Latest Posts

Reflexiones personales IV

La Biblioteca Insular tiene un servicio en la planta baja. Para llegar al de los varones hay que subir una angosta escalera que tuerce hacia la izquierda y lleva a una habitación pequeña donde hay tres urinarios. Más al fondo hay dos cubículos y dos lavamanos. No tiene ventanas, los únicos huecos son dos aberturas en la pared que da a la escalera por donde apenas cabe una mano. Es lo más parecido a una mazmorra que conozco. Cuando voy allí se me dispara la imaginación. Con la puerta cerrada tiene las dimensiones perfectas para mantener un esclavo encerrado, incluso para convertirlo en mazmorra. Los cubículos podrían ser las celdas porque apenas cabría un esclavo estirado en el suelo. ¿cómo tiene que ser vivir así? ¿cómo podría llevarse lo de vivir como un auténtico esclavo preso? Mi mente no puede evitar fantasear y dejarse llevar: vivir esperando que tu Amo abra la puerta para usarte, el tiempo de espera y de silencio, la necesidad de renovar constantemente la sumisión, etc. Porque no sería cuestión de una opción de un día sino de renovar la aceptación y el compromiso dado un día. Me llama la atención el ser apartado de todo y de todos, el perderme en el anonimato de una esclavitud real. Pertenece esto a la fantasía y posiblemente no soportaría llevarlo a la realidad ¿o si podría?

Nuevas botas, nuevo encuentro

estaba en la biblioteca, como siempre. Eran las siete de la mañana. Acababa de llegar de desayunar y estaba haciendo un poco de tiempo leyendo el periódico. Entonces apareció El, a mi lado, casi como materializado, venido de ninguna parte. El suelo se hundió bajo mis pies, el corazón me dio un vuelco, en parte por ser El y en parte por haber aparecido de esa forma. Vestía una chaqueta de cuero marrón. Se la había visto antes, no era de cuero brillante sino algo parecido al ante. La camisa y el pantalón iban a juego. No veía sus pies. Me miró y pareció disfrutar con mi cara de sorpresa. Hizo un movimiento de cabeza y fui a recoger mis cosas. Cuando salí de la biblioteca El me estaba esperando en la puerta y ya pude ver sus pies. Llevaba unos zapatos modernos, como marrones desgastados, decorados con unas especies de puntadas en los bordes y terminaban rectos en la punta. La verdad es que me sorprendieron un poco, pero estaba en estado de shock por la sorpresa. Me preguntó un sitio para desayunar y fuimos a una cafetería que hay cerca de allí. Por el camino hablamos de que había llegado la noche anterior y que posiblemente no podríamos vernos y que por eso había ido a la biblioteca. Que le esperaba un día duro de trabajo y que nos veíamos ahora porque luego no podría. Me preguntó a qué hora terminaba de trabajar y le dije que a las dos. Era demasiado tarde para El.
En esto llegamos a la cafetería. Había tres policía, varios chóferes, algunos oficinistas preparados para la jornada y nosotros. yo ya había desayunado y pedí un croissant vegetal y un café con leche para El y un cortado para mi.
Nos sentamos mientras nos lo traían y yo seguía nervioso, casi histérico. Sin duda su poder sobre mi era mucho y aumentaba cada vez más. Estaba a su izquierda y no pude evitar echar un vistazo de nuevo a sus pies. Entonces me di cuenta de que no eran zapatos, sino botas, unas botas que pasaban por zapatos, duras, brillantes, nuevas, geniales. El se dio cuenta de mi cara de asombro.
-¿No te habías dado cuenta de que eran botas?- negué con la cabeza.
-Son nuevas, mi última adquisición
-Entonces ¿no se las ha limpiado nadie aún?- pregunté
-No- dijo El con media sonrisa.
-¿Puedo ver hasta donde llegan?
El asintió y disimuladamente le toqué el pie. Eran altas, llegaban muy arriba en las pantorrillas y un poco por debajo de las rodillas. No eran lisas sino que estaban ricamente repujadas. El color era llamativo porque era marrón, pero tampoco era del todo así. Eran muy morbosas y le quedaban estupendamente bien.
-Como ahora han de ser rugosas para que las laman….-sentenció El misteriosamente.
Nos trajeron el pedido y comimos, bueno comió El mientras yo me bebía el cortado. Estaba excitado y nervioso, muy nervioso.
-¿Qué te pasa?-preguntó El
-Me ha sorprendido su visita. Además Usted sigue produciendo este efecto en mi, el de hacerme perder los nervios.
Aquello pareció agradarle. Me siento incapaz completamente de tutearlo o sentirme tranquilo en su presencia.
De vez en cuando se me iba la vista hacia las botas nuevas. El por supuesto, se dio cuenta y estaba complacido. Cuando terminamos le pedí permiso para ir al baño y me lo concedió. El baño era bastante cutre. Estaba en un pasillo que hacía las veces de almacén. Oriné como pude y cuando iba a salir se abrió la puerta y entró El. Apenas cabíamos los dos pero no importaba porque yo encogí. Me agarró y me atrajo hacia El mientras me daba un beso. Realmente invadió mi boca y yo me dejé hacer, le entregué el control una vez más. Aún sujetándome por el cuello me movió hasta quedar El al lado del retrete. Subió la pierna y puso la bota sobre el borde. El pantalón subió hasta casi dejarla al descubierto. Bastó un dedo suyo señalando la bota para que cayera de rodillas y comenzara a lamerla. Poco importaba que estuviera en un retrete sucio y cutre, o que el bar estuviera lleno de gente, lo único que me importaba era El y mostrarle mi sumisión. Le lamí las botas de arriba a abajo en pocos segundos. Entonces El me levantó tirándome del cuello de la camisa, y me hizo a un lado mientras orinaba. Yo salí del retrete y justo cuando acababa de cerrar la puerta me di cuenta de que no debería estar allí, sino dentro. Volví a entrar y me arrodillé delante del lavamanos con la boca abierta. El me miró desde arriba con media sonrisa y negó con la cabeza.
-Sólo quería ayudarle a limpiarla- dije intentando justificarme.
El volvió a negar sin quitar esa media sonrisa, disfrutando de negarme algo que deseaba, disfrutando de tener el control. Entonces salí y lo esperé fuera, aún con su sabor en mi boca, el sabor de su bota y de su beso.
Fuimos por la calle Triana dirección al Mercado de Vegueta. Por el camino estuvimos hablando de lo genial que sería que yo fuera su asistente, que estuviera trabajando para El además de ser su esclavo sexual. A El pareció gustarle la idea y dijo:
-No sé si funcionaría pero al menos sabría donde estás en cada momento.
Esta frase se me quedó grabada porque señalaba el grado de control que quiere conseguir de mi. Luego hablamos de que recibe un montón de propuestas de gente que quiere venir a servir a su casa como criado doméstico, que al parecer está a la orden del día en Europa. Le comenté que un esclavo/ secretario/ asistente es lo mejor porque no sólo se asegura la fidelidad sino la devoción y la garantía del esfuerzo por hacer el mejor trabajo ya que el sumiso sentiría vergüenza de hacerlo mal. Sería incluso un plus que el sueldo no podría garantizar en ninguna otra persona. En estas reflexiones llegamos a la furgoneta que estaba aparcada en la esquina de la calle de los Balcones, justo por la salida a la autopista de los coches que pasan por el Mercado. Subo a la furgoneta y me pongo aún más nervioso. No puedo mirarlo a la cara. Su poder sobre mi es aún mayor. Siento su peso. Casi estoy temblando ¿casi? No puedo controlar mi cuerpo en su presencia….ni siquiera mi cuerpo. El se da cuenta de mi estado y pregunta de nuevo.
-¿Qué te pasa?
-Usted no es consciente del poder que tiene sobre mi- contesto yo. Se que estoy diciendo algo que le dará aún más poder pero no puedo evitarlo.
Me mira profundamente a los ojos y dice:
-¡Sube atrás!
Bajo del asiento delantero y me subo atrás, allí los cristales están oscurecidos. La ciudad ya está en plena ebullición. La gente va a sus trabajos y los alumnos a clase. Gran parte de ellos pasan precisamente por ese cruce.
Me subo atrás y El entra por la otra puerta. Sube un pie sobre el asiento y me llama con el dedo. Yo me arrodillo delante suya y pongo mi cabeza en su entrepierna. Noto su polla dura, bastante dura, me quito las gafas y las pongo en el sillón de delante. Vuelvo a sumergirme en EL. Mis mejillas recorren su entrepierna mientras mis manos tocan su bota izquierda, la derecha está sobre el sillón, extendida. me tira de la camisa y me levanta hasta su cara. Me siento incapaz de mirarlo a los ojos a pesar de estar a pocos centímetros. Me mantiene así un rato y luego me da otro beso largo, profundo, posesivo. Me baja hasta dejarme de nuevo de rodillas delante suya, en el poco espacio entre los asientos trasero y delantero. Entonces se saca su miembro y me lo como, hasta la garganta, todo él, hasta el fondo y empiezo los movimientos que le gustan. Se le escapa algún gemido. Me saca la polla de la boca y no sé cómo cambia de postura mostrándome la bota. Es hermosa.
-¡Limpia!- dice
Y yo lo hago con devoción y entrega, no puedo hacer otra cosa, la recorro toda, su rugosidad me araña la lengua pero no me importa. Lamo incluso la suela pero El me detiene al segundo lengüetazo. Noto algo de tierra en la boca. El sabe que ya no tengo voluntad y me acerca para un nuevo beso. Cuando me separa miro hacia fuera un segundo. La calle está llena de gente que va y viene. Me siento como si estuviera haciéndolo en la calle.
-¿qué miras? ¿crees que te ven?
-no Señor, lo siento, Señor.
Me empuja hacia abajo y me hace repetir la operación con la otra pierna. Luego vuelve a sacarse la polla y se la como. En dos o tres ocasiones me dan arcadas, pero sus gemidos de placer me animan a seguir. Noto como entra en mi boca, dura, enhiesta, gorda y como va abriéndose paso hacia mi garganta.
Me levanta y me pone de nuevo ante su cara, me besa y me dice:
-¿qué quieres hacer?
-solo quiero servirle, Señor, hacer lo que Usted quiera- El sonríe maliciosamente. Nuestros ojos están, esta vez si, frente a frente. Quiero que vea mi alma.
-¿seguro?. Pues hoy no vas a trabajar.
-si Señor- contesto sin dudarlo y sin apartar la mirada. El parece sorprendido y me escruta los ojos y ve la verdad. Estoy dispuesto. He llegado a un punto donde haré lo que diga sin importar nada. El se da cuenta de que voy en serio.
Me empuja y presiona mi cabeza contra el asiento poniéndome la pierna encima. Mi campo de visión está limitado por la bota que me presiona
-¡Limpia!-dice de nuevo y obedezco.
Estamos así un buen rato hasta que vuelve a sacarse la polla y vuelvo a comérsela. Sigue muy dura y esta vez gime más. Noto su respiración agitada. Entonces me vuelve a levantar y vuelve a besarme. Cuando lo hace me dejo ir, es como si no existiera nada más. Luego me mira fijamente.
-anda, vamos, que vas a trabajar.
-lo de antes lo dije en serio Señor
-lo sé-contesta El.
Nos arreglamos y pasamos delante. Me siento extrañamente tranquilo. No soy yo el que decide. Es una tranquilidad que da la sumisión y la obediencia. Siento como si hubiese dado un paso importante. Arranca la furgoneta y ponemos rumbo a mi trabajo. Por el camino hablamos y seguí dándole más poder, quería saberlo todo sobre mi y todo le fui diciendo, sin secretos, sin reservas, transparente, perdiendo completamente el control. Durante todo el rato tuve una enorme erección que no bajaba.
Cuando llegamos me costaba bajarme de la furgoneta. Realmente no quería apartarme de su presencia.
-¿cómo voy a trabajar hoy?-pregunté.
-de la mejor manera posible, con el sabor de la polla de tu Amo en tu boca.
-¡ah, ¿es Usted mi Amo?- pregunté. Siempre me ha dicho que para llamarlo así tendría que ganármelo y siempre he sido muy cuidadoso en eso porque considero que las palabras tienen un valor y que hay que saber usarlas adecuadamente.
El sonrió con sorna pero no dijo nada. Me despedí y marché al trabajo con su sabor en mi boca.

