que tenía que quitarme toda la ropa menos mis botas, cosa que hice inmediatamente. Una orden tan simple se convirtió para mi en toda una tarea porque el consolador hacía casi imposible que moviera mi cuerpo. Al final quedé desnudo delante de El, con la mirada fija en sus botas como me había enseñado, y una polla de goma en la boca y otra en el culo. Aquello era humillante y por eso mi polla comenzó a responder poniéndose dura.
Caminó a mi alrededor como observando mientras yo mantenía la mirada fija en el suelo. Cuando estuvo detrás mia me agarró por la cabeza e hizo que me inclinara. Entonces, sin dudarlo, me quitó el consolador del culo. Una oleada de dolor recorrió mi cuerpo y grité, pero nuevamente la mordaza sólo dejaba escapar gruñidos.
Inmediatamente me volvió a esposar las manos a la espalda, sujetó el collar que tenía al cuello con una cadena y me tapó los ojos con una venda. No podía ver nada y aquello me producía inseguridad porque no sabía donde estaba ni lo próximo que vendría, y eso me asustaba. Mi Amo lo sabía y se aprovechaba de eso. Exigía de mi una confianza absoluta. Guiado por El salimos del garaje. Yo sabía que en frente del garaje estaba la puerta de la mazmorra, pero no entramos. Subimos una escalera, cruzamos una habitación bastante grande y luego un pasillo, lo sé porque en un momento dado choqué contra las paredes. Bajamos otra escalera y se abrió una puerta, entramos y me llevó tirando de la cadena hacia un extremo, me quitó las esposas y me colocó en las muñecas y los tobillos unas muñequeras de cuero muy anchas, que acto seguido enganchó a una estructura quedando mis músculos completamente inmovilizado en forma de cruz, con los brazos por encima de mi cabeza y lo pies muy separados.
Estaba expectante, no sabía lo que tenía pensado para mí, pero pronto lo descubrí. El primer latigazo fue una sorpresa, los siguientes fueron cada vez aumentando el dolor. Pronto comencé a gritar, pero nuevamente la polla de goma que llenaba mi boca me impedía articular palabra.

-¡Calla, perro, no quiero oirte sino gemidos de placer!- ordenó El.
Y entonces empecé a gemir, dejando que las sensaciones me inundaran. La disciplina era muy intensa y en un momento intenté liberarme. Me agité y tensé aún más los músculos. Aquello debió gustarle porque se detuvo. Yo respiraba profundamente. Oí como se acercaba a mi por delante y me levantaba la barbilla.
-Me gusta como gimes, perro- dijo casi en un susurro.
Entonces me quitó la venda y pude verme, mi cuerpo extendido, indefenso y sujeto por cuatro cadenas unidas a las muñequeras y las tobilleras que me había puesto. Toda la pared era un enorme espejo y la habitación un enorme gimnasio donde no faltaba ningún aparato. Aquí y allá se veían estructuras metálicas para distintos ejercicios. Yo estaba sujeto a una y podía ver mi cuerpo todo sudoroso, y a mi Amo con el látigo de varias puntas en la mano.
-¿Te gusta?- preguntó.Yo asentí con la cabeza
-¿Quieres más?- Volví a asentir.
Se colocó detrás mia y ví como me azotaba. Podía ver a través del espejo cómo sus biceps se marcaban en cada movimiento que terminaba en un nuevo latigazo. Como impulsado por una fuerza cada vez que el látigo rozaba mi espalda mi cuerpo entero se sacudía y parecía querer saltar hacia delante. Disfruté todos y cada uno de los latigazos porque a mi Amo le gustaba. Mi polla hacía tiempo que se había puesto dura y con cada nuevo golpe se retorcía. Mis gemidos se hicieron cada vez más intensos y continuos. Estaba enormemente excitado.
-¡Perro, quiero que te corras! ¡AHORA!-Dijo mientras lanzaba el látigo contra mi espalda.
La leche salió casi sin desearlo, llegando hasta el espejo que estaba delante mia mientras todo mi cuerpo se contorsionaba y extremecía de placer y dolor. El gritó que lancé fue nuevamente evitado por la mordaza. Era la segunda vez que me corría sin llegar a tocarme.
El dejó el látigo y se acercó a mi mientras yo permanecía colgado por las muñecas, incapaz de mantenerme en pie. Me volvió a levantar la cabeza y me miró a los ojos. Estaba satisfecho. Me acarició el pelo.
-Buen perro, me gusta cabrón.-Dijo.
Yo intenté sonreir pero no pude. Sentía el olor de sus ropas de cuero. Y sus botas, siempre presentes.
Sin darme tiempo a descansar me descolgó de donde estaba y me llevó al centro del gimnasio donde había un banco de abdominales que había regulado. Me puso boca abajo sobre él de forma que la cabeza sobresaliera escasamente por delante. Luego sujetó mis muñecas y mis tobillos a cada uno de las patas del bando, quedando nuevamente mi culo expuesto. Salió del lugar volviendo con varias cosas. Me untó una crema que extendió por mi espalda. Aquello me refrescó mucho y pensé que sería para curar las heridas dejadas por el látigo.
Yo estaba agotado, los músculos agarrotados, casi no me podía mover. Entonces sentí en el culo otra vez el consolador en forma de polla. Nuevamente quise impedir que entrara pero me fue aún más imposible que la primera vez. Mis músculos lo dejaron pasar y noté como llenaba todo mi culo. “Dios, ¿esto no va a tener final?”, pensé pero inmediatamente me arrepentí de haber dicho eso. Era el esclavo de mi Amo y El decidía cuándo debían terminar las cosas, no yo. Casi como si hubiera leído mi pensamiento El se colocó delante mia. Mi di cuenta de que el bando estaba regulado para que mi cabeza quedara a la misma altura de su polla. No había que pensar mucho para saber lo que iba a ocurrir a continuación.
-Ahora quiero que hagas un buen trabajo, chupapollas ¿entendido?-dijo mientras me acariciaba la cabeza.
Por mi postura no podía verle la cara, sólo podía mirar su polla dura delante de mi, marcada por los chaps que tenía puestos y el brillo de sus botas. Me quitó la mordaza y antes de que pudiera decir nada me metió la enorme polla en la boca. Como otras veces me llegó profundamente en la garganta. Tuve arcadas y el impulso de quitármela, pero las manos estaban inmovilizadas. Utilicé la lengua y el paladar para lamer y chupar toda la polla, notaba sus venas, cómo se hinchaba con cada embestida. Empecé a oir sus gemidos, estaba realmente caliente. Me pareció increible, pero mi polla también se puso dura. Tenía un sabor muy fuerte. El olor del cuero se hacía más intenso cada vez que la polla llegaba a mi garganta.
-Sigue, perro, uhmm, agggh., qué bien lo haces, cabrón,umm
Sus embestidas se hicieron más fuertes.
-Así, eres un jodido lamepollas, uhmm, sigue, sigue. Eres un puto perro, cabrón, ha que tu Amo se sienta orgulloso de ti, agghhm
Sus palabras aumentaban mi excitación, me estaba poniendo otra vez a cien, aquello era demasiado para mi, mi polla presionaba entre mi abdomen y el banco.
-Sigue,sigue
Me sujetó la cabeza con las dos manos y empujó para que su polla entrara más profundamente. Volví a sentir arcadas, sacó la polla y la mantuvo delante mía mientras yo recorría con la lengua su glande. La volvió a meter y siguió con los movimientos de cintura.
-Perro cabrón, sigue ahahahhggg, me voy a correr. Sigue…SIGUE.
Su polla se hinchó aún más. Dejé de pensar, sólo quería que se corriera en mi boca.
-ME CORRO…AGGGGAGHHHHSHHHH
Sentí como la leche caliente llenaba toda mi boca. Comencé a tragármela, no quería desperdiciar ni una gota. El siguió con unos espasmos unos segundos metiendo y sacando la polla hasta que la retiró definitivamente. Entonces un poco de leche cayó sobre su bota. El la miro, la puso sobre el banco justo debajo de mi barbilla y dijo:
-¡Limpia!
Inmediatamente con mi lengua limpié los restos de leche y su bota quedó igual de brillante. Hubiera querido seguir lamiéndosela, pero la retiró y, antes de que pudiera decir nada, volvió a meter la mordaza de la polla de goma en mi boca y la ató en la nuca. Luego me acarició la cabeza y me dijo:
-Bien hecho.
Rápidamente me desató y colocándome de nuevo la cadena y la venda en los ojos me llevó de vuelta hacia el garaje, pero esta vez entramos en la mazmorra que había en frente. Allí me quitó la venda y enganchó la cadena a la pared con un candado, cerca de un colchón que había en el suelo.
-¡Túmbate! –ordenó
Yo me tumbé en el colchón. Me dolía todo el cuerpo y estaba agotado. El me miró durante unos segundos con esas ojos profundos y salió.

