día 3250 de esclavitud, 1222 de castidad

el objeto durmió igual que ayer, con las botas de goma rojas y los grilletes unidos por delante. estaba tan cansado que el Dueño tuvo que despertarlo. después de desayunar y ducharse el Dueño le dijo que quería que dedicara todo el tiempo posible a leer o escribir, algo que no puede hacer normalmente en canarias. el objeto entró en la celda y a los pocos minutos el Dueño diciendo que quería ponerle una mordaza dura, estricta a ver cuanto conseguía aguantarla.
tras probar varias opciones se decantó por una consistente en una bola pegada a un trozo de cuero. se la puso en la boca al objeto y le apretó bastante hasta el punto de hacerle daño al objeto. salió un segundo y volvió a entrar, uniendo los grilletes a la espalda. la situación fue suficiente para excitar al Dueño que volvió a correrse observando a su objeto atado y amordazado.
-Vas a matarme – fue lo último que dijo entre gemidos. el objeto no pudo contestar porque estaba fuertemente amordazado.
antes de cerrar la puerta con llave, el Dueño soltó los grilletes a la espalda y los unió por delante, permitiendo cierto movimiento. gracias a eso el objeto pudo pasar la mañana trabajando, leyendo y escribiendo como quería el Dueño.
debido a los grilletes el objeto no lleva reloj por lo que el paso del tiempo es un poco extraño. el objeto perdió pronto la noción y no sabe lo que ocurrió a continuación salvo por indicaciones del Dueño.
la mordaza apretaba mucho pero el objeto la aguantó bastante bien pesar de que llegaron a dolerle un poco los dientes y la mandíbula. el Dueño entró de vez en cuando a ver cómo estaba el objeto que seguía amordazado, con los grilletes unidos y las botas de goma rojas que han resultado ser extremadamente cómodas.
en un momento dado, no sabe muy bien cuando, el Dueño sacó al objeto y se tumbó en la cama., ordenando al objeto que le pusiera las botas altas, algo que costó bastante porque, al estar unidos los grilletes, su capacidad de maniobra era mínima. aún así lo consiguió y le Dueño se abrió de piernas y ordenó al objeto que le comiera el culo primero y luego la polla. el Dueño gemía de placer pero no era suficiente.
-Si no me corro tendré que castigarte- dijo, por lo que el objeto aumentó sus esfuerzos.
el Dueño iba llevando al objeto hasta donde quería: a un lado de la cama de rodillas mientras le ponía las botas encima, en la cama con los brazos sobre su cabeza unidos los grilletes, etc. el objeto no era más que un juguete sexual en manos del Dueño. y entonces el Dueño volvió a correrse otra vez.
el objeto estaba tumbado boca arriba, con los grilletes unidos por delante y las botas rojas puestas.
-Vamos a dormir un poco -dijo el Dueño- Baja profundamente, tú abajo porque no eres nada y tienes que estar ahí mientras tu Dueño está arriba.
esas palabras fueron suficientes. después el objeto se enteró, porque se lo dijo el Dueño, que estuvo tumbado dos horas pero no durmió en ningún momento. todo el tiempo estuvo plenamente consciente, cayendo tal y como había ordenado el Dueño. todo ese tiempo cayendo y cayendo en un cada vez más profundo subspace. pronto perdió el control sobre su cuerpo. antes de decirle esas palabras el Dueño le había puesto un antifaz así que estaba sumido en la más profunda oscuridad.
pronto también el cuerpo empezó a quejarse de su inmovilidad y los músculos dolían pero el objeto seguía cayendo más y más, hasta perder por completo la noción del tiempo. los grilletes parecían aumentar de peso pero el objeto no podía hacer nada para evitarlo porque no podía moverse ni un centímetro.
en su caída arrasó con todo. cualquier tipo de resistencia desapareció, cualquier barrera u obstáculo, cualquier impedimento o pero que pudiera tener y no hacía más que repetir: “No eres nada, no tienes derecho a hablar, ni a mirar a los ojos al Dueño”.
dos horas de caída, resultaron mucha caida y cuando el Dueño vino a levantar al objeto se dio cuenta de que estaba muy abajo. primero le quitó el antifaz y le obligó a abrir los ojos, algo que pudo hacer con mucha dificultad.. mientras el Dueño le hablaba para sacarle de ese estado. el objeto notó como dos lágrimas se le caían por los lados de la cara, pero realmente no podía moverse lo más mínimo, ni hablar. era como estar encerrado en un saco de cuero con correas y candados, o fuertemente momificado con cinta americana.
con mucho esfuerzo consiguió que el objeto volviera a poder moverse. sin embargo su mente quedó en ese estado, sin resistencias, vacía, centrada en el Dueño, sin otro pensamiento o pretensión que obedecer.
lo que pasó a continuación no sabe muy bien el objeto por qué fue. el Dueño lo sacó de la cama y lo llevó a la celda donde lo sentó en una silla. el objeto apenas respondía, manteniendo el silencio y la vista fija en el suelo. entonces el Dueño cogió una cadena y la enganchó a los grilletes por detrás del respaldo de la silla, justo dejando los brazos a los lados del cuerpo, pero sin poder separarlos. añadió una mordaza de cinta americana y el antifaz dejando allí al objeto, nuevamente atado y a oscuras.
no sabe el objeto cuanto tiempo pasó pero diría que un par de horas. de tiempo en tiempo aparecía el Dueño para preguntar si estaba bien y decir que “aquello era necesario”, que “aquellas cadenas eran la libertad y la felicidad del objeto”; a lo que el objeto sólo podía afirmar con la cabeza.
el objeto oyó como llegaban unos invitados que tenía el Dueño y pensó lo irónico que era que estuviera allí, encadenado, amordazado y con la jaula mientras el Dueño disfrutaban en otras habitaciones de la casa, de una comida con sus amigos o familiares.
cuando terminó volvió a donde estaba el objeto y le dijo lo orgulloso que estaba de que el objeto hubiera estado así. eso sorprendió al objeto porque no le había parecido mucho tiempo.
el Dueño le quitó la mordaza y el antifaz y lo sacó de donde estaba, le puso las cadenas por delante y se las volvió a unir y añadió el collar de metal que hace juego con los grilletes pero que no le había puesto al objeto hasta ahora. el Dueño estaba excitado y subió los pies del objeto a la cama, atando las botas rojas.
-¡Quiero que te saques la leche y que te duela!- dijo, después de haberle puesto al objeto otra vez la mordaza de por la mañana.
esta vez fue todo muy rápido. el objeto se ordeñó enseguida y se manchó todos los calzoncillos. el Dueño lo hizo casi inmediatamente después.
este viaje, aunque corto, está siendo muy intenso tanto física como psicológicamente. los estados en los que está entrando el objeto por obra del Dueño son más profundos que nunca y el objeto se pregunta si realmente hay un límite para esto.
la noche que llegó, en la hamburguesería hablando con el Dueño se planteó algo así y el objeto preguntó si se podía bajar más, a lo que el Dueño contestó “Aún no he terminado contigo”. cuando el objeto preguntó a que se refería el Dueño sólo peguntó “¿Sabes cuales son los efectos de una lobotomía?”
sumisión en silencio, castidad y obediencia ciega.

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