ficción propia

reprogramación XI

esta noche dormí un poco más aunque me despertaba cada dos o tres horas debido al dispositivo que me tenía loco. en más de una ocasión fue el dolor el que me mantuvo en vela. cada vez que tenía una erección, una fuerte oleada muy intensa me desvelaba. el tresto del tiempo era cómo pero sólo tengo 23 años, me paso todo el tiempo empalmado, lo que significa que ahora me paso casi todo el día dolorido. es un auténtico tormento, pero quiero volver a ver a ese tio, quiero verlo de nuevo, servirle otra vez, que me use. y cada vez que pienso en esto, de nevo, un dolor en los genitales. 
los siguientes días en la facultad fueron horrible. no podía concentrarme lo más mínimo. seguía con el miedo de que se dieran cuenta que llevaba aquello. por supuesto no fuí a la piscina a entrenar esa semana y algunos compañeros me preguntaron qué me pasaba. les mentí, diciéndoles que no me encontraba físicamente bien, lo cual tampoco era una mentira del todo.
veía cómo se acercaba el fin de semana y, a medida que lo hacía, más nervioso me sentía. los días eran una seucesión de dolores y ecnitación ante la perspectiva de volver a lamer esas botas. cada vez que pensaba en ellas, el dolor me inundaba. dos veces estuve a punto, desesperado, de arrancérmelo. llegó un momenot en el que me olvidaba que lo tenía, hasta que iba al baño y me veía obligado a orinar sentado, o cuando me duchaba. en esos momentos la desesperación era aún mayor, y tenía ganas de romperlo.
el jueves, caminando por uno de los pasillos de la facultad, me di cuenta que una tía se había quedado mirándome el paquete entre sorprendida e intrigada. noté como me sonrojaba rápidamente y aceleré el paso. oí unas risas detrás mia y no pude evitar pensar que se reían de mi.
la semana se me hizo eterna, pero por fin llegó el viernes.
(continuará)

reprogramación X

el día en la facultad se hizo eterno. casi no había dormido y aún tenía aquello puesto en los genitales. intenté atender a las explicaciones de varios profesores pero fue inútil. me marché a la cafetería y luego a la biblioteca. no quería encontrarme con mis amigos, no se fueran a dar cuenta que tenía un parquete aumentado. eso me aangustiaba, pensar que alguien pudiera darse cuenta que tenía eso ahí.
varias veces noré como la idea, el mero recuerdo de tenerla, me excitaba y mi polla se empalmaba, produciéndome un fuerte dolor. un compañero se me quedó mirando cuando empecé a sudar ligeramente y mi respiración se hizo más acelerada. a media mañana me fuí a casa, casi angustiado porque parecía que todos me miraban. de pronto era como si estuviera desnudo y todos me mirasen la entrepierna.
estuve toda la tarde en casa, como un animal enjaulado. no conseguía concentrarme en anda, ni el ordenador, ni la lectura… pensé en ir al gimnasio, a la piscina, pero no podía ir al vestuario con aquello colgando. por comodidad me quité toda la ropa y estuve desnudo. la llave estaba en la puerta, pero me sentía encerrado en aquel sitio. un simple trozo de plástico estaba determinando mi existencia. varias veces pensé en romper el precinto y quitármelo, y siempre que me lo planteaba me venía la imagen del Amo, sus botas, el fin de semana pasado y el dolro que me producía el empalmarme me quitaba la idea. esa noche tampoco dormí demasiado y al día siguiente ya estaba de mal humor. volví a la facultad, no podía seguir perdiendo clases. me crucé con varios amigos que se sorprendieron de que no me parara, pero no quería darles la oportunidad de que pudieran darse cuenta. 
a las once me entraron unas ganas insoportanles de ir al baño. el día anterior había comprobado que no podía hacerlo de pie con aquello puesto, a riesgo de convertir el baño en un charco de orina. llegué corriendo al de la facultad pero todos los retretes estaban ocupados. dos tios estaban en lo urinarios y me miraron sorprendidos cuando me paré y ví que no podía hacerlo. noté cómo me sonrojaba cuando salía por la puerta.
(continuará)

reprogramación IX

esa noche me dejó en el piso. durante todo el camino de vuelta me tuvo con los ojos vendados de forma que no sabía donde había pasado todo el fin de semana. cuando lo vía alejarse en su coche, me quedé unos segundo parado en medio de la calle, delante de la puerta de mi edificio. y me sentí muy sólo y vacío. algo había pasado dentro de mi. notaba el aparato colgándome, como una prolongación de mi mismo, mi presente. casi no respiraba. tuve que hacer un esfuerzo por darme la vuelta y entrar. no recuerdo haber subido en el ascensor, ni haber abierto la puerta. mi conciencia llega a cuando me encontraba desnudo delante del espejo en el baño, viendo aquello que tenía entre las piernas. desde luego era un dispositivo perverso, una manera de evitar que me pudiera pajear o tocar incluso. una carcasa de plástico cubría mi pene y se sujetaba a la base de los huevos por uno enganches y unos aros que lo mantenían en su sitio. lo moví arriba y abajo, viendo el movimiento que tenía. la sensación que me inundaba era de sorpresa, pero también de frustración. ¿qué se supone que tenía que hacer? El me lo había dejado claro, si quería volver a verlo tenía que llevarlo puesto una semana. ¿cómo se supone que iba a ir a la piscina con eso puesto? ¿lo notarían sus compañeros de la facultad? no creo que muchos estudiantes de derecho fueran a clase con algo así. le agradaba la sensación de tener la piel afeitada, suave.
decidió irse a la cama. de pronto le inundó un fuerte cansancio, como si todos los músculos del cuerpo le dolieran. se metió en la cama y se durmió casi enseguida. lo despertó el dolor. era intenso, constante, fuerte. miró el reloj, las tres y media. venía de sus huevos y su polla. se destapó y tenía una fuerte erección que le producía un dolor intenso. hizo una mueva y empezó a respirar rápidamente. se agarró el dispositivo, lo movió intentanto acomodarlo, pero era inútil, su polla estaba aprisionada. y dolía, dolía mucho. no quería quitárselo, no quería romper el candado, quería volver a ver a ese tio. estaba completamente despierto así que decidió ir al baño a echarse agua fría que, efectivamente le bajó la erección, pero le despertó definitivamente. volvió a la cama, pero ya no pudo dormir hasta las cinco. tenía que levantarse a las siete para ir a clase.
(continuará)