En la moto de mi Amo II

Cuando salimos del ascensor me dí cuenta que estábamos en una oficina. Las paredes eran simples mamparas de cristal que separaban grandes salas donde se agolpaban las mesa unas al lado de otras. De pronto sentí miedo de que alguien me viera caminando detrás de mi Amo con la correa puesta, como cualquier perro. Pero entonces sentí que hubiera estado bien, que alguien viera el poder que El tenía sobre mi y comprendiera la devoción que yo le tenía.Caminamos por el pasillo, yo detrás. El delante, llevando mi correa. De pronto me dí cuenta de que ambos llevábamos nuestras prendas de cuero, teníamos pinta de todo menos de oficinistas. Y aunque era viernes por la tarde, podría haber alguien trabajando y sin embargo mi Amo avanzaba seguro y confiado. Pronto me di cuenta por qué. Se dirigía al despacho más lujoso, realmente era el único despacho en toda la planta. Comprendí que El era el jefe de aquella oficina.Nada más entrar en el despacho tiró de la cadena hacia abajo obligándome a ponerme de rodilla. Inmediatamente bajé la mirada, fijándola en sus botas, tal y como me había enseñado.
-En esta habitación estarás siempre de rodilla, ¿entendido, perro?- su voz volvió a ser dulce y dominante a la vez-Asentí con la cabeza
-Bien
Entonces tiró de la cadena hacia un extremo de la habitación, yo tuve que mover las rodillas deprisa para no caer de boca. Enganchó la cadena a un sillón. Entonces se quitó la chaqueta y pude ver su pecho, bien formado, duro, y sus biceps, que se marcaban a cada movimiento de su brazo. Se sentó en la mesa comenzando a trabajar. Yo seguí de rodillas, sin quitarle la vista de encima. El trabajó un rato con el ordenador, luego se puso a escribir y a leer unos papeles. Yo olía el cuero de sus pantalones y veía sus brillantes botas por debajo de la mesa.Entonces, sin levantar la cabeza de sus papeles tocó ligeramente su rodilla con la mano derecha. Comprendí lo que aquello significaba: me estaba llamando, como el Amo que llama a su perro a su lado. Entonces sin dudarlo comencé a caminar hacia la mesa a cuatro patas, deseando poder llegar y lamer sus botas. Faltaba poco cuando la correa se tensó deteniéndome. Sentí un fuerte tirón en el cuello que casi me deja sin respiración. Me detuve un momento, el sillón a donde estaba atada la correa era muy pesado, un típico sillón de visitas. Entonces me volví hacia El pero seguía leyendo los papeles. Entonces repitió el gesto de tocar su rodilla con la mano derecha. Volvía a caminar a cuatro patas hacia El pero la correa volvió a tensarse, entonces seguí empujando, siempre a cuatro patas. El collar me estaba haciendo daño en el cuello pero tiré con fuerza hacia mi Amo que me esperaba. El sillón comenzó a moverse lentamente. Cada paso era más difícil que el anterior, pero me esforcé y seguí avanzando y arrastrando el sillón el metro y medio que me separaba de El, casi sin respiración.Cuando llegué a sus pies, recibí la mejor recompensa, una caricia en la cabeza.
-Bien, puto perro. Bien-dijo El.
Su mano fue bajando desde su pelo hasta mi cuello y supe que quería que le lamiera las botas. Mi polla se volvía a poner dura como una piedra. Continué lamiéndole las botas mucho tiempo, mientras El seguía con sus papeles. Como siempre primero fue una, y cuando estuvo completamente brillante, la otra. El único ruido que se oía en la habitación era el de mi lengua arrastrándose por la superficie de cuero negro.En un momento dado sentí un ruido sobre mi cabeza, la levanté aún estando a cuatro patas y ví que se había bajado la cremallera y se estaba sacando la polla, dura y grande. Inmediatamente me acerqué y la metí en mi boca, con delicadeza, con deseo y la recorrí con mi lengua, como si fuera la última cosa que haría en este mundo. Entonces El comenzó a gemir de gusto, y aquello me excitó aún mas. Allí, en su oficina, a cuatro patas, lamiendo la polla de su Amo, atado con una corre y oliendo sus pantalones de cuero: el sueño de cualquier esclavo.Mi Amo respiraba cada vez más intensamente y yo sentía como palpitaba su polla en mi boca.
-Aggg, chupa, perro. Eres un puto chupapollas cabrón, uhmmm
Y yo seguía chupando porque en aquel momento era lo que El quería.
-Uhmm, Aggggg, sigue, como te pares te mato a hostias.
Su voz retumbaba en mi, anulaba mi voluntad, o mejor, hacía que mi único deseo fuera servirle y darle placer. Hacía un mes ni pensaba encontrarme en esta situación, pero ahora no podría vivir sin ella.Comenzó a mover su cintura y a meter su polla más profundamente, casi hasta atragantarme, pero yo seguía chupando mientras la mia estaba luchando por salir de mis pantalones. Mis movimientos se hicieron más intensos y rítmicos y me día cuenta que tardaría poco en correrse.
-uhmm, sigue, uhmmm, así, buen perro, sigue no pares CABRON, AGGGGG
Su leche me inundó toda la boca y la comencé a tragar para no desperdiciar ni una gota. Entonces le limpié con la lengua y El me acarició la cabeza.
-Joder…… buen perro, muchacho, buen perro.-Dijo mientras volvía a sus papeles y yo me sentaba a sus pies a esperar.
No sé cuanto tiempo pasó hasta que se levantó, inmediatemente me puse de rodillas mirando al suelo. Se puso la chaqueta y desenganchó la cadena poniendo el sillón en su sitio. Estaba de buen humor. Tiró de la cadena hasta la puerta y yo tuve que caminar a cuatro patas deprisa otra vez. En la puerta del despacho tiro de la cadena para ponerme de pie y quedamos frente a frente. Me volvió a mirar con esa mirada que me taladraba y me besó. Incluso en sus besos demostraba quién estaba al mando. Eran profundos y llenaban toda mi boca con su lengua, recorriendo cada rincón para dejar claro que hasta aquello era suyo. Mi polla estaba dura, seguía dura porque no había dejado de estarlo desde la mamada.Sin mediar palabra comenzó a andar y yo tuve que hacer otro esfuerzo para seguirlo, siempre llevado por su correa. De una cosa estaba seguro, aquello iba a ser un fin de semana muy intenso.Llegamos al garaje donde estaba la moto. Efectivamente estaba desierto, había oscurecido y lo iluminaban unas pequeñas luces amarillentas. Nada más llegar a la moto volvió a ponerme sobre el sillín, soltó la correa y me esposó las manos a la espalda. El click de las esposas siempre ha tenido una gran fuerza para mi, anula cualquier posible resistencia que pudiera tener y me hace sentir completamente indefenso.Me agarró los pelos y tirando de ellos me hizo levantar la cabeza. Entonces me metió en la boca una polla de goma: gorda, ancha y larga. Me obligaba a tener la boca muy abierta. Al principio me atraganté y casi vomito de lo profundo que llegaba a la garganta, pero rápidamente me acostumbré. Cerró la mordaza aprentándola fuertemente en mi nuca. Jamás me había sentido tan indefenso, completamente amordazado, sin posibilidad de emitir ningún sonido inteligible. Intenté hablar pero no pude emitir sino gruñidos
-¡Calla! acostúmbrate porque la vas a tener puesta mucho tiempo ¿Entendido?
Yo sólo pude asentir ligeramente con la cabeza. Entonces me bajó los pantalones, mi polla parecía liberada y se elevó como pocas veces la había visto. No sabía lo que iba a hacer y aunque lo supiera no podía hacer nada así que confié en El. Por mi postura mi culo estaba expuesto y al sentir una presión en él pensé que me iba a follar de nuevo. Pero entonces un dolor intenso me recorrío todo el cuerpo. Me estaba metiendo un consolador por el culo. Grité de dolor pero no salió nada de mi boca. Aquello seguí entrando, cada vez más ancho. Instintivamente me agité, pero El me agarró por los pelos y me mantuvo fuertemente mientras entraba completamente. Intenté relajarme y dejarlo pasar, pero era demasiado ancho. De pronto sentí que su forma cambió y comprendí que era un butt-plug, que no podría quitármelo aunque quisiera a menos que lo hiciera mi Amo y con más dolor. Cuando estuvo dentro algunas lágrimas cayeron por mis mejillas.El me volvió a subir los pantalones y aquello quedó dentro de mi. Entonces me dio la vuelta y volvió a mirarme.
-¿No querías satisfacer a tu Amo?, pues aguanta eso dentro, disfrútalo y me darás gusto a mi.- parecía un deseo, pero era una orden.
Acto seguido me puso el casco. Tenía el culo dolorido, parecía que se me iba a romper y el dolor recorría todo mi cuerpo. Entonces comprendí que tendría que sentarme en la moto y sentí que no iba a poder soportarlo. Casi leyendo mi pensamiento El me sujetó fuertemente y me obligó a sentarme. Con un candado sujetó las esposas a la parte de atrás del sillín y quedé atado a la mota. Efectivamente el sentarme el consolador entraba unos milímetros más en mi culo enviando intensas sensaciones a todo mi cuerpo. Las lágrimas corrían ahora por mi cara, pero El no podía verlas. Aquello era algo extraño. Sentía dolor físico, pero a la vez orgullo por hacer lo que mi Amo quería que hiciese, para eso me habia tomado como suyo. Intenté relajarme cuando la moto se puso en marcha. Aquel iba a ser un viaje duro y, por lo que podía saber, mi Amo iba a tomar el camino más largo.
(continuará)