Imágenes comentadas II

esta es, sin duda la perspectiva ideal de un perro esclavo. este es el nivel desde el que debería ver la realidad. todos estos hombres parecen amos, posiblemente lo son, y no merecería estar a su nivel, a menos que mi Amo así me lo ordenase. a la sociedad contemporánea esto le parece una degeneración, porque piensan que un hombre debe estar siempre de pie pero ellos no entienden el placer de la sumisión, lo rico que puede llegar a ser el servicio y la entrega a un Amo que te oriente y te lleve hacia donde realmente quieres estar, aunque no lo sepas. la sociedad contemporánea nos quiere hacer hombres libres y lo que consigue es hacernos hombres solitarios, precisamente para luego poder someternos mejor. yo sigo prefiriendo esta perspectiva.

Un nuevo encuentro II

a las dos salí del trabajo y quedamos por la zona de Triana. fuimos a un restaurante cercano al que había ido hace tiempo. fue de su agrado. la conversación como siempre fue sobre lo mismo pero más profunda que ayer. hoy no había nadie cerca para vernos ni oírnos. le conté lo que hacía sentido en el maletero de mi última sesión. también hablamos de nuestras conversaciones, de mis dudas, etc. me dijo que no entendía bien el último correo y yo fuí muy contundente: “Usted domina mi cabeza, también domina mis actos, ahora temo que domine mi corazón y entonces no seré dueño de mi mismo”. cuando terminé de hablar tenía una cara como de placer, mezclado con sorpresa y mucha satisfacción. estaba regodeándose porque se sabía mi Amo, que ejercía mucho poder sobre mi y eso le encantaba. seguimos hablando y contó algunas experiencias de algunos de sus viajes. yo le comenté que seguro tendría que haber mucha gente por ahí que viviera esto de forma radical. me contó que un conocido suyo fue a hacer un curso de sumisión en EE.UU. y que allí conoció a un esclavo alemán que estuvo siete años encadenado en un sótano sin ver casi la luz del sol, etc. el problema fue que su Amo tuvo que irse a cuidar a su madre y lo dejó, en la calle, libre y sin nada. recuerda que contó que en aquel momento lo pasó mal pero que había ido a ese curso para encontrar un nuevo amo. la historia me puso mucho, la verdad. cada vez tengo más claro que no podría hacerlo pero si llego a conocer este mundo cuando terminé la universidad y estuve en Madrid posiblemente lo hubiera hecho. hoy es improbable, aunque no imposible, sobre todo porque el Amo buscará a alguien joven y más moldeable.
estábamos envueltos en estas reflexiones y esta conversación cuando acabamos la comida.
yo me sentía cada vez más abrumado por su autoridad y cada vez más vinculado con su persona. pagamos, nos levantamos y nos fuimos. eran ya las cuatro menos cuarto y le propuse ir a la tienda que vende cuero y curtidos a ver unas botas de montar. aceptó y estuvimos 15 minutos caminando por Vegueta, viendo casas y callejones susceptibles de ser voncertidos en mazmorras o de tener sótanos. me habló de un bar en Praga, que por fuera era una casa casi ruinosa. había que entrar por allí y luego bajar una escalera. tras una cancela con cerrojo se encontraba un pub/sauno supermoderno. dijo que cada vez le gustaba más eso de que las casas por fuera fueran o tuvieran pinta de ruinosas y dejadas y que luego, al entrar, te llevaras la sorpresa. me contó que en ese local simuló dejar a un tio solo en el potro, tumbado sobre una camilla. el tio llegó a pedir auxilio aunque no mcuho, porque pensaba que efectivamente lo había dejado solo cuando realmente estaba en una esquina esperando. lo bueno es que llegó otro Amo y tras pedirle permiso comenzó a usar al esclavo. nuevamente me llamó la atención la historia, me excitó y aumetnó la admiración que siento por El. desde luego puede ser muchas cosas pero no es un novato.
en medio de la conversación se le ocurrió la idea de un posible encuentro entre gente que El conoce y gente que conozco yo. sería una especie de club leather. dijo que a veces lo ha pensado y a mi me gustó la idea. así se nos pasó el tiempo hasta que fue hora de que abriera la tienda. entramos y preguntamos. tenían botas de goma y de cuero pero no de su talla. tenían muy buena pinta, la verdad.
después de eso nos fuimos a casa. el sacó un disco duro externo y lo conectamos al ordenador. estuvimos psando películas de mi ordenador a su disco duro. El estaba sentado y yo de rodillas la mayor parte del tiempo. así estuvimos un buen rato.
entonces, en un momento dado comenzó a tocarme y me ordenó que sacara mi material. lo saqué y me ordenó que me desnudara. así lo hice.
-Ponte las muñequeras y las tobilleras- y así lo hice.
cuando las tuve puestas cogió la capucha de cuero y me la puso, apretándola fuertemente alrededor de mi cabeza. sigue encantándome la sensación cuando tira de los cordones y el cuero se pega a la piel. mantuvo los trozos de cuero en los ojos de forma que no podía ver y me dejó allí,en la habitación mientras El iba al salón. en su ausencia yo seguía repitiendo mi mantra de estas situaciones: “sométete, sométete”. y así, poco a poco iba entrando aún más en el subspace sumiso. casi no me di cuenta cuando llegó, tan solo noté su presencia. cogió una cuerda y empezó a atarme las muñequeras con las tobilleras de forma que de pie tenía que doblarme sobre mi mismo, quedando mi culo expuesto. lo siguiente que sentí fue un intensísimo golpe que me hizo caer de rodillas. desde luego no esperaba un golpe de la fusta con tanta intensidad. El me levantó y yo me preparé para recibir cierta disciplina. los siguientes azotes, aún siendo fuertes eran soportables en comparación al primero. me golpeó durante un rato mientras femía sin posibilidad de ponerme derecho. debo admitir que me sorpendio como aguanté la disciplina y una de dos, o soy capaz de aguantar más de lo que pensaba o mi Amo fue muy benévolo conmigo y apenas usó la fusta para rozarme. aún así al final noté marcas en mi culo, que no eran por caricias precisamente.
cuando quiso terminar me desató, las cuerdas al menos, por lo que pude ponerme de pie. entonces me quitó los parches de los ojos y puede verle. como siempre estaba impecablemente vestido: botas, pantalones, camisa y guantes de cuero. caí de rodillas delante suya y le besé las manos en señal de sumisisón.

