mini-relatos

minirelato

vio a los dos policías al doblar la esquina en el callejón. tenían los pantalones en las rodillas y uno se estaba follando al otro sin compasión. parecía que quisiera hacerlo desaparecer contra la pared donde estaba aplastado mientras lo empotraba rítmicamente con su polla. uno respiraba profundamente mientras embestía al otro que gemía de placer. antes de que pudiera hacer nada éste lo miró y, sin que el otro se diera cuenta, le sonrió. no pudo evitar empalmarse debajo de sus pantalones.

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-Has desobedecido… y eso es imperdonable.

el esclavo no se podía mover. estaba sujeto de pies y manos y le había amordazado con un pene enorme de plástico que le llenaba toda la boca. lo que más le asustaba, sin embargo, era la tranquiliad con la que su Amo hablaba mientras se acercaba.

con un rápido movimiento metió la llave en el candado de su jaula de castidad e hizo un rápido movimiento rompiéndola en su interior. luego aplicó un poco de pegamento.

-Así aprenderás, perro.

todo había ocurrido en segundos, y el esclavo ni siquiera pudo emitir un gemido.

minirelato

¿habría hecho bien? ¿era una situación segura? a lo primero no podía contestar, a lo segundo seguro que no. había comenzado como un juego contestando un anuncio en internet. pero en cuanto lo ató supo que había perdido el control. ahora estaba amordazado y no podía pedir auxilio mientras el otro se acercaba con una bolsa que iba a ponerle en la cabeza. aún así de lo único que estaba seguro es de que su polla iba a estallar y nunca se había sentido tan excitado.

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cuando lo vio entrar el corazón le dio un vuelco, pero no podía hacer nada. su Amo le había atado y amordazado en medio de la fiesta fetiche anual y los participantes estaban jugando con él. como los demás se acercó y empezó a poner pinzas en los pezones y los genitales mientras lo miraba con una cara dura, de deseo, de dominación. agradeció llevar la capucha pero supo que mañana, en el cuartel, no podría volver a ver a su subordinado de la misma forma.

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en el instituto siempre se había burlado de él, le había insultado y golpeado y en más de una ocasión lo había visto marcharse llorando. sin embargo diez años más tarde, cuando lo encontró en el bar, no pudo sino arrodillarse ante él y suplicarle que lo dominara. había cambiado su cuerpo, su actitud, pero sobre todo su mirada. ahora, atado y amordazado a la cruz sabía que él se vengaría de todo lo que le había hecho. tenía el látigo en la mano y era momento de ajustar cuentas.

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dejó la cartera al lado de la puerta y se quitó el traje en la habitación. allí pudo comprobar como la jaula de castidad que le había molestado todo el día seguía en su sitio. rápidamente se puso el traje de latex y bajó al sótano. recorrió con la vista la mazmorra tan bien equipada que había conseguido pero fue directo a la celda, cerrando la puerta. no tenía llave, así que si el Amo no venía como había dicho no podría salir de allí. esperaba poder ir mañana a trabajar pero sólo podía esperar a quien tenía la única llave apareciera por la escalera.

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estaba en paro y no perdía nada por intentarlo. la oferta era muy sugerente: venderse como esclavo a cambio de pagar todas las deudas y desaparecer del mundo. al principio pensó que era una broma o que podría escapar en cualquier momento. de hecho la esclavitud era ilegal. no podían retenerlo. eso fue hace cinco años y aún seguía encerrado en aquel sótano con la cadena alrededor de su cuello y ya no se le ocurría intentar escapar.

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el conserje pasó por delante y lo miró fijamente. con un ligero movimiento de cabeza desapareció por el pasillo. esperó unos segundos y dejó su despacho de director general, encaminándose al baño. en cuanto entró, el conserje, en un mismo movimiento cerró la puerta y le dio una fuerte bofetada que casi le tira al suelo. luego lo empujó contra la pared y le agarró el cuello mostrándole la llave del candado de su dispositivo de castidad.

minirelato

casi pudo notar cómo la leche caliente llenaba su culo. llevaba muchas horas atado a ese potro que lo mantenía a cuatro patas con el culo abierto y expuesto. había renunciado a gritar o pedir auxilio porque era inútil. estaba sólo con su dolor. le dolían todos los músculos así como las muñecas y los tobillos por las correas. sudaba por todo el cuerpo y sólo pudo esperar hasta que el siguiente lo penetró sin compasión y lo follaba hasta correrse dentro suyo.

minirelato

no oía nada, ni veía nada, pero podía sentir las manos tocándole. algunos se pasaban de la ralla, provocándole un dolor que se transformaba en un gemido a través de la mordaza. no podía controlar nada pero esperaba que el Amo, que lo había atado a esa columna en medio del local en la noche en la que iba más gente sí lo hiciera. se preguntó qué pasaría si le entraba sed quería beber algo o tenía que ir al baño. ¿lo dejaría solo en aquel lugar lleno de Amos y esclavos calientes? volvió a gemir cuando sintió otra mano en sus genitales.

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no le importaba tanto que lo llevara con la correa, o que fuera visible la jaula de castidad entre sus chaps dejando su culo al aire. lo que le daba vergüenza es que todo el bar podía verle y se reían de su situación, aunque algunos también mostraban envidia.

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la celda era de hormigón, sin ventanas, iluminada con fluorescentes. en un rincón había un retrete y una ducha que consistía en un agujero. en el otro extremo un colchón en el suelo. una pared eran barrotes desde el techo hasta el suelo, de forma que el prisionero no tenía intimidad ninguna. al otro lado estaba la mazmorra perfectamente acondicionada con todo lo necesario para someter a un esclavo. tres veces al día el Amo venía a traerle comida, y de vez en cuando se sentaba a ver como el esclavo comía. como no venía a intervalos regulares y las luces no se apagaban nunca, no sabía el tiempo que llevaba allí, pero estaba seguro de que eran varios meses. el contrato de esclavitud que había firmado no tenía fecha de término. eso dependía del Amo.

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sus miradas se habían cruzado varias veces en el bar. ambos todo de cuero, ambos atractivos, en buena forma y cachondos, pero cuando se acercó a poner la mano en su entrepierna y notó la jaula de castidad en su polla, lo agarró por el cuello, lo metió a la fuerza en una cabina, le bajó los pantalones y le folló sin piedad. el puto esclavo gemía como una perra en celo.

minirelato

después de tomarle las medidas y de verle desnudo le trajo un traje completo de latex negro que le fue metiendo después de embadurnarlo de lubricante. le gustó la sensación de irse ajustando al cuerpo apretándolo. cuando le ofreció las mangas se sorprendió que estuvieran pegadas al cuerpo y pensó que era un fallo pero cuando la cremallera subió toda la espalda y oyó un clic se dio cuenta de que estaba inmovilizado. lo último que recuerda fue el sabor de la goma de la mordaza entrando en su boca y su imposibilidad de pedir auxilio.

minirelato

cuando terminó de afeitarle la cabeza siguió con todo su cuerpo hasta que no quedó ningún pelo en él. hacía tiempo que había dejado de protestar y sólo mostraba sorpresa. luego lo llevó al sótano, a la mazmorra, y tras sellar el candado de la jaula de castidad lo encadenó a la pared. sólo entonces le quitó la mordaza y lo único que salió de su boca fue: “pero ¿cómo voy a ir a trabajar?”. el Amo contestó: “No irás. Yo me encargaré de liquidar tus cosas. No saldrás de esta habitación en seis meses y después de ese tiempo no querrás salir”. y se fue cerrando la puerta y dejándolo en la más completa oscuridad.

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