En la moto de mi Amo I

La moto corría a una gran velocidad. Yo iba detrás de paquete,vestido con mis pantalones vaqueros, mi chupa de cuero negro y mis brillantes botas. Estaba esposado a la moto con mis manos a la espalda. Debajo del casco una mordaza me impedía decir cualquier palabra. Delante de mí, mi Amo conducía la máquina a gran velocidad. Vestido completamente de cuero: pantalones, chaqueta, guantes, pero especialmente una altas botas negras, brillantes, excitantes.
Nos habíamos conocido hacía tres semanas, aunque antes habíamos hablado muchas veces por la red. La primera vez que nos vimos tuvimos una sesión muy intensa que terminó cuando El me tomó como esclavo, como una posesión suya . Desde entonces llevo la señal de esa posesión: una cadena alrededor del cuello que se cerraba con el candado del que sólo El tenía la llave. Esa tarde me había dicho que me presentara en su casa a las cuatro. Nada más verme me había esposado y me había ordenado lamer sus botas
-Vamos, perro, haz tu trabajo-dijo
Bastaba un susurro suyo para que mis pies temblaran y me sintiera indefenso. Caí de rodillas y comencé a lamerle las botas, de una forma intensa, profunda, recorriendo toda su superficie con mi lengua. Mis manos se agitaban intentando cogerlas, pero estaban fuertemente sujetas por las esposas.
-Así, esclavo, déjalas bien limpias, quiero verme en ellas como en un espejo.
Para entonces mi polla ya luchaba por salir de mi pantalón. Cuando terminé con la bota derecha empecé con la izquierda, quería hacer un buen trabajo. Sentía a mi alrededor el olor de sus pantalones de cuero, de su chaqueta, su dominio sobre mi era cada vez mayor. Entonces sentí la presión de su bota derecha sobre mi cuello. Mi cara se apretó contra la bota que lamía y me costaba mucho pero seguí lamiendo y lamiendo. Cuando mi Amo creyó que había terminado me dio una pequeña patada y quedé tumbado en el suelo. Se levantó y se puso a mi lado, yo estaba al mismo nivel que sus botas, brillantes ahora.
-Eres un jodido perro muy servicial, me gusta como me limpias las botas, puto esclavo.- dijo con una ligera sonrisa.
Entonces me levantó y me apoyó sobre la pared, me dolía la presión que hacían las esposas sobre mis muñecas. Mirándome fijamente me sujetó la barbilla y me dio un beso profundo, llenado mi boca con su lengua. Mis piernas volvieron a temblar. Acto seguido cortó varios trozos de cinta y las puso sobre mi boca. Todavía sentía su sabor.
-Ahora vamos a dar un paseo, perro.-me encantaba cuando me llamaba así. Me puso un casco con la visera oscurecida. Y aquí estaba, en su moto, detrás de El sin saber a dónde íbamos. Al no ver la carretera tenía que confiar en El, estar atento a cualquier movimiento que El hiciera, tenía que sentirme parte de su cuerpo, confiar plenamente en El. Al principio fue difícil pero rapidamente fue abandonándome y dejándome llevar por El.
De pronto sentí como descendíamos por una rampa y la moto se paraba. El se bajó y me soltó de la moto, aunque aún tenía las manos esposadas a la espalda. Me quitó el casco y me miró fijamente con esos ojos ocuros que parecía leer mis pensamientos. A pesar de toda la ropa que llevaba me sentía como desnudo. El olor de las prendas de cuero que llevaba me envolvía. No pude soportar su mirada y bajé la vista, hacia sus brillantes botas negras. Mi polla seguía dura, desde su casa, ya empezaba a dolerme.
-¿Te ha gustado el viaje?-preguntó
-hhhummmm-dije mientras afirmaba con la cabeza. Estábamos en un garage bastante grande pero no había ningún coche aparcado. Entonces sentí miedo de que alguien pudiera aparecer y sorprendernos.
-¿Quieres satisfacer a tu Amo, perro?.
-hhhuummmm-volví a decir mientras afirmaba con la cabeza.
Lo que siguió fue muy rápido. Me dio la vuelta poniéndome de cara a la moto y hábilmente me bajó los pantalones y mi polla, una vez liberada, golpeó mi abdomen. Yo estaba tan sorprendido que no podía reaccionar, y aunque pudiera descubrí que no quería. Con una mano me empujó la cabeza hacia abajo mientras con la otra tiraba de las esposas hacia arrriba hasta que quedé doblado apoyado en la moto dejando expuesto el culo. Comencé a respirar rápidamente mientras El empezaba a tantear el agujero con un dedo.
-Eres un perro, MI perro, vives para darme placer, puto-decía El mientras yo me iba calentado aún más. Su dedo entró rápido y yo movía mi culo para aceptarlo mientras mi polla se restregaba contra el sillín de la moto. Estábamos en un lugar público, aunque no hubiera nadie. La posibilidad de que alguien pudiera aparecer y me encontrara en esa postura y de esa forma me asustaba, pero a la vez me excitaba. Casí como si puediera leer mis pensamientos dijo: -No va a venir nadie, perro, y si viene te verá como te mereces estar, sirviendo a tu Amo, cabrón- Mi polla se pudo más dura aún. Entonces me penetró, metió su polla dentro de mi y yo lancé un gemido de dolor que pronto se convirtió en muchos gemidos de placer. Si no hubiera estado amordazado habría dado un grito que se habría oido en todo el edificio.
-¡Uuugg, que culo más prieto tienes, perro,aggg, me gusta , cabrón.!
-hhhhummmm, hummm- yo gemía con cada nueva embestida, mientras mi polla seguía rozando con el sillín. Me dí cuenta de que no podía aguantar mucho tiempo, al tiempo que presionaba los músculos de mi culo para darle todo el placer posible a mi Amo.
-Agg, perro, sigue así, agggg. No te corras hasta que yo te lo diga, cabrón, o sabrás lo que es bueno.
Su voz, mezcla de placer y autoridad, me llegó como algo lejano. Mis gemidos se mezclaban con los suyos y yo sentía el freco tacto de su ropa de cuero sobre mí, sus guantes sujetando mi cara, sus pantalones abiertos sobre mis piernas y su polla dentro de mí. Su ritmo aumentó y me dí cuenta que se iba a correr, mi polla estaba como nunca la había sentido: dura, gorda, a punto de estallar.
-Me voy a correr dentro de ti, perro pero tú no puedes hacerlo…todavía. Me iba a volver loco, no podría soportarlo más, no quería desobedecerlo, pero no podía controlarme, era demasiado.
-No te corras, cabrón. AAAAGGGGH…… Y entonces se detuvo cayendo sobre mi espalda, la moto nos sotenía a los dos. Yo seguía gimiendo, mi polla dura estaba a punto de estallar, de romperse, tenía que correrme. Intenté suplicarlo pero no podía hablar, sólo salía gruñidos de mi boca. Por favor, pensaba, por favor Amo, déjeme correrme. Unas lágrimas empezaron a salir de mis ojos, no podía más. Entonces El se levantó y cogiéndome por la cabeza me levantó a mi también. Mi polla se elevó en un ángulo sorprendente, estaba roja e hinchada. Yo quedé mirando hacia la moto y Él a mi espalda: Se acercó y puso su polla húmeda entre mis manos esposadas y me susurró al oido.
-Muy bien hecho, perro, pero te queda por aprender una lección. Eres mío y yo soy quien decido sobre ti ¿entendido?- afirmé con la cabeza mientras más lágrimas salían de mis ojos, el dolor era muy intenso.
– Soy yo quien decido cuándo, cómo y donde disfrutas.- su voz era cada vez más suave, pero a la vez más autoritaria.Noté como su polla se estaba poniendo dura entre mis manos.
-Soy yo quien decide cuándo te corres y quiero que lo hagas AHORA. Jamás me había pasado nada igual, con su última palabra salió un enorme chorro de leche de mi polla, y tuve unos de los mayores orgasmos de mi vida, sin tocarme, sólo con una orden suya. El placer fue tan intenso que mis piernas temblaron y caí de rodillas, mientras El me acariciaba la cabeza.
-Buen muchacho, has obedecido muy bien, puto perro. Yo estaba intentando respirar, pero la cinta no me dejaba. Entonces El me la quitó de un tirón y me levantó. Me dio la vuelta y me dio otro beso profundo, posesivo, intenso.
-Hoy te has portado muy bien,-dijo El -Gracias Señor-contesté yo.
-Vístete,-dijo mientras me quitaba las esposas. Así lo hice, mientras El sacaba algo de la moto. Cuando me volví tenía una correa de perro que enganchó a mi collar y, tirando por ella nos encaminamos al ascensor.
(Continuara)