Un nuevo encuentro

realmente El es mi Amo. su poder sobre mi es innegable y evidente. cuando estoy en su presencia todo se confunde y difumina. me siento realmente sumiso cuando estoy a su lado. instintivamente me sale tratarlo de Usted e instintivamente mi cuerpo asume una actitud sumisa. basta oir su voz o verlo para que un resorte en mi actúe y me deje en estado de sumisión psicológica. eso también ocurrió cuando quedamos hoy para comer. fuimos al restaurante que hay en Makro, aunque primero quedamos en Dacathlon. El estaba mirando varias cosas. es sorprendente los múltiples usos que se le pueden dar a las cosas más cotidiana. el hecho es que recorrimos la tienda como Amo/sumiso, viendo las posibilidades de los objetos: bolas de golf, sacos de dormir, capuchas de montaña, etc. especialmente interesante fue la sección de hípica, con sus cueros y sus arneses. estuvimos mirando las fustas y al final encontramos una negra, que aunque no era perfecta, se ajustaba a las necesidades y le supliqué que me permitiera regalárselo. también compramos unas pelotas de golf de plástico, pensadas para hacer de mordaza sobre todo, aunque al final resultaron pequeñas. sin embargo comprobamos que dos podrían mantener la boca a buen recaudo.
mientras comíamos seguimos con la conversación y con el protocolo: yo no comenzaba a comer hasta que él me daba permiso. el hombre que estaba sentado a nuestro lado parecía leer el periódico pero se estaba quedando con todo, al menos cuando se levantó me echó una mirada entre sorpresa y reprobación que me hizo sentir orgulloso. la comida fue extremadamente agradable. yo me sentía envuelto por su poder y su autoridad, estaba en la gloria.
cuando salidmo El tenía que ir a una reunión así que me fuí a casa, con la orden de esperar. si El terminaba a tiempo tendríamos una sesión. y con esa actitud me guia a casa, ansioso, mirando el reloj. las horas pasaban y no había llamda. supuse que la reunión se había alargado. a las 9 tenía que estar en casa y llamó sobre las 7 y algo. hablamos y ante la imposibilidad de una sesión por las prisas, quedamos para tomar café.
fuimos a Alcampo y vimos las chaquetas de cuero que estaban en oferta. me probé algunas y dijo las cosas buenas y las no tan buenas que tenía cada una. luego fuimos a Bata y le mostré unas botas que siempre que paso por delante miro. también fuimos a Springfield y vimos unos guantes y unas botas, pero estas tenían cremallera a un lado y El dijo que le quitaban todo el morbo.
se hacía la hora así que nos separamos,pero quedamos al día siguiente para comer.

Imágenes comentadas I

desde la primera vez que la vi esta imagen me impactó. y no fue porque sea de Mapplethorpe sino por la fuerza que desprenden los protagonistas. con el tiempo y algo de investigación descubrí que la foto fue tomada en 1978 y los leathermen son Brian Ridley y Lyle Heeter.

nadie como él ha sabido concentrar en tan poco tanta fuerza y energía. lo primero que me llamó la atención fue el hecho de que ambos estuvieran completamente vestidos de cuero, pero luego las cadenas, las esposas y la fusta fueron tomando mayor importancia. eso forma parte de mi propia evolución. primero me atrajo el fetichismo del cuero y las botas. más tarde el bondage y la sumisión fueron cobrando importanci, sin por que ello desapareciera lo otro. ¿que me gustaría ser el que está sentado, esposado, con un collar al cuero que tuviera atada una cadena en manos de mi Amo? por supuesto! solo puedo imaginar lo que harían este Amo y este esclavo en su mazmorra, y solo puedo llegar a soñar con poder vivir lo mismo.

Relfexiones personales III

uno nunca sabe cuando el mundo bdsm y el mundo ‘normal’ van a tocarse. a veces es algo sutil: unas botas, un cordón al cuello, una muñequera; cosas que pueden llevarse por estética. otras vecs es algo más evidente, aunque también se lleven más por estética que por fetichismo. hoy fuia desayunar temprano a un bar, a las isete, y nada más entrar quedé impactado. en la barra estaba un tio de unos treinta y tantos, completamente vestido de cuero: pantalones y chupa cerrada hasta arriba. lo único que desentonaba un poco eran unas botas marrones, pero botas al fin y al cabo. era cuero bueno, del rugoso, tipo motero. la chupa era Harley y el tio podía haberse bajado de una moto pocos segundos antes. estaba comiendo un sandwich y tomando un café y no pude evitar fijarme en él. pedí mi desayuno e intenté concentrarme pero no podiá evitar lanzarle una mirada de vez en cuadno. el cuero produce en mi un efecto hipnótico, cautivados. si hubiera sido un Amo habría caido a sus pies; si hubiera hecho alguna insinuación le habría seguido a cualquier parte pero nada de eso ocurrió. sencillamente terminó su desayuno y se fue. no pude quitarle la vista de encima hasta que desapareció por la puerta.

Lamer botas

lamer botas es una de las acciones que más rápidamente me hacen entrar en un estado se sumisión. son el calzado ideal, único diría yo, para el cuero. no hay nada más desastroso que un leatherman sin botas. un Amo debe tener sus botas brillantes, muy brillantes, y un esclavo es la persona ideal para limpiarlas y dejarlas de esa forma. cuando me arrodillo delante de un Amo lo primero que hago es basarle y lamerle las botas. así indico mi sumisión y disponibilidad, mi aceptación de que ese es mi sitio, a sus pies.

Reflexiones personales II

mi ser sumiso sigue haciéndose presente. a veces es algo sutil, como pasar por delante de una zapatería sin poder evitar mirar a ver si hay alguna bota expuesta; o mirar fijamente a alguien que lleva alguna prenda de cuero o una muñequera preguntándome si eso es indicativo de una práctica oculta o solo pura estética. otras veces es más explícito, cuando la imagen y la figura de mi Señor se hacen presentes. Casí inmediatamente me pongo nervioso y tengo ganas de mandarle un sms o escribir sobre El, para que sepa que pienso en El y que siento su poder sobre mi. precisamente acabo de enviarle un sms diciéndole: “a pesar de estar lejos, pienso en Usted. su poder sobre mi no disminuye sino que aumenta cada día. esa es mi condena y mi salvación”. el hecho es que realmente lo siento asi que su poder aumenta paulatinamente. el poder es la capacidad para que uno haga lo que el otro desea. Él desde luego, y según esta definición, es poderoso en mi vida. puede conseguir de mi cosas que nucna pensé que alguien pudiera conseguir, pero de eso se trata esto, de ceder poder ante otro, de renunciar a autonomía y dejarse llevar y orientar. para mi esto es un gran proceso de aprendizaje donde El es el maestro y yo un aprendiz que va dando poco a poco sus primeros pasos, esperando que al final pueda llegar a la sumisión que El busca y desea, sumisión, qué palabra, cómo la repito y cuánto significado tiene para mi. no sólo la digo sino que intento vivirla y hacerla mía hasta que forme parte de mis huesos. hoy me gustaría estar completamente vestido de cuero, con botas, atado hasta quedar completamente inmovilizado, amordazado y vendados los ojos a sus pies. sería mi situación ideal en estos momentos.

