día 3313 de esclavitud, 1285 de castidad

a pesar de lo que pueda parecer el objeto es un ser austero. sólo compra ropa un par de veces al año y normalmente cuando lo necesita. hoy ha sido uno de esos días. pero ha habido una particularidad. el objeto se despertó temprano y se puso delante del ordenador. pasó la mayor parte del tiempo leyendo un grupo de fetlife denominado irrevocable captivity. su nombre ya lo indica todo, cautividad o cautiverio irrevocable. leyendo las entradas y discusiones de Amos/Amas y esclavos o esclavas que buscaban una sumisión y esclavitud sin posibilidad de marcha atrás, de ser liberados nunca, el objeto se dio cuenta de cómo había fallado al Dueño en las últimas semanas hasta el punto de ocurrir lo de ayer, que el Dueño sintió al objeto lejos, perdido, descentrado.
en cuanto pudo hablar con el Dueño suplicó su perdón por ese comportamiento e hizo propósito de enmienda. cuando alguien, o en este caso algo, comete un pecado o una falta, hay que confesarla, proponerse no volver a hacerlo y ponerle remedio. así lo ha hecho el objeto volviendo al micromanagement que se había relajado un poco, y proponiéndose actualizar el blog lo antes posible.
el objeto suplicó al Dueño permiso para ir a comprar unas camisas, y le sorprendió la respuesta. el Dueño decidiría si eran convenientes y si se la compraría o no. como el objeto iba a ir acompañado aquello le pareció un poco incómodo, porque nunca lo había hecho y no sabría cómo podría hacerlo. el hecho es que llegó al centro comercial del mirador y entró en h&m buscando camisas. encontró algunas y fue al probador. se sacó foto y la envió al Dueño con quien mantuvo una conversación. si quedaban cómodas, el precio y cosas así. las primeras eran un poco estrechas así que el Dueño dijo que no. el proceso se repitió en un par de ocasiones y al final el objeto compró cinco polos: uno negro, dos grises y uno azul marino. “Oscuros, como quiero que sea tu ropa”, dijo el Dueño. “Además el azul es mi color preferido”, sentenció.
a continuación fue el objeto a otra tienda donde encontró unas camisas vaqueras, que andaba buscando. se las probó y resultó que todas le quedaban bien. mandó foto al Dueño diciendo que si eran de su agrado, porque eran un poco un cambio con respecto al estilo del objeto. el Dueño dijo que mucho y que pegaban con las botas que lleva el objeto permanentemente, así que las compró también cuando el objeto concedió el permiso. durante todo el proceso el objeto se sintió profundamente sometido, controlado, en definitiva feliz. y entonces supo como sería a partir de ahora y en caso de que hubiera sido con el Dueño. El recorrería la tienda, cogiendo lo que le gustase mientras el objeto detrás, iría cogiendo para luego probárselo. El daría el visto bueno y pagaría. podría hacerse sin que el objeto dijera una sola palabra. no tendría, porque no la tiene, capacidad de decisión. hoy los móviles permiten este tipo de control a distancia, y el Dueño lo usa sin ningún tipo de pudor. en el fondo es su derecho, su prerrogativa, un derecho natural e incuestionable.
sumisión en silencio, castidad y obediencia ciega.

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