Encuentro con un Amo de Tenerife

Habíamos intercambiado varios emails y al mediodía me había llamado por teléfono para quedar. Como otras veces intenté mostrarme todo lo sumiso que pude sin forzar la situación. Podía haber sido más, porque realmente me sentía más, pero en un momendo dado pareció hartarse de tanto “donde Usted elija” y tal. Al final quedamos, como no podía ser de otra forma, en el Yumbo. Primero él quería que nos viéramos a las 3 o así en el Cruise o en otro bar. Sinceramente estaba demasiado agotado como para esperar hasta esa hora para conocerle, teniendo en cuenta que lo que realmente esperaba era que apareciera un tio que no se enteraba de nada y que, tras una ligera conversación, nos fuéramos cada uno por su lado. Así que al final quedamos a las diez en la sucursal de la Caixa.
Cuando llegué al punto de encuentro efectivamente no había nadie y empecé a temer lo peor. Aún así esperé y a los pocos minutos se acercó. Lo primero que me llegó fue el ruido de sus botas. Marcaban el paso de forma increíble, golpeando el suelo de rítmicamente. Aquello me gustó inmediatamente y me predispuso. Era de mi misma altura más o menos. Además de las brillantes botas negras vestía un pantalón vaquero, una camiseta y una cazadora bomber negra.
Nos saludamos y me pidió que por el momento no lo tratara de Usted porque estábamos al mismo nivel ahora. Fuimos a una cafetería cercana a tomar un café. Estuvimos hablando bastante rato y él siempre se mantuvo en su sitio, equilibrado, siendo realista y sincero. Todo aquello me gustó. En nuestros gustos parecíamos coincidir casí absolutamente. La verdad es que cada vez me sentía mas confiado y seguro.
Después de un buen rato allí fuimos al Cita, al Chaps, esperando poder tener un sitio con más intimidad. Sin embargo ese día hacían fiesta de al espuma y a ninguno de los dos nos iba ese rollo. Antes de entrar quiso ver lo que había llevado. Abrí el portabultos y le mostré el pantalón, las botas, las cuerdas, etc. Dijo que le gustaría verme con las botas y allí mismo me las puse.
Volvimos al Yumbo y en vez de ir al Construction fuimos al Block. Estaba completamente remodelado: la barra cambiada de sitio, la decoración, etc. Pedimos algo y estuvimos hablando un rato más. En algunos momentos temí haber metido la pata con algunas cosas que dije, pero la velada se desarrolló sin contratiempos.
Cuando terminamos la copa me dijo de ir a ver el cuarto oscuro. Pasamos por delante de algunas cabinas hasta el final, donde estaba el cuarto propiamente dicho. Sin embargo nos quedamos en el inmediatamente anterior a la izquierda. Allí había un sling. Era rígido: una tabla colgada del techo por cuatro cadenas. El me había dicho ya lo mucho que le gustaba un sling y vi normal que entráramos. Bueno, realmente él entró y me empujó a mi. Con dos buenos zarandeos me puso en mi sitio y me hizo arrodillar y meter mi cara en su entrepierna notando su polla dura. Yo intentaba comérsela a través del pantalón. Me pegó en la cara, golpeándome la oreja. Yo asentí. Pronto se bajó el pantalón y me metió su polla en la boca cual grande era. Tuve un poco de arcadas hasta que me fuí acostumbrando, Pronto estuve sin camiseta y sin pantalón, sólo con las botas puestas. Mientras seguía comiéndosela instigado por él, cambiando el ritmo y de muchas formas, pero él siempre de pie y yo siempre de rodillas. Al principio mi polla no reaccionó, fruto de la sorpresa, pero pronto me metí en situación y reaccionó a sus deseos. El parecía estarlo pasando muy bien, al menos la parte que yo podía ver desde mi situación de rodillas.
En un momento dado me puso boca abajo sober el sling, me abrió de piernas y comenzó a trabajarme el culo. La verdad es que recuerdo aquello confuso porque mi cabeza se fue, dejando paso a las sensaciones que fueron muchas y muy intensas. Me fue metiendo los dedos hasta que ya no pude contar los que entraban o salían. Entonces, creo que fue entonces, cuando me penetró. Sólo se que de pronto me estaba embistiendo y yo gemía y gemía y le suplicaba, casi a partes iguales, que siguiera y que parara. Sigió así durante un tiempo que no sé calcular. Luego me da la vuelta y me coloca boca arriba en el sling. Pone mis pies en dos correars que había colgadas en las cadenas y vuelve a tomarme. El placer es tan intenso que tres o cuatro veces estoy a punto de mearme encima. La verdad es que no sé si ocurrió porque mic abeza está ida y el lugar muy oscuro. Si me doy cuenta de que mi barriga está húmeda por algún líquiso que ha salido de mi polla. Sigo gimiendo y aviso que me voy a mear. El me dice que lo haga, pero al final no ocurre. El sigue y sigue embistiéndome, y yo creo que voy a perder la razón, sinceramente.
En un momento dado le suplico que pare, algo de lo que en estos momentos me arrepiento. Me baja del sling y me obliga a comerle la polla de nuevo. Ahora tiene ese sabor plasticoso de haber estado dentro del preservativo. Se la como con devoción y deseo. Nuevamente hay arcadas pero me la meto hasta el fondo. Entonces él se apoya en la pared y pone su bota en mi hombro. Y yo comienzo a lamerla por todas partes, limpiándola, que que esté brillante para él. Comienza a pajearse y me dice que lo haga. Yo lamo y muevo la mano con mucha intensidad. Entonces me dice:?quieto?, y comienza a mearme. Noto el fuerte chorro en mi cara, en mi cabeza, cayendo por mi pecho. Aquello me pone a millón. Entonces sigo lamiendo y anuncio que me voy a correr. El me da permiso. No recuerdo las palabras exactas, tan absorto estaba. Como suele ser habitual en mi me corro con fuertes conbulsiones. No he terminado de correrme cuando él también lo hace encima de mi.
Cuando me calmo me doy cuenta de la situación. Estoy de cuclillas, desnudo salvo por unas botas, completamente mojado con la orina y la lecha de un Amo, del que quisiera que fuera mi Amo. Soy feliz. El está de pie delante mio, me levanta y comenzamos a vestirnos.
El me dice que quiere que vaya con su orina hasta mi casa, oliendo a él. Aquello me vuelve a poner. Nos vestimos y salimos. El bas está prácticamente desierto. Yo me encuentro en estado de shock. Las cosas que están a mi alrededor no parecen reales, solo lo que pasó en el cuarto fue real.
Caminamos hacia el centro de la plaza del Yumbo. El me pregunta por las cosas, por como me siento, si estoy bien, etc. Pregunta por el efecto concreto de algunas cosas: las bofetadas por ejemplo. Le comento que todo está bien, que solo estoy un poco desorientado por la intensidad del encuentro. Cuando llegamos al centro de la plaza él se sienta en un banco y yo permanezco de pie. Entonces él adelanta la pierna donde se ve la brillante bota y me mira. Yo me arrodillo y se la lamo. Parece complacido y me levanta, quiere evitar que alguien conocido me vea. Ese detalle también me gustó porque indica que puedo confiar en él.
Luego fuimos a un local que ya había cerrado. Es de juegos pero tiene una máquina expendedora de refrescos. Me invitó a una coca-cola y estuvimos hablando durante bastante rato. El preguntó mucho y contó poco. Me pareció bien que así fuera porque la mejor forma de dominación es el conocimiento y yo quiero ser dominado y él quiere dominar asíque esa relación asimétrica debe ser también en lo referente a lo que cada uno sabe del otro. Yo contestaba sumisamente y con gusto.
Allí, apoyados en unas tablas de futbolín me fui entregando poco a poco. El parecía agradado y en un momento dado me volvió a ordenar que le lamiera las botas. Yo lo hice y cuando dijo basta me quedé delante suya, de rodillas, mirando al suelo, hasta que me permitió levantarme. Sentí realmente su poder y volvía a desear que todo lo que había a mi alrededor desapareciese de forma que estuviese libre para decirle: haré lo que lo Usted me diga, me someteré a sus deseos, obedeceré, iré y haré lo que Usted queira. Sin embargo la vida sigue ahí y tuve que regresar a ella.
Creo que este puede ser ese Amo que estaba buscando. Quiero someterme a su voluntad. El problema es que está en Tenerife pero bueno, eso puede convertirse en una ventaja porque parece que El quiere un esclavo pero también disfrutar de la libertad de no tener que cargar con este permanentemente.
Me acompañó hasta el coche y cuando llegamos me ofreció vernos al día siguiente, con cueros para tener una sesión de bondage. Inmediatamente me entristecí porque no podía, a pesar de las ganas que tenía. Al dia siguiente tenía que trabajar, en casa, porque era fiesta y el viernes de todas formas sí que trabajaba. Ahora me arrepiento de no haber ido pero sé que de todas formas no podría haberlo hecho así que hice lo correcto, aunque no fue lo que deseaba.