Reflexiones personales

mi situación actual es esa en la que es cuando más fuerte se presentan mis deseos de convertirme en un esclavo auténtico. el stress y la rapidez de la vida cotidiana y mi forma de tomarme las cosas hacen que a veces desee pararme y centrarme en mi mismo y lo que encuentro es ansia de cuero, botas, sumisión, bondage. supongo que un psicoanalista haría maravillas conmigo pero hace tiempo que les doy el mismo crédito que a un cuentacuentos. cada vez veo más claro que el bdsm es mi terapia particular, mi forma de sanar e integrar heridas y de afrontar de cara la existencia. no es algo impulsivo sino algo integrador. cuando termino una sesión me siento fuerte, lleno de energía, unificado conmigo mismo y capaz se enfrentar cualquier situación.
la dependencia del Amo no tiene por qué ser, no es en mi caso, negativa. es enriquecedora porque aumenta mi autoestima. yo me siento más valorado, protegido, orientado y sobre todo, con un fin y un objetivo. mi propio cuerpo reacciona con esto y noto como camino con los hombros más rectos y erguidos, más orgulloso, más seguro. además, poder decir absolutamente la verdad a alguien, poder mostrarte débil ante alguien, dejar constancia de las cosas que siempre se han considerado negativas y que seas valorado precisamente por esas cosas ahace que éstas se vuelvan irrelevantes o al menos pierdan gran parte de su importancia. consiste, en el fondo, en meterse en otro papel, en seguir un guión diferente y, así, comprobar que tu guión cotidiano es tan contingente como el que vives vestido de cuero y botas. a pesar de que este camino no es fácil agradezco haber encontrado a alguien que me lleva en esta dirección. tal vez no sea del todo consciente de el bien que su dominio ejerce sobre mi, pero desde luego soy afortunado por poder llamarme su siervo y lucharé radicalmente para poder llamarme su esclavo. porque su dominio aumenta mi libertad, sus esposas y sus cuerdas me hacen más lilbre, sus castigos convierten en caricias las sorpresas de la vida y arrodillarme ante Usted significa andar cada vez más erguido.
sin duda es una magia transmutativa, que convierte una cosa en otra, y da la vuelta a las paradojas hasta que se vuelven realidades tangibles. cuando me afirmo ante Usted lo que estoy haciéndome es negándome y entonces me vuelvo nada. mi afirmación ante Usted es la obediencia, y entonces vuelvo a tomar las riendas de mi vida.

Un encuentro inesperado

Yo había ido a Las Palmas a una reunión y antes tenía que resolver varias cosas. Estaban en la biblioteca haciendo teimpo cuando recibí un sms suyo invitándome a desayunar. Resulta que había venido por sorpresa el fin de semana. Hablamos por teléfono y le dije que iría pero que antes tenía que hacer varias cosas. Me dio permiso para ello y en menos de una hora las terminé todas y estaba rumbo al sur. Lo recogí en la puerta de su apartamento y fuimos a una pastelería de San Fernando a tomar un croasant vegetal y un zumo El y un café y un mantecado yo. Cuando lo vi lo encontré especialmente atractivo. No se si serían mis ganas de verlo, o que realmente estaba muy relajado o qué, pero me puse inmediatamente nervioso. Siempre tiene ese efecto sobre mi, y cuando aparece, inmediatamente me pone en situación de sumisión. Tras desayunar y hablar un rato mientras paseábamos volvimos al apartamento. Yo tenía que ir a comer a mi casa porque ya había quedado y El me había dado permiso, pero me quería usar esa tarde. Cuando llegamos y colocamos algunas cosas que habíamos comprado en una parada en un supermercado, se sentó en el sofá, abrió las piernas y me hizo sentar en el suelo entre ellas. El llevaba unas bermudas así que puse mi cabeza sobre sus rodillas….y me dejé ir, me abandoné completamente y sentí que todo desaparecía salvo El. El se convirtió en el único centro , no existía nada más. Seguimos hablando un poco y yo le expresé mi sumisión y sometimiento. Le dije que le serviría y que le había echado de menos. Aquello pareció gustarle y me dio varios besos. En un momento dado me subió, para darme uno y yo me abracé a él y hundí mi cabeza en su pecho. Me sentía completamente dependiente. Luego volví a mi situación en el suelo y seguimos hablando de cómo nos había ido, etc. Y entonces me agaché y le besé los pies, le quité las sandalias que llevaba y comencé a lamérselos. Fui muy cuidadoso y sistemático, recorriendo toda la planta y cada uno de sus dedos. Mientras tanto yo lo miraba y El había puesto esa cara que pone cuando está metido en una sesión. Cuando terminé con un pie seguí con el otro. Estaba duro como una piedra y mi polla presionaba contra un pantalón como pocas veces. El se dio cuenta y puso su pie sobre ella, presionando. Luego me acercó y me metió la cara en la entrepierna. Inmediatamente noté su polla también dura, y comencé a lamerla. Yo hacía tiempo que había dejado de ser yo y estaba más allá de aquel sitio y lugar. Había perdido la noción del tiempo y el espacio. Entonces se levantó y me llevó a la habitación. Por el camino le pedí permiso para ir al baño. Me sentó en el retrete y Él se quedó tan cerca que podía apoyar mi cabeza en El. Por supuesto la polla se resistía. Si hubiese orinado así habría mojado todo el baño.
-¡Mea!-dijo El.
Y tuve que presionar la polla para que no me saliera por fuera. Aún así fue un sufrimiento porque solo pude orinar a pequeños chorros que producían un ligero-medio dolor al tener la polla dura. Cuando terminé me levantó y me llevó a la habitación donde me hizo desnudar. Me puso de rodillas y le comí la polla. El me iba llevando, sujetaba mi cabeza con las dos manos y la utilizaba para darse placer. Yo era un juguete sexual en sus manos y estaban encantado con que así fuera. Mi erección seguía imperturbable. A poco rato me puso de espaldas, buscó algo en un bolso y noté como me ponía una capucha. El olor a cuero me embriagó. Me encanta esa capucha. Es de cuero duro, con orificios para nariz y boca. Cuando cerró fuertemente las cuerdas y noté como se apretaba me sentí completamente perdido, abandonado a mi suerte. Pocos segundos antes, mientras aún podía ver, de rodillas delante suya. Lo miré directamente a los ojos y le dije: “haré lo que quiera, diré lo que quiera, seré lo que quiera”. Inmediatamente después de decir estas palabras me asaltó el temor. Las dije profundamente en serio, sentidas, pero hasta yo mismo me asusté un poco cuando salieron de mi boca. Ahora, con la capucha puesta, sin poder ver, solo podía saber que habían sido dichas en serio y que las estaba llevando a cabo. Iba a ser consecuente con esas palabras y no sólo en ese momento.
Yo seguía de rodillas y el trasteó en el ropero. Cuando se acercó noté que sólo tenía puesto una camisa….. de cuero. Sabía que se había comprado una en su último viaje a Berlín. La toqué, guiado por su mano y la lamí por todas partes: el pecho, el sobaco, la manga. La mezcla del olor del cuero de la capucha y el de la camisa fue brutal. Entonces El me dio poppers. Tiene un efecto inmediato en mi y me pone muy perro. Esta vez no fue una excepción. Le comí la polla como si me fuera la vida en ello. Luego me subió a la cama a cuatro patas y supe lo que venía a continuación, iba a tomar lo que era suyo, iba a poseerme. Aún bajo el efecto del poppers me abrí, agaché la cabeza exponiendo aún más mi culo y lo abrí más sujetando las nalgas con mis manos. Me hizo suyo de muchas maneras, a muchos ritmos. Tenía puestos sus guantes de cuero y yo gemía de placer y de sumisión. Mi polla seguía dura, lo que no ocurre a menudo cuando me penetran y El se dio cuenta, apretándola de vez en cuando. Yo había empezado a sudar hacía bastante rato. Yo puse mis brazos a la espalda, como si estuvieran atados, y realmente lo estaban por lazos invisibles, pero más fuertes que cadenas. Ahora, mientras escribo esto, aún los siento. Así estuvimos un rato hasta que se cortó abruptamente porque manché. El paró y me llevó al baño . Yo me sentía avergonzado pero ¿no es así como debe sentirse un esclavo la mayor parte del tiempo? Me limpié mientras El hacía lo mismo. Me ordenó que me quitara la capucha y tomara una ducha. Cuando salí me vestí y volví a sentarme a sus pies en el sofá. El estaba contento y me acarició como un perro. Quedamos para esa tarde y nos despedimos.
Cuando terminé de comer le mandé un sms y quedamos en el Centro Comercial Citta para tomar un café y un trozo de tarta. Llegué lo más rápido que pude, dejando el material en el coche. Con El estaba el amigo con el que se va de viaje y con el que había venido. Nos presentó y tuve que asumir una actitud normal porque no sabía hasta donde conocía su amigo nuestra relación. Llegamos al café Viena y nos sentamos. Había poca gente pero todos nos hicieron una radiografía. Pedimos y estuvimos hablando amigablemente. Como no sabía cómo comportarme probé un trozo de tarta pero luego pensé que incluso con su amigo presente era un esclavo así que esperé. En unos segundos me miró y con un movimiento de ojos me dio permiso para empezar. Fue como si poseyera el don de la telepatía porque lo entendí enseguida. Al terminar su amigo se fue al apartamento y nosotros nos quedamos mirando la tienda que está al lado del café. Está muy orientada al leather y disfrutamos mucho viendo libros y arneses. Como descubrí que había sido su cumpleaños, le pedí permiso para comprarle un regalo. Se mostró reticente pero aún así compré unas esposas y un par de pañuelos grises, del código de pañuelos. Representan el bondage pero también la sumisión.
Al salir salimos al apartamento y nos metimos en la habitación. Me ordenó sacar todas las cosas y se sorprendió de que todo aquello cupiera en la mochila. Me ordenó desnudarme y ponerme de rodillas. Me acarició y me besó. Luego me puso el collar y me enfrentó conmigo mismo en el espejo. Yo de rodillas con el collar, El de pie con su mano encima mia. Esto se repetiría varias veces durante la tarde. Luego me tapó los ojos con el antifaz, y también me puso la mordaza. Me dejó allí mientras oía abrir el ropero y sacar cosas. Supuse que se estaba poniendo la ropa de cuero. Efectivamente cuando se acercó la llevaba puesta. Me quitó la mordaza y comencé a lamerle todo el cuerpo, concentrándome en las axilas. Jugamos un rato en este plan. Luego me subió a la cama y me puso las esposas que acabábamos de comprar. Más que subirme me tumbó en ella. El se tendió boca arriba y yo me acurruqué a su lado. Estaba apoyado en su hombro, con las manos esposadas a la espalda. Entonces dijo:
-¡Cómeme la polla!
Yo me arrastré hasta más o menos donde pensé que estaba su polla y tenté hasta que la encontré. Me la metí en la boca y comencé a comérsela. Me encanta la sensación de cuando de va endureciendo a medida que la meto y la saco. En esta ocasión también me sujetó la cabeza y me fue guiando según sus ganas. Primero fue lento, luego aumentando la velocidad, luego más lento y así. Yo notaba el roce del cuero en mi mejilla. Entonces paró y me levantó . Me ató las piernas y luego las unió con una cuerda a mi collar. Tiró y tiró hasta que tuve que doblarme y colocarme encogido, con las rodillas en el pecho. Luego pasó la cuerda por la entrepierna y la ató a las esposas. Estaba inmovilizado. Así, con mucho esfuerzo, me levantó. Quedé en una postura inestable, soportado solo por las rodillas y la cabeza, pero con el culo expuesto, que creo era su objetivo. Aún así no podía abrirlo mucho porque había apretado las cuerdas de mis pies. A pesar de eso comenzó a jugar con él metiéndome los dedos. Yo notaba las esposas haciéndome marcas en mis muñecas por la tirantez de las cuerdas, pero no podía evitar gemir de gusto. Así estuvo un buen rato hasta que me soltó. Me ordenó que me vistiera y salimos a la terraza a tomar el aire. Estaba atardeciendo y no hacía demasiado calor. Estábamos allí cuando apareció su amigo para despedirse ya que iba a cenar. No había caído en la cuenta de que él había estado todo el rato en el apartamento. Durante el rato que estuvimos en la terraza hablamos de varias cosas y fue muy agradable. Al rato entró y yo fui detrás. Se sentó en el sofá y repetimos lo de por la mañana. Yo, de rodillas, a sus pies, hablando con El y diciéndole lo mucho que le había echado de menos y cómo deseaba servirle y obedecerle. Al rato se levantó y me quedé allí, de rodillas. Cuando volvió se había puesto las botas y el pantalón de cuero. Yo me agarré a su pierna, no deseando soltarme nunca. Yo sujetaba su pierna derecha, El levantó la izquierda y la puso sobre la mesa. Su negra bota quedaba completamente visible. Lo miré y El mantuvo mi mirada. No hizo falta nada más. Me lancé sobre la bota a lamerla, a limpiarla para El. No necesita limpiabotas, tiene la lengua de este pobre perro. La limpié por arriba completamente: punta, empeine. Entonces me volví y lo miré. Su cara me pareció que mostraba una mezcla de intriga y curiosidad, pero también de excitación. Y entonces lo hice: comencé a lamer la suela, y no lo hice cuidadosamente ni con asco. Saqué toda la lengua y la pasé por la suela desde la punta de abajo hasta arriba. Su curiosidad se volvió sorpresa y su intriga satisfacción, me señaló con el dedo para que me dijo algo que se me quedó grabado en mi interior: “A veces pienso que no eres capaz y luego me sorprendes haciéndolo”.
Efectivamente en circunstancias normales no hubiera lamido las suelas de las botas. no me gusta porque me parecía antihigiénico. Sin embargo con El no me importa. Realmente sigo sin ser capaz de lamer suelas. Soy capaz de lamer sus suelas. El matiz es crucial.
Entonces volvió a ponerme las esposas y me llevó a la cocina. El apartamento tenía una barra, que estaba a la altura justa. Me tumbó y me penetró. Las sensaciones me inundaban y yo sentía un gusto increíble. Como otras veces se puso los guantes y sujetaba mis manos esposadas para seguir el ritmo, tirando de ellas. Paró. Entró en la habitación y salió con una vela roja, muy grande que encendió delante mia. Cuando la cera cayó por mi espalda gemí ligeramente y respiré hondo. La cera siempre produce en mi una mezcla de dolor y placer sutil; ni mucho ni poco. Echó varios chorros de cera por mi espalda y mis nalgas. Yo apretaba los puños y respiraba profundamente pero no grité ni una sola vez, ni supliqué que pasara ni nada por el estilo. Aguanté y estoy orgulloso de ello. Cuando dejó de echarme la cera me la fue quitando poco a poco con un cuchillo. Luego comenzó a tomarme de nuevo, empujándome contra la barra. En un momento dado me dio poppers y perdí la compostura completamente. Mis movimientos se hicieron más fuertes y rápidos, hasta el punto de que lo empujé hasta la pared y era yo el que me movía mientras El estaba allí quieto. Luego me hizo agacharme de rodillas, con la cabeza en el suelo, todo eso sin sacar la polla. Siguió follándome incluso cuando me tumbó completamente en el suelo. Estábamos así cuando dijo:
-No te quiero oir.
Inmediatamente callé y no dije nada más mientras me follaba. Ni gemí. Me penetró varias veces y entonces paró. Me levantó del suelo a duras penas porque seguía con las manos esposadas. Me puso en el sillón, de rodillas y con el pecho apoyado en el espaldar. Las gotas de sudor corrían por mi cara cayendo al suelo. Entonces ató mis pies a las patas del sillón. Lo hizo de una manera fuerte y concienzuda. En poco tiempo mis piernas quedaron bien sujetas y no las pude mover. Mi culo me escocía hasta el punto de dolerme. Temí haberme hecho daño como aquella vez en Tenerife. El cogió otra vez la vela y volvió a echarme cera por encima y otra vez resistí, me mostré fuerte y no emitía gemido alguno, seguía queriendo que estuviera orgulloso de mi. El dolor de culo se hizo más intenso y entonces se lo dije, le comuniqué lo que estaba sintiendo. Entonces me quitó la cena que me había echado y me acarició, dándome algunos golpes. Me fue moviendo hacia atrás hasta que quedé sentado en el suelo y el sillón encima mia. El se acercó y me metió la polla en la boca. Comencé a comérsela, cada vez más fuerte. Las esposas hacían que estuviera en una postura inestable. Entonces me las quitó y pude apoyarme con las manos mientras seguía metiendo su polla en mi boca. Así estuvo un rato hasta que pasó. Entonces me ordenó que me desatara los pies. Tardé un buen rato porque las cuerdas estaban muy fuertes y los nudos eran complicados. El se impacientaba y me gané algún golpe en la cabeza por mi tardanza. Cuando conseguí liberarme me llevó otra vez al sofá donde se sentó y yo me puse a sus pies, apoyando mi cabeza en su rodilla. Hablamos un poco más. Se interesó como había vivido todo y qué tal estaba. Esa preocupación suya me encanta.
Luego se levantó y me ordenó que recogiera todo mientras Él iba al baño. Así lo hice y me permitió darme una ducha. Luego se la fue a dar El y me ordenó quitarle las botas. Aunque el primer intento salió algo fallido en las otras dos tuve mucho éxito y las botas salieron fácilmente, tanto que me dijo:
-Ya sabes quitar unas botas ¿eh?- aquello me llenó de satisfacción.
Cuando salió del baño y se vistió estaba increíble: pantalón vaquero, camisa de fred-perry negra con líneas grises y botas, brillantes, limpiadas con mi lengua. Me arrodillé ante El y le pedí que se quedara con mi collar marrón, el que solemos usar en nuestras sesiones, para que vea que nadie más lo usa conmigo. El me miró y dijo:
-No, este collar, el marrón, es tu collar. Lo tendrás tú y cuando estés solo te lo pondrás, y te masturbarás con él pensando en mi.
Aquellas palabras me impactaron. Ahora tenía dos símbolos de mi sumisión: el collar que debía ponerme para no olvidar a quien pertenezco y el pañuelo gris al que pegó la etiqueta de entrada a Folsom que estuvo en Berlin.
Salimos fuera y me acompañó al coche. Estaba realmente increíble. Hablamos de nuestro próximo encuentro y entonces, de forma inesperada para El, me arrodillé y le besé las botas. Cuando me levanté estaba sonriendo y me dijo:
-Tienes que hacer esto de nuevo en el yumbo.