Una sesión de bondage

Ayer J me envió un sms diciéndome que hoy me llevara mi material al trabajo por si después teníamos una sesión. Yo obedecí.
Nos habíamos visto el sábado anterior para tomar café después de algún tiempo sin vernos. Me reprochó que estoy metido en tantas cosas que no tengo tiempo para lo realmente importante que en este caso es El. Pensé sobre ello y consideré que tenía razón en cuanto el bdsm es muy importante para mi. Decidí que la próxima vez que me llamase acudiría sin poner excusas y que si tenía lago que hacer lo pospondría. Y así fue.
A la hora indicada estaba tocando a su puerta. Abrió y entré. El vestía pantalón vaquero, zapatillas de cuero marrón y camiseta. Cerró la puerta y se puso delante mia con el pie izquierdo adelantado. Aquello sólo podría significar una cosa, así que me arrodillé y comencé a lamérsela, con intensidad; por delante, por los lados, por el talón. No paré hasta que toda la zapatilla estuvo brillante. Luego pasé a la otra cuando El la puso delante mia. Cuando hube terminado me ordenó que me desnudara. Lo hice y quedé de rodillas con las manos a la espalda en actitud de espera. Un ligero empujón bastó para que me pusiera a cuatro patas, en postura de atención, con la cabeza en alto. Lo primero que me puso fue un collar que ajustó bastante a mi cuello.
Luego comenzó a ponerme una cadena alrededor del cuerpo. La enganchó al collar y por la espalda y la raja del culo por delante hasta el collar nuevamente. La cadena justo me tocaba el orificio del ano lo que, además de una sensación de frío parecía que lo tenía completamente abierto. Luego me puso un antifaz con lo cual no vi absolutamente nada de lo que hizo después aunque sí lo sentí. Colocó otra cadena alrededor de mi cintura y la apretó. Luego me puso las dos esposas de cuero y me dobló los brazos a la espalda enganchándolos a la cadena. En un primer momento los dobló tanto que el dolor era muy intenso y no podía soportarlo mucho. Supuse que querría tenerme así algún tiempo así que los desenganchó y los colocó un poco más abajo, pero no demasiado, por lo cual eso ya era una tortura. Luego me colocó la mordaza de bola para que no pudiera quejarme por lo que volví a suponer que iba a pasarlo mal.
Acto seguido me ató los pies con una cuerda, también muy fuertemente y los dobló hasta casi tocar mi culo, pasando luego la cuerda por el collar de forma que cuando tiraba me obligaba a doblarme. Las piernas tiraban del cuello de forma que comenzaba a asfixiarme. Cada tanto tiempo me preguntaba si estaba bien y yo respondía. Me había metido en situación muy rápidamente y estaba perfectamente integrado en mi papel de sumiso.
Ya me tenía perfectamente inmovilizado y empezó a jugar conmigo. Lo hizo poniéndome algo elástico de latex o goma en la cara. Lo estiraba hasta que cubría toda la cara y entonces me la ponía, impidiéndome respirar. Al principio lo dejaba poco tiempo puesto pero, poco a poco, fue aumentando.
Cuando me rebelaba mucho o me resistía, El tiraba de la cuerda haciéndome doblar, aumentando aún más la asfixia y tensando los músculos de mi espalda, brazos y piernas.
Sufro de alergia y en un momento dado se me bloquearon las fosas nasales y como tenía la bola en la boca, el aire que entraba era mínimo. Comencé a asfixiarme de verdad. Gracias a Dios se dio cuenta y quitó la bola con lo que pude aspirar el tan preciado aire. El me acariciaba y decía que me me tranquilizara. Entonces volvió a tirar de la cuerda, ahora más fuerte y durante más tiempo. El dolor y la asfixia eran mayores……y crucé la linea.
-Me someto, Amo, me someto- dije a duras penas. El soltó la cuerda y preguntó:
-¿Qué has dicho?
-Que me someto a su voluntad Amo-contesté yo.
No podía ver su cara pero estuvo en silencio unos segundos. Entonces me desató, me quitó las cadenas pero dejó las muñequeras. Me quitó el antifaz y puede verle mientras mis doloridos músculos, especialmente los brazos, recuperaban parte de su movilidad.
Cuando me hube recuperado y levanté la vista El ya se había sentado en un sillón y tenía las piernas abiertas. Con un gesto de la mano me indicó su entrepierna y yo fui, me apoyé en su rodilla y lo miré. Quería que me comportara como un perro y así lo hice. Comencé a jugar y a lamerle la mano. Y le mordí muy suavemente la entrepierna. Noté su polla dura. El se la tocó para que viera su forma a través del pantalón. Entonces me apartó y me quedé en posición de atención. El desapareció de mi campo de visión y cuando volvió solo tenía puesta una camiseta.
No sé cuanto tiempo duró pero lo único que hice a continuación y durante bastante rato fue hacerle una mamada. Durante ella me llevé dos bofetadas por no ser cuidadoso y hacerle daño y estuve a punto de vomitar varias veces por las arcadas, de lo profundo que llegaba su miembro. A intervalos también jugaba con la respiración poniéndome ese trozo de latex que ahora pude ver era un gorro de natación. Me pareció enormemente ingenioso la forma en la que lo estaba usando.
En un momento dado me fui calentando y me volví más atrevido. Me subí encima suya, aun estando de rodillas y comencé a manosearla la polla. Entonces Él se enfadó y me puso recto de rodillas, esposándome las manos a la espalda y sujetándome por el cuello para que no me pusiera encima de El.
Así estuvimos bastante tiempo. Había perdido la noción de cuanto llevaba allí, pero en un momento dado, tras un rato que llevaba puesto el antifaz me lo quitó y dijo.
-¡Vístete!
Obedecí y salimos. Fuimos hasta su coche y le abrí la puerta. Entró, dejó un pie fuera y me arrodillé para besárselo. Luego me dijo que me llamaría y se fue. Yo fui hasta mi coche y me marché. No sé si se corrió o no. Realmente tampoco importa. Lo importante es que pareció gustarle la sesión y yo me sentí muy muy sumiso.