Con estas palabras retumbando en mis oídos me fui, sabiendo que estaba cruzando unos límites que me costaría volver atrás, si algún día volvía. Hay algunas fronteras que se cruzan y sabes que no tienen vuelta atrás.

Sobre la sumisión

no sé como lo consigue pero cada vez que saca un tema es como si abriera una compuerta que luego no pudiera cerrar. desde que El me habló de la humillación no paro de darle vueltas al tema. cada vez que mi mente no está ocupada en otra cosa, vuelve a lo mismo y lo intento ver desde muchos puntos de vista. una cosa que me gusta hacer a menudo es ir al diccionario para ver de qué estamos hablando. en el de la Real Academia humillar se define como:
humillar.
(Del lat. humiliare).
1. tr. Inclinar o doblar una parte del cuerpo, como la cabeza o la rodilla,
especialmente en señal de sumisión y acatamiento.
2. tr. Abatir el orgullo y altivez de alguien.
3. tr. Herir el amor propio o la dignidad de alguien.
4. tr. Taurom. Dicho de un toro: Bajar la cabeza para embestir, o como
precaución defensiva. U. t. c. intr.
5. prnl. Hacer actos de humildad.
6. prnl. Dicho de una persona: Pasar por una situación en la que su dignidad
sufra algún menoscabo.
7. prnl. ant. Arrodillarse o hacer adoración.

me parece que salvo la acepción 4 todas pueden ser aplicadas a una relación D/s. especialmente interesantes me resultan la 2 y la 3 por cuanto me parecen herramientas imprescindibles para el entrenamiento de un esclavo, que no debe ser altivo ni orgulloso, al menos delante de su Amo, ni tener amor propio o dignidad. aquí radica la diferencia entre la humillación verdadera y la que no lo es. no por hacerlo públicamente el orgullo o la dignidad de alguien se resiente, a veces es justo lo contrario. en determinados bares el tener una actitud aparentemente humillante puede ser interpretado como un signo de superioridad o aumento de la dignidad. otros esclavos sentirán envidia y algunos amos pueden valorar ese comportamiento. sin embargo si se hace privadamente casi seguro que el efecto es más profundo. desde luego “abatir el orgullo y la altivez de alguien” no es algo externo, sino algo que ocurre en el interior del sumiso, aunque tenga efectos exteriores. no me parece que sea, por tanto, el entorno lo determinante, sino lo que pasa en el interior del esclavo. a veces es un gesto intrascendente.
he reflexionado sobre las veces que me he sentido auténticamente humillado en el tiempo que llevo sirviéndole y tres momentos han salido a la superficie de forma evidente. los tres fueron iguales: Usted me pegó una cachetada por haber hecho algo mal. la primera fue cuando en la ducha cogí la toalla que no debía; la segunda cuando no llevé terminados los objetos de cuero en nuestro último encuentro, y la tercera fue cuando miré la etiqueta de los objetos quev había utilizado para inmovilizarme las manos. Usted me ha golpeado másfuertemente, pero no más profundamente. esas han sido las tres ocasiones en las que me he sentido más humillado y en las que he visto hundirse mi orgulloy altivez. hoy le doy gracias por ello y le suplico que me siga mostrando el camino para someterme a Usted.

esta experiencia me hace comprobar que no es necesario estar en público para ser profundamente humillado.

Tomando posesión II

Apenas dormí dos horas seguidas esa noche. Me despertaba cada dos por tres dolorido y buscando una postura más cómoda que nunca encontraba. Además con cada vuelta la cadena se apretaba más y oprimía mi garganta, con lo cual me despertaba y volvía a empezar. El resultado fue que me desperté más agotado de lo que me acosté. Tenía agujetas de la sesión del día anterior y de mis últimos días en el gimnasio. En cuanto se dio cuenta de que estaba más o menos despierto, mi Amo tiró de la cadena para subirme a la cama y me abrazó. Yo comencé a lamerle los pezones y aquello le puso porque se levantó y me puso otra vez sobre la cama a cuatro patas mientras me volvía a untar con lubricante y otra vez la embestida inicial me hizo caer hacia delante. Aún así mi culo parecía haberse adaptado a su polla, que entró sin demasiada dificultad. Entonces comenzó a follarme y otra vez lo hizo de forma ruda y directa, aumentando el ritmo cada vez más fuerte. A medida que avanzaba y me la metía más y más yo iba entrando y participando con mi movimientos. Una cosa que le encanta es sacarla, esperar dos segundos y meterla y de pronto hasta el fondo, y repetirlo un par de veces. Cuando se cansó de tenerme en la cama tiró de la cadena que aún llevaba al cuello para levantarme y me volvió a penetrar estando de pie. Luego me puso sobre un aparador que estaba en un extremo de la habitación, bajo un espejo. Al levantar la vista nos vi, a El con cara de vicio follándome y a mi con cara de cerdo, siendo follado. Cuando se dio cuenta de que lo veía tiró de la cadena asfixiándome. El aire comenzó a faltarme y tuve que utilizar las manos para hacer un hueco que me permitiera seguir respirando. Aquello le excitó aún más, aumentando las embestidas que pegaba. De nuevo el tiempo volvió a desaparecer porque no sé cuanto duró. En un momento dado volvió a subirme a la cama y me ató las manos a la espalda con una cuerda, de forma que tuve que mantener la cara pegada a la cama y el culo levantado. Así volvió a follarme otro rato. Mis gemidos debieron aumentar, sin que yo me diera cuenta, porque paró y me puso una mordaza de bola, ante de seguir abriendo mi culo que ya empezaba a no sentir como mio. Igual que el día anterior paró, e igual que el día anterior, me quedé sudando, con el culo levantado, las manos atadas y la bola dentro de la boca impidiéndome hablar. Fue al baño y cuando volvió dijo:
-¡Desátate y vístete!.
Como esperaba un castigo serio si no obedecía comencé a agitarme para intentar liberarme de mis ataduras, cosa que conseguí en relativo poco tiempo. No es por nada pero soy muy bueno en eso, como demostré varias veces el fin de semana.
En pocos minutos estaba preparado y listo y fuimos a desayunar. Me sentía completamente agotado, un poco hundido, como en estado de shock. Entiendo perfectamente cómo las sectas consiguen todo lo que quieren de sus adeptos con la falta de sueño. En aquel momento todo me afectaba, estaba hipersensible y me sentía emocionalmente indefenso. Hubiera obedecido en todo sin rechistas. Desayunamos bien y ya eran las diez de la mañana cuando comenzamos.
En cuanto terminamos volvimos al apartamento y de allí fuimos a dar una vuelta por las Américas o los Cristianos, no recuerdo porque no conozco la zona. Compré algo de fruta para cenar y algunos yogures en el supermercado mientras El iba a la farmacia. Compró unos tapones para los oídos. Tomamos un café y volvimos al complejo. Cuando llegamos el ritual volvió a comenzar. Yo desnudo y El sentado delante del ordenador, conmigo a sus pies, con la cabeza apoyada en las rodillas. Esto duró pocos minutos porque inmediatamente me volvió a meter entre sus piernas y en pocos segundos le estaba comiendo la polla otra vez. Cuando estuvo excitado, cosa que ocurrió pronto, me levantó, me puso el collar y luego los tapones en los oídos. A continuación me puso la venda y luego me colocó la capucha de cuero negro. Me hizo comérsela otro rato a través del orificio de la boca de la capucha. Yo hacía tiempo que había perdido el sentido del tiempo y ahora, completamente cegado y sin oír la sensación era muy extraña. Sólo sentía ese pitido incómodo que aparece cuando todo es silencio. Aunque a veces movía la cabeza porque creía haber oído algo pero no estaba seguro, o sencillamente eran mis sentidos que me engañaban.
Volvió a utilizar los palos con orificios de metal a los lados y en el centro. Me abrió las piernas y tras cerrar las tobilleras las enganchó a los extremos de un palo. Lu ego hizo lo mismo con las muñequeras a otro palo que puso a mi espalda y que sujetaba con los codos, obligándome a tener los brazos doblados. Casi no podía caminar pero aún así a pequeños pasos me llevó hasta el piso de abajo. Volvió a untarme el culo con lubricante y volvió a follarme. Igual que las otras veces me cambiaba de postura. Yo solo podía concentrarme en mi respiración y en lo que sentía porque ni veía ni oía absolutamente nada.
Entonces paró y comenzó a tocarme los pezones, a apretarlo cada vez más fuerte. Yo podía haber gritado pero me contuve. Hice el firme propósito de que, cuando me quitara la capucha y la venda, podría mirarlo fijamente a los ojos demostrando que era un tio y no una marica loca, que era un hombre, que podía soportar el dolor, así que aguanté. Decidí ganarme su respeto. Pensé que iba a rendirme pronto pero yo mismo me sorprendía de cómo integré el dolor, porque el dolor siguió. Primero me puso pinzas de la ropa en los pezones, luego me las colocó en los brazo y en los costados y al final en los huevos y la polla. Las oleadas de dolor me recomían peroyo aguantaba respirando profundamente. Incluso durante un segundo me pareció no estar allí. Antes de volver a follarme las quitó todas menos las de los huevos. A cada embestida yo notaba cómo se movían y rozaban mis mulos. Las sensaciones eran tan intensas que no sabía si estaba gozando o sufriendo, si ambas cosas a la vez o ninguna. El hecho es que me puse a respirar y respirar y me centré en eso y, extrañamente, se hizo más profunda y calmada. Cuando eso pasó fui yo quien comenzó a embestirlo a El, quería su polla dentro de mi, que se quedara allí dentro, que tomara posesión de lo que era suyo. Ser follado, especialmente si estás atado, cegado, inmovilizado por un par de palos es para mi uno de los mayores signos de sumisión. Siguió follándome no sé cuánto tiempo pero yo no veía nada, no oía nada, no podía moverme sino cuando EL me cambiaba de postura. Realmente me sentía nada en sus manos, en aquel momento no existía nada más.
Cuando terminó me desató y me llevó arriba. Yo seguía con la capucha puesta y tenía que depender completamente de EL para subir las escaleras. Cuando llegamos me quitó todo. Lo que más se me ha quedado marcado es la sensación de aire fresco que corría por mi cara. Al quitarme los tapones la sensación fue aún más extraña. Me sentó a su lado mientras descansaba. Yo solo llevaba puesto el collar; El sus pantalones de cuero y sus botas. Yo estaba allí, a un nivel más bajo, esperando. Entonces El estiró la pierna y yo supo lo que significaba. Me acerqué y comencé a lamerle la botas. Sacaba toda la lengua y recorría con gusto la superficie de la bota. Cuando hube recorrido toda la bota me situé delante de El y, mirándole fijamente a los ojos, comencé a lamerle las suelas. Lo hice sin dudar y con toda la boca. El sabe que no es una práctica que me guste hacer pero se lo ofrecí como muestra de mi sumisión y El pareció entenderlo así porque inmediatamente puso cara de gusto. Continué con la otra bota e hice lo mismo. Cuando hube terminado me llamó hasta El moviendo el dedo y cogiéndome por el cuello me metió la lengua hasta el fondo. Yo me dejé hacer, me abandoné a su poder sobre mi.

Tomando posesión I

Habíamos acordado pasar junto el fin de semana. Yo tenía un billete de barco que tenía que utilizar así que fui a Fred Olsen y me embarqué a Tenerife. El viaje fue regular porque me mareé un poco a pesar de que el mar estaba en calma. Cuando llegué no lo vi. Estaba un poco despistado porque siempre había viajado en avión y la terminal del barco era desconocida para mi. Al final lo vi y me hizo una seña, sencilla, casi imperceptible, pero autoritaria, imposible de ignorar. Comenzó a caminar y yo fui detrás. Nos saludamos ligeramente y abrió la furgoneta. No traía el coche de siempre sino una furgoneta nueva azul. Me ordenó subirme detrás mientras El arrancaba. Me sentía extraño atrás, como entre castigado y pasajero ajeno a aquello. Me costaba sobre todo hablar con El en ese lugar. Al principio me sentí tenso pero en cuanto enfilamos dirección sur y hablamos dos o tres cosas parecía como si no nos hubiésemos separado. Estuvimos todo el camino hablando, renovando el vínculo. Por supuesto yo estuve educado y sumiso, mostrándole mi respeto. Ninguno de los dos habíamos comido así que nos paramos en un bar a comer. Seguimos hablando de varias cosas, casi todas relacionadas con el bdsm y nuestra relación en concreto. La comida estaba estupenda pero no pude terminarla porque el barco me había dejado el estómago revuelto.
-Come porque hoy no vas a cenar- me dijo.
Pero aún así no pude comer. Reemprendimos viaje al Sur, donde llegamos poco tiempo después. Tardamos poco en instalarnos. Ya era tarde y el supermercado del complejo iba a cerrar. El apartamento era una especie de duplex. A la entrada estaba la cocina y un salón bastante amplio con balcón. Debajo había un dormitorio, también grande, con terraza, y un baño. Habíamos dejado las cosas en el dormitorio cuando me dice:
-Vete a comprar lo que haga falta para la cena.
Inmediatamente puse cara de espanto porque cocino fatal y además hacían falta muchas cosas para poder hacer cualquiera de los limitados platos que me salen. Junto con mi cara de espanto se me ocurrió decir un “pero” y antes de que me diera cuenta me había llevado una enorme bofetada que me dolió y avergonzó a partes iguales. Todavía con la mejilla roja y la cabeza gacha salí a comprar algo para cenar. Opté por unos spaguettis y una salsa boloñesa preparada. Cuando volví había sacado el ordenador y estaba haciendo alguna cosa. Coloqué las cosas en la cocina y fui hacia él. Le dí los dvds que había grabado con películas y me dijo que le enseñara lo que había traído. Desde hace algún tiempo he cogido el hobby de hacer cosas de cuero, especialmente artefactos de bondage y cosas así. El problema es que me había quedado sin material y no había podido terminar lo que me había propuesto llevarle. Le mostré las cosas y le expliqué por qué muchas no estaban terminadas.
-Eso son excusas tontas- dijo El.
Y entonces comprendí que iba a castigarme de nuevo por hacer algo mal así que, lentamente me quité las gafas y las puse encima de la mesa. No habían pasado ni tres segundos cuando un nuevo bofetón me cruzó la cara. Aquellos castigos me producían mucho daño, no tanto por el dolor físico, que si, sino porque eran auténticos castigos por haber hecho algo mal, por no haber sido diligente, por haber cometido un error.
Tras esto me ordenó quitarme la ropa. No volvería a estar vestido en su presencia, salvo cuando saliésemos a la calle. Me colocó el collar, las muñequeras y la tobilleras. Se sentó y metió
mi cabeza entre sus piernas. A través del pantalón vaquero pude oler su polla y sentirla dura mientras se la lamía. Luego se la sacó y comencé a comérsela. Aún estaba suelto, a cuatro patas, delante suya, comiéndole su polla de todas las formas posibles. El muchas veces me llevaba, aumentando o reduciendo la velocidad y la profundidad. Así estuvimos un buen rato. Entonces se levantó y me tapó los ojos con un antifaz. Noté que El bajaba al piso de abajo. Al rato volvió a subir. Se había puesto unos chaps de cuero y un suspensorio. Lo noté cuando volvió a meter mi cara entre sus piernas. Me obligó a lamerle el suspensorio y luego, otra vez, su polla. Esta vez me engancho las manos y los tobillos con sendos candados. Me sentía tremendamente humillado y excitado. No se cuanto tiempo pasé allí así, comiéndole y lamiéndole. Solo recuerdo que en un momento dado me levantó y sujetándome por el cuello me llevó a trompicones al piso de abajo. Yo estaba con los ojos tapados así que me era imposible ver nada. Me quitó los candados y me subió a la cama donde me puso a cuatro patas y me ató los pies sujetándome a las patas de la cama. Mi culo quedaba expuesto y supe lo que vendría a continuación. Mi intuición se confirmó cuando noté algo frío en un orificio. Me estaba poniendo lubricante, y no sólo por fuera sino que lo metía con varios dedos, con lo cual era como si hubiera comenzado a follarme ya. Sin embargo ese sólo era el preámbulo. La primera embestida fue muy dolorosa, pero la hizo sin compasión. Yo intenté ir hacia delante pero no pude al estar atado por los pies, una postura que se repetiría varias veces el fin de semana. Me concentré en mi respiración para no gritar. Las siguientes fueron igual de profundas pero el dolor fue sustituido paulatinamente por el placer. El lo hizo en silencio pero yo pronto tuve que gemir y decir guarradas. Soy un perro y un cerdo y cuando me están follando no puedo dejar de decirlo. La venda de los ojos evitaba cualquier distracción. Sólo existía aquella polla entrando en mi. El calor hizo que pronto estuviera sudando a goterones y la excitación que contribuyera con movimientos cada vez más fuertes e intensos. La cama pronto comenzó a golpear la pared mientras él seguía embistiendo. El tiempo se detuvo, o pasó volando, no lo sé, perdí completamente la noción de todo. Solo había oscuridad y mi Amo poseyéndome. De pronto paró. Lo oí moviéndose hacia el baño mientras yo me acurrucaba en la cama, sudoroso, dolorido, extenuado. Volvió del baño, me desató y me quitó el antifaz. Se había quitado los chaps y se había vestido con ropa veraniega.
-Recoge esto- dijo- y cuando vuelva quiero tener la cena preparada.-Y se fue.
Rápidamente hice todo lo que me mandó. Primero me desaté los pies y recogí y me puse a preparar la cena, que por cierto fue un desastre. Los spaguetti se me pasaron un poco y la salsa boloñesa, de bote, estaba horrible. Aún así cuando llegó tenía todo preparado y le serví un plato.
-Esto es mucho para mi-dijo. Entonces me llamó a su lado para que me pusiera a cuatro patas. Así lo hice y cogió otro plato y puso parte de sus spaguettis. Me lo dio y dijo:
-¡Come!
Puso el plato en el suelo y comencé a comer como el perro que soy. Aquello pareció no gustarle porque me puso la pierna encima y presión mi cara contra el plato lleno de spaguettis con salsa boloñesa hasta que me faltó un poco el aire. Notaba toda mi cara manchada pero terminé el plato. Cuando me senté sobre los tobillos para indicar que había terminado dijo:
-Ahora limpia este- Y me colocó el suyo delante.
Cuando terminé me ordenó recoger todo y me dio permiso para limpiarme la cara. Luego me senté en el suelo a su lado mientras veía las películas que le había traído. Al rato me llevó de nuevo abajo. Al lado de la cama puso una manta doblada. Alrededor del cuello me puso una cadena muy gruesa que cerró con un candado y me dio una almohada mientras señalaba el suelo. Allí dormiría esa noche mientras él sujetaba el extremo de la cadena. Allí me tumbé y dormí.