Momificación

Primero conectamos por el chat y estuvimos negociando. La verdad es que J. se mostró dialogante y atento así que fui confiando cada vez más en él. Decidimos que me momificara. Para incitarle un poco más le propuse que me momificara y me dejara así hora y media. Estaba seguro de poderlo conseguir aunque él no lo creía. Me propuso que él debía recibir algo a cambio así que quedamos en que si conseguía estar hora y media me ducharía y me daría un masaje. Si no aguantaba y solicitaba soltarme tendría que estar disponible para todo lo que quisiera, especialmente algún tipo de favor sexual. Así lo decidimos y quedamos a las nueve menos cuarto en unos aparcamientos de una zona de la ciudad de reciente construcción.
Llegué a tiempo y tuve que esperar un poco. Cuando llegó lo seguí hasta un duplex vacío en una zona solitaria. Tal y como me había ordenado en el chat nada más entrar me desnudé y me quedé en pelotas. Se puso delante mia y le lamí las zapatillas deportivas de cuero marrón que llevaba puestas. Acto seguido me subió al piso superior y me llevó a un dormitorio. Hacía muchísimo calor. Estaba siendo uno de los días más calurosos del verano. Me ofreció la mano y me dijo:
-¿Estás de acuerdo con nuestro trato?
Yo asentí con la cabeza y nos apretamos la mano. Teníamos un acuerdo. Acto seguido sacó papel transparente, del usado para envolver los alimentos, un rollo de cinta americana gris y otro de cinta adhesiva marrón. Me hizo cruzar los brazos en el pecho y empezó a envolverme con el plástico. Lo hizo a conciencia, fuertemente y con habilidad. Me sorprendió que un Amo tan joven se manejara tan hábilmente. El calor era cada vez mayor y yo comencé a sudar a mares. El también sudaba y al poco tiempo tuvo que abrir las ventanas aunque con las persianas exteriores cerradas.
Poco a poco me siguió envolviendo apretando el plástico contra mi cuerpo. En lugares determinados, tras el plástico, me ataba con dos o tres vueltas de cinta americana. Lo hizo en el pecho, asegurando los brazos; en las rodillas y en los tobillos. Yo iba notando como mi capacidad de movimientos se reducía progresivamente hasta que ya no me pude mover. Notaba las gotas de sudor recorriendo mi cuerpo y mi cara.
Cuando terminó el cuerpo me miró y dijo:
-El tiempo comienza a contar ahora, cuando te envuelva la cabeza.
Acto seguido me envolvió la cabeza con el plástico, solo dejando fuera los orificios de la nariz. La envolvió toda y puso varias vueltas de cinta americana alrededor de la boca y en la frente. Estaban muy apretadas y ajustaban fuertemente el plástico a mi cabeza. Fue indescriptible la sensación que tuve, una mezcla de terror, sofoco, excitación, dependencia….. La realidad es que no podía moverme, ni hablar. Antes de taparme los ojos J, que ya estaba en calzoncillos, me había enseñado su polla. Estaba realmente excitado. Aquello le había puesto muchísimo.
Cuando terminó casi no podía hablar, no podía ver y desde luego no podía moverme. Lo siguiente me sorprendió porque me agarró y me levantó en peso, lo cual es bastante difícil porque soy una persona muy grande. Me llevó hasta un lado de la cama y me tumbó allí. Estaba completamente inmovilizado. Nunca había estado así. Entonces él dijo:
-¿Te has meado?
Yo me espanté y dije que no, moviendo la cabeza y con un gruñido.
-Aquí hay un charco.
“Sudor, sudor”, intenté gemir yo y pareció entenderlo. La verdad es que no había caído en la cuenta de lo que estaba sudando. El calor era agobiante y el plástico lo multiplicaba. Pronto noté como todo mi envoltorio estaba mojado. Era increíble. Intenté varias veces moverme pero no pude.
Entonces J dijo que se iba a ir y preguntó si estaba bien. Yo asentí. Antes de eso noté algunos flashes. Me estaba sacando unas fotos. La verdad es que no sé si se fue. Sólo se que cada tanto tiempo volvía y me preguntaba si estaba bien. Yo había perdido la noción del tiempo. Intenté contar pero fue inútil. Todo iba bien hasta que la cinta americana que había atado alrededor de mi cabeza comenzó a apretarme fuertemente. Intenté relajarme pero la presión era demasiada. Al poco tiempo comencé a tener palpitaciones y un inicio de dolor de cabeza. Me asusté. La siguiente vez que vino a comprobar si estaba bien le dije, entre gruñidos, lo que pasaba y que quería seguir pero aquello me asustaba. Entonces cortó, también muy hábilmente, el envoltorio de la cabeza y viendo la situación dijo:
-Estás sudando mucho. Hoy no es el mejor día para hacerlo.
Y entonces cortó el resto de la cinta, liberándome. Se sucedieron otra serie de sensaciones diferentes. Primero sentí los músculos entumecidos y luego un frescor que recorrió todo mi cuerpo. Me miré las manos y las tenía arrugadas, como si hubiera estado mucho tiempo bajo el agua.
-¿Cuánto tiempo he estado?-pregunté
-Unos 45 minutos-dijo El. Había perdido la apuesta.
-Yo quería continuar- dije en un estúpido esfuerzo por parecer duro.
-Baja-contestó El.
Estaba completamente desnudos, los dos los estábamos y aunque me acababa de ordenar ir al piso de abajo, me arrodillé ante él y me sujeté a sus pies en señal de sumisión. Aquello pareció gustarle.
Fuimos abajo y él se acostó en un sofá mientras yo iba a cuatro patas por el suelo. A partir de entonces no dijo nada pero con algunos gestos fue indicando. Yo esperaba que me obligara a pagar mi deuda por haber perdido, pero no ocurrió. Sin embargo fui asumiendo cada vez más el papel de un perro y, mientras él veía la televisión me acurrucaba en el suelo al lado del sofá.
En un momento dado se miró los pies y comencé a lamérselos. Sabía que le gustaba y deseaba complacerle. Se los lamí un buen rato y a conciencia. Me sentía auténticamente su perro. Luego jugué con él, lamiéndole y mordiéndole la mano. A veces me acariciaba y en un momento dado me dijo:
-Mueve la cola- y yo moví el culo simulando su perro.
En un momento dado pensé que miraba su polla e iba a lamérsela cuando me apartó de un golpe. Inmediatamente me encogí a los pies del sofá temiendo haber cometido un error. Lo comprendí más tarde, cuando me ordenó recoger y me dio un puñado de papeles que olían a semen. Se había excitado y corrido mientras yo estaba momificado y no quería que le lamiera la polla.
Como digo, me ordenó recoger y fregar el suelo de la habitación donde había estado. Luego fuimos a tomar algo a un centro comercial cercano. Yo le seguía en el coche y aparcamos uno al lado del otro. Yo bajé pero él no. Dude, no sabía si quería que entrara en el asiento del acompañante para hablar de algo o qué. Entonces recordé cosas que habíamos hablado y fui a abrirle la puerta. Pareció satisfecho. Le seguí hasta el bar en actitud sumisa aunque no evidente para la gente, y a escasa distancia pero a su espalda.
Tomamos dos refrescos hablando de cosas intrascendentes y cuando nos despedimos me adelanté para abrirle la puerta del coche. El entró pero dejó un pie fuera. Yo sabía que quería algo, pero no sabía qué. Entonces caí y allí, en medio del aparcamiento, me arrodillé y le volví a besar las capas de cuero que llevaba. Terminó de entrar en el coche y yo cerré la puerta. Nos despedimos aunque creo que no por última vez.