Dominio a distancia

Ayer me llamó el Amo desde tenerife y estuvimos hablando un buen rato. La conversación fue intensa. Se mostró a la vez que comprensivo muy estricto. Me dio algunas claves para interpretar el fin de semana, como que el domingo notó un cambio en mi. Dijo que había visto dos caras y que al final había triunfado la correcta. Y que para él eso era suficiente. También dijo que esto era lo que quería, alguien que incluso en la distancia sintiera la fuerza de su control pero que nadie lo supiera, que todo el mundo me viera como un tío normal trabajando o estudiando y luego al llegar a casa me metiera en una mazmorra. Que no necesitaba nadie con pinta de skinorro y que si había que demostrar algo en público, él decidiría cuando y cómo. Le planteé que me gustaría progresar no sólo físicamente sino dejar de ser pusilánime y aceptar y asumir el dolo. Dijo que esa era uno de sus objetivos, convertir esto en una actitud frente a la vida y durante las sesiones. Me volvió a recalcar que quería estar informado de todo. Ambas cosas las dijo muy muy serio, como dejando constancia no sólo de que no estaba bromeando sino que eran cosas muy importantes para él. Me gustó mucho que dijo que el fin de semana se le pasó volando, que cuando se daba cuenta habían pasado las horas y que se le quedaron muchas cosas en el tintero por hacer, como a mi. Lo más curioso de la conversación fue la influencia que ejercía, cómo decía las cosas y yo las aceptaba y además sabía que las iba a cumplir. Su poder sobre mi es muy fuerte. Por ejemplo le pregunté sobre las relaciones vanilla y me dijo que también para ellas necesitaba su permiso, que tenía permiso para sali con amigos siempre que él no estuviera aquí pero que si quería que ocurriese algo necesitaría su permiso. Noté como la conversación era otra vuelta de tuerca, apretar un poco más el collar. Y ¡Dios, como me gusta que lo haga! Le pregunté también sobre lo de actuar como amo y me dijo lo mismo pero además que él quería estar presente. Aquello me produjo cierto nerviosismo por lo de estar presente. En cualquier caso le dije que no iba a intentar siguiera hacerme o ir de dominante con él, que sólo sería sumiso, aparte de porque no quería ganarme una paliza, y es perfectamente capaz de dármela como ha prometido, porque perdería cierto respeto a mis ojos y ahora que he encontrado a un amo como él no pienso dejar que ocurra nada que lo estropee al menos conscientemente. Realmente tiene todo lo que buscaba, lo bueno y lo malo. Me toco el cuello esperando sentir el collar. Es increíble. Lo curioso es que creo que nunca podré llamarle “Amo” ni él podrá llamarme “esclavo”. Para que eso pudiese ocurrir no debe haber nadie más. Tendría que estar solo y el grado de implicación debería ser mucho mayor y no lo es así que…. hasta el momento tendré que conformarme con esto, que no es poco, y esperar a ver cómo se desarrollan los acontecimientos. Este fin de semana fantaseé con qué hubiese pasado si llegamos a conocernos antes, hace 4 años. Tal vez nada, a lo mejor él estaría liado o yo no querría tanto un Amo, o no habría evolucionado como ahora. El hecho es que nos encontramos cuando nos encontramos y hay que asumir eso así. No tiene sentido ahora preguntarse ¿Qué habría pasado? Casi estoy por no preguntar ¿qué pasará? Quiero dejar que las cosas sigan su curso, a ver qué pasa. Recordando ahora el dolor del fin de semana me parece poco, como si pudiera haber soportado más y mejor, como si hubiera podido llegar más lejos y no lo hice por miedo y por pusilánime, por cobarde, vaya. Tuve miedo y hoy habría ido con el cuerpo dolorido, pero con la cabeza bien alta y la seguridad de la autoafirmación. Disciplina, disciplina, disciplina. Un concepto que estaba olvidando por la comodidad. De ser un tirano de mí mismo he pasado a ser un licencioso de mi mismo ¿cómo soportaré una sesión donde haya dolor de verdad? ¿latigazos, cinturones, pinzas, cera? ¿seré lo suficiente hombre como para soportarlo? La experiencia me dice que debo estar muy en mi papel, muy centrado y orientado hacia mis objetivos para conseguirlo. De eso se trata, de tener muy claros los objetivos e ir hacia ellos con trabajo y determinación, sin dejar que el cansancio me abata. Hasta ahora mis objetivos eran muy inalcanzables porque no dependían de mi, pero debo cambiarlos y centrarme en mi, en aceptar lo que soy y hacia donde quiero ir, que no significa ir a donde quiere la gente que vaya. Y todo esto aderezado con confianza, mucha confianza de que puedo hacer lo que me proponga con esfuerzo, trabajo y disciplina. Esfuerzo, trabajo y disciplina, esfuerzo, trabajo y disciplina, esfuerzo, trabajo y disciplina. El bdsm tiene mucho de esto. Me gustaría poder soportar el dolor, no aceptarlo como placer, cada vez veo más claro que no soy masoquista, sino como una forma de madurar, de configurar mi carácter y hacerlo a esta dinámica del esfuerzo, trabajo y disciplina, esfuerzo, trabajo y disciplina. El dolor no me producirá placer pero sí que me ayudará a soportar más dolor y entonces podré seguir adelante y afrontar lo que venga con entereza y confianza. No se si Amotenerife me puede ayudar a esto, espero que si.
Otra de las cosas que me dijo es que podría hacer de amo, pero que seguro seguro yo era sumiso. Por mi forma de comportarme, por mis ideas, por mis pensamientos, por lo que decía, yo era sumiso. Otra cosa que me gustó fue cuando se refirió a mi mirada, volvió a decir que se me notaba todo en la mirada, que él la leía y veía muchas cosas. Utilizare ese vehículo de expresión y con él lo haré a menudo porque además de entenderlo creo que le gusta mucho como forma de comunicación. Recuerdo que me dijo una vez que buscaba a un perro con una forma de mirar específica. Y creo que vislumbró algo de ello este fin de semana.
Ir a la barra de herramientas