Una sesión fuerte

Ayer hablé con M. y me propuso mantener una sesión hoy a las siete. Le contesté que sí y a las siete menos diez estaba tocando en al puerta de su casa. Tal y como habíamos quedado, abrió la puerta y yo esperé unos segundos. Entré en la casa y cerré la puerta tras de mi. El se había ido al salón para darme tiempo a cambiarme. Me quité las botas para deshacerme de los jeans y le siguió la camiseta. Luego, de mi bolsa saqué los pantalones y el chaleco de cuero y me los puse. Es increíble el efecto que la ropa de cuero tiene en mi. Me pone inmediatamente.
Volví a meterme las botas con alguna dificultad porque son altas y tenía cierta prisa. Me arreglé los bajos de los pantalones y me miré al espejo: botas, pantalones de cuero negro, chaleco de cuero sin nada debajo; definitivamente estaba preparado para la sesión.
Entré sigilosamente en el salón y allí estaba él, sentado en su sillón. Tenía puesto un arnéss y encima una chaqueta de cuero negros, gorra y un suspensorio. Unas botas y unos guantes completan su vestimenta. Con al cabeza gacha me acerqué y arrodillé delante suya. El señaló con un dedo las botas e inmediatamente me puse a lamerlas. Primero fue su bota izquierda. La lamí profusamente, recorriendo cada trozo, llegando todo lo arriba que podía. Hice varias pasadas para no dejarme ningún rincón sin recorrer. Luego pasé a la bota derecha.
Cuando ambas quedaron brillantes me acercó, aún estando de rodillas y me recosté sobre él. Me acarició y me dijo que me tranquilizara, que estaba todo bien. Me levantó, me puso el collar y un arness de cadenas. Luego me hizo quitar las botas y los pantalones y me quedé desnudo salvo por el arnéss y el chaleco encima. Me colocó una cadena y me dijo que íbamos a ir al dormitorio primero a jugar un poco, pero tuve que ir a cuatro patas como los perros.
En el dormitorio estuvimos jugando en una relación más tipo daddy/boy que Amo/esclavo aunque en un momento dado me esposó y me amordazó con una mordaza de bola que yo había llevado. Durante todo el tiempo estuvo trabajándome el culo con los dedos. A mi eso me pone un montón y cuando están un rato pierdo completamente el sentido. Hasta ese punto llegué con M. Por eso me esposó y me puso la mordaza, para controlarme. Luego me vendó los ojos y estuve aún más indefenso. El tiempo pasaba y yo no me daba cuenta. En un momento pensé que iba a estallar y a volverme loco.
De pronto paró y me llevó al salón esposado, con mi voluntad anulada, amordazado y con los ojos vendados. Allí estuvo haciendo algo mientas esperaba de pie. Entonces me desató, me quitó la venda y la mordaza. También el arnés. Entonces me dio la vuelta y vi su última herramienta, Era una especie de banco del ancho de una puerta, llena de agujeros a espacios regulares en cada lado y un gran agujero cuadrado en el centro. Había unos cojines planos puestos encima del banco que le levantaba unos pocos centímetros del suelo.
M. me hizo acostar y primero ató los tobillos con tiras de tela. Luego me puso unas muñequeras de cuero que también unió al banco con tela. Luego que por el cuello y pasó varios trozos por la argolla del collar uniéndola firmemente al banco de bondage. Aún tenía cierta movilidad así que cogió tres correas que pasó por debajo del banco y apretó a la altura del pecho, la cintura y los muslos.
Entonces me retó a liberarme y lo intenté con todas mis fuerzas pero no pude. Le dije que era una cuestión de tiempo y me contestó que no importaba, que teníamos toda la noche.
Comenzó a jugar conmigo. Tenía acceso directo a mi culo por el agujero del centro del banco. Yo intentaba liberarme y me agitaba pero sin resultado. M. temiendo tal vez que tuviera éxito, me envolvió las manos en cinta aislante. Primero me hizo cerrar los puños y los envolvió de forma que no podía abrirlas. Parecía muy satisfecho de su trabajo, especialmente cuando intentaba liberarme y no podía.
Llevaba ya un rato allí cuando se acercó con la mordaza. No sé por qué pero me resistí y le dije que no me la iba a poner. Por supuesto se enfadó. Me dio dos bofetadas. Como resistía me tapó la nariz y aún así no pudo. Me amenazó con meterme un dildo por el culo si no abría la boca. Inmediatamente sopesé las posibilidades y abrí la boca. Como castigo la apretó más de lo normal.
Luego estuvo usándome un buen rato, sobre todo centrándose en mi culo que a estas alturas estaba escociéndome bastante.
No sé cuánto tiempo pasé allí, pero ya estaba entumecido. Entonces M. me desató y fuimos al baño. Pasamos a un sexo más vanilla en el sentido de más caricias, besos y comencé a comérsela, profundamente, con muchos movimientos. Oía constantemente sus gemidos y sabía que se estaba poniendo muy, muy cachondo.
Cuando llevábamos un tiempo así me metió en la bañera y comenzó a orinarme, aumentando y reduciendo el flujo de su orina a voluntad. Siempre me sorprende esa capacidad que tiene para controlar su orina. Me insultaba y me decía palabrotas, mientras también me escupía. Yo estaba tumbado en la bañera mientras. Lo último que cayó sobre mi pecho fue su leche.

Reencuentro

Ayer un Amo de Tenerife me puso en contacto con un viejo conocido. Nos habíamos encontrado hace unos años y luego nos perdimos de vista. Durante este tiempo él se había perfilado como Amo y yo como esclavo. Chateamos un rato y hoy quedamos para tomar café. Me citó en el aparcamiento del Centro Comercial La Ballena. Nada más llegar me hizo seguirle hasta su coche. Me hizo subir y fuimos a una gasolinera a lavarlo en una máquina. Durante el tiempo que tardamos en llegar a la gasolinera me mostré sumiso y obediente. Mientras el coche estaba lavándose estuve a su lado, ligeramente atrás a su derecha. Me ordenó ponerme firme y no mirarle directamente a la cara sino al suelo. Por supuesto obedecí.
Luego fuimos a otra gasolinera cerca del Polígono Industrial de Las Torres para limpiar la parte interior. Comenzó él pero rápidamente me dio el aspirador para que terminase. Mientras tanto estuvimos hablando de nuestros gustos, limites, expectativas, etc. Cuando terminamos condujo hacia el interior del polígono. Al ser día de fiesta no había nadie salvo unos conductores de ambulancias y unos jóvenes arreglando una moto. Llegamos a una zona donde había varios solares. Allí paró el coche.
Al parecer en nuestra anterior etapa yo no me comporté adecuadamente y fuí grosero. Por supuesto esto merecía un castigo así que, además de tirarme de la perilla fuertemente me pegó dos bofetadas. La polla, que se había animado desde que nos encontramos, se me puso muy dura. Le dí las gracias. Luego hablamos un poco más sobre nuestras visiones de una relación D/s. Yo estuve todo el tiempo mirando al suelo, incluso cuando me dio las bofetadas.
Entonces él levantó la pierna. Tenía puestas unas zapatillas deportivas marrones de cuero. Me preguntó si me gustaban y casi sin esperar la respuesta estiró la pierna hacia mi lado del coche y me dijo que estaban sucias, que tenía que limpiarlas.
Me puse manos a la obra. Lamí las zapatillas, al principio lentamente,pero pronto fui entrando en la tarea y cada vez lo hice con más deseo. Quería que quedara muy limpia, quería que este Amo que estaba a mi lado se sintiera orgulloso de mi. Sentí como su poder empezaba a entrar en mi. Cuando terminé pareció gustarle y dijo que me había portado bien y que lo pasaríamos en grande juntos.
Entonces arrancó y volvimos hacia La Ballena donde yo tenía el coche. Por el camino me acarició el cuello y la cabeza y me preguntó si estaba bien, que a él le gustaba cuidar de sus cosas. Aquel detalle me encantó porque funciono mucho con una combinación de dureza y suavidad. Sentí que había echado un anzuelo y yo al menos, me había enganchado en él. Cuando íbamos de camino me preguntó qué me apetecía y le dije que pasar la noche esposado en un sótano sin posibilidad de escape. Cuando aparcamos en La Ballena sacó algo de su bolsillo: unas esposas envueltas en un pañuelo amarillo y atados con una cuerda. Me gustaron mucho porque además tenían un diseño como antiguo, no eran las esposas tradicionales que todo el mundo tiene. Quedamos en seguir en contacto y que esta noche lo llamaría a las diez y media a ver si él dejaba que mi sueño se convirtiera en realidad y pudiera pasar la noche en un sótano.

Vuelta a la Isla

Había quedado con J y C para dar una vuelta a la Isla. Estuve delante de su casa cinco minutos antes de la hora prevista y toqué el timbre. Como siempre me hicieron esperar. Cuando aparecieron venían muy cargados. C. llevaba sus botas y pantalones de cuero, camiseta negra y una chupa militar de camuflaje. J iba con zapas blancas y negras y vaqueros y vaqueros con camiseta blanca. Les abrí la puerta del coche y partimos hacia el sur. Pronto llegamos a Mogán y paramos en un mirador, en una degollada. Allí tuvimos la primera sesión. Nos adentramos un poco por un camino de tierra. Allí, semiocultos de los vehículos, C me pisó varias veces, me hizo quitarle las botas y olérselas y me hicieron varias fotos con ellos encima mia, de rodillas, sirviéndoles, etc. Se mostró muy duró porque me pegó varias patadas en los huevos y la polla. Disfrutaba mucho viéndome la cara retorcida de dolor. Varias veces me hizo tumbar sobre el suelo lleno de piedras mientras él se subía encima. J miraba y sacaba fotos. Me obligaban a cambiar de postura. Especialmente intenso fue cuando C me hizo quitarle las botas y lamerle los pies con los calcetines puestos. Luego me obligó o oler las botas mientras ponía sus pies en mis muslos. No debían tocar el suelo. Cuando quiso terminar con esa parte me ordenó que se las pusiera, presionando con mi pecho.

Estábamos muy enfrascados pero tuvimos que dejarlo porque un grupo de turistas aparcó cerca de nuestro coche y se acercaron. Volvimos y ellos llegaron antes porque, como me habían dicho, yo siempre debía mantenerme por detrás. Fue especialmente divertido cuando llegué y les abrí la puerta de delante y de atrás para que entraran porque un turista que estaba cerca se quedó mirando con una cara de sorpresa y de interrogación total. La verdad es que su era un poema.

Seguimos rumbo y tras una parada para comprar productos de la tierra llegamos a San Nicolás de Tolentino. Fuimos hasta el muelle a ver el mar y comer allí. C y J se quitaron las cmaisas y mientras disfrutábamos de unas sardinas y una paella C no hacía sino presionar y meter su bota en mi entrepierna. Cuando terminamos de comer o en la misma comida entre plato y plato me dedicaba a acariciarla.

Cuando terminó la comida nos fuimos a una especie de parque cerca de donde se celebra una de las fiestas más populares de la Isla, la fiesta del Charco. Allí, y sin importar que una pareja de la Guardia Civil estuviera patrullando por allí, volvieron a usarme. Esta vez C me tuvo la mayor parte del tiempo tumbado mientras me ponía la bota encima de la cara, el pecho o los genitales. Varias veces se subió encima mia teniendo que soportar sobre mi pecho todo su peso. En esas ocasiones casi me quedaba sin aire y no podía respirar. Eso le excitaba enormemente porque bastaba que me arrodillase delante suya para que se le pusiese dura la polla. J estaba paseando por allí y de vez en cuando venía y sacaba alguna foto.

El tramo más largo y pesado, como siempre, fue el camino de La Aldea a Agaete. Allí llegamos casi de noche. Vimos la llegada del Ferry de Tenerife. J se separó para ver la escollera de cerca y C y yo seguimos paseando, siempre a un paso por detrás suya. El paseo marítimo estaba en obras y había una caseta como de materiales, abierta y aparentemente vacia. Entramos y me arrodillé para lamerle las botas. Inmediatamente se empalmó. Pero ví una chaqueta y chalecos reflectantes y temía que entrara alguien.

Volvimos al coche y de camino a Las Palmas paramos en Arucas. Fuimos a una cafetería justo frente a la Iglesia. No había nadie y nos sentamos. Enseguida C puso la bota derecha en mi entrepierna. Solo la bajó cuando la camarera vino a tomar el pedido y a traer las cosas. Yo tenía las manos sucias así que me levanté para ir al baño. Había terminado de secármelas e iba a salir cuando apareció él. Con una orden imperativa señaló el retrete y me dijo “¡Entra!”. Obedecí y se subió al inodoro, se bajó los pantalones y me fue guiando: comerle la polla, comerle los huevos, acariciarle las botas y los pantalones. Me ordenó que le quitara las botas y las oliera. Estuve con la nariz metida en las botas bastante tiempo, mientras él se masturbaba.. Los dos intentábamos que no se oyera demasiado. Tenía miedo que en cualquier momento apareciera la camarera. Volvimos a empezar: polla, huevos, botas y entonces no pude más y se corrió. No sé si su gesto fue más de placer o de dolor al tener que contenerse y no poder gritar pero fue espectacular. Recuerdo como una gota de su leche cayó en la manga de mi jersey. Nos limpiamos y salimos. No había ni rastro de la camarera y J estaba hablando por el móvil. Nos sentamos y C volvió a poner su bota entre mis piernas y ya a acariciarlas.

El resto del viaje fue conducción y conversación amena pero sin nada particularmente trascendente. Quedamos para el lunes por la tarde dedicarlo a la ciudad y a conocerla. No sé si tendremos oportunidad de más movida de botas.

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