reprogramación VIII

-¡Bien!-dijo El-empecemos entonces.
se acercó a una mesa oscura que había en un rincón y abrió uno de lso cajones de donde sacó un objeto que no pude identificar al principio. lo dejó allí y volvió a donde yo estaba. me agarró por el collar que aún llevaba puesto y me tumbó sobre una mesa de amdera, atándome los brazos y los tobillos de forma que quedara completamente expuesto. los brazos estaban por encima de la cabeza y las piernas tan extendidas que no podía doblar las rodillas.
lo siguiente que sentí fue algo frío, como una crema, en los genitales y los sobacos.
-¿pero qué…?- llegué a decir antes de que me emtiera una mordaza en forma de polla en la boca y la atara detrás de la cabeza. me obligaba a tener la lengua pegada a la base de la boca de forma que no podía sino gemir y gruñir. lo siguiente fue la venda. me agité un poco pero una ligera descarga eléctrica en el costado me hizo desistir y me quedé completamente quiero. entonces sentí el filo de la navaja alrededor de mis testículos, de mi polla, y d ela piel que los rodeaba. ¡me estaba afeitando!, no sabía si con una navaja, una maquinilla o que. mi inmovilidad aumentó. bastaba un ligero movimiento para que se produjera un corte o algo peor. lo curioso due que a medida que avanzaba y aumentaba la cantidad de espuma cuando esta se acababa, mi polla empezaba a ponerse dura de nuevo. pronto estuvo completamente inhiesta, lo que facilitaba su trabajo.
cuando terminó pasó un dedo por la piel sauve, sin pelo, y noté una especie de descarga alrededor del cuerpo que se transformó en un ligero temblor de una polla dura. 
luego hizo lo mismo con los sobacos. gemía, pero ahora de placer. no soy alguien muy velludo, pero ahora tendría un aspecto aún más lampiño. de pronto pensé en la piscina a donde voy tres veces por semana, a lo que pensarán mis compañeros al ducharme y verme sin pelo en los genitales. tendría que soportar sin duda alguna broma. mi respiración se agitó bastante. el lo tuvo que notar porque puso su mano sobre mi frente. aquello me relajó.
entonces Él se alejó, hacía la mesa donde había estado antes. oí sus pasos de regreso.
de pronto un frío intenso me llegó desde los genitales y me sacudí intentando liberarme mientras intentaba gritar. había colocado unas bolsas heladas sobre mi polla y mis huevos que hicieron que bajara inmediatamente la erección. tras el susto inicial empecé a jadear por la nariz porque me había quedado sin respiración mientras notaba que mi polla quedaba completamente flácida. entonces sentí como sujetaba mis genitales y maniobraba con ellos, como poniéndome algo, pensé que era un cockring hasta que oí un clic y mi polla volvió a reaccionar hinchándose . entonces el dolor me recorrió. no podía empalmarme. el dolor se hizo tan intenso que empecé a gemir y a agitarme. El volvió a poner su mano en mi frente. 
-Tranquilo- dijo- me has dado tu consentimiento.
y diciendo esto me quitó la venda y pude ver lo que había hecho. me había colocado un dispositivo de plástico que cubría el pene y tenía sujeto los testículos con una argolla. bajo ninguna circunstancia podría masturbarme mientras tuviera aquello puesto. además todo el pelo de mis genitales había desaparecido por completo. estaba suave como la piel de un recién nacido.
lo miré con mirada suplicante e inmediatamente me di cuenta del placer en sus ojos. estaba realmente disfrutando con todo aquello. el dolor seguía ahí, enviando oleadas que me hicieron volver a la realidad.
miré de nuevo el dispositivo. era transparente y vi como mi polla presionaba todas las paredes intentando salir y como quejándose de no poder hacerlo. tenía una raja en la punta,s upongo que para orinar, y un candado que impediría que me lo quitara.
-Es plástico. Puedes romperlo- dijo adivinando mis pensamientos- pero entonces no vuelvas a molestarme.
rápidamente me desaró los tobillos y las muñecas y, aún con la mordaza puesta, me dijo:
-Es domingo por la noche. Ahí tienes la ropa. ¡Vístete!.
casi si poder caminar del dolor, fui hacia el rincón donde estaba la ropa y me vestí. no pude ponerme en calzoncillos debido al dispositivo y supe que ya no podría llevarlos porque eran demasiado incómodo. me los metí en el bolsillo y terminé de vestirme.
él apareció con sus botas, unos vaqueros, camisera y chupa de cuero. la salvación aumentó ligeramente bajo la mordaza. 
-Te voy a llevar a casa- dijo- El próximo viernes te quiero a las ocho en la puerta del bar.
comenzó a andar y fui tras él.
(continuará)

reprogramación VII

quedó allí colgado mientras las gotas de sudor recorrían todo su cuerpo. la excitación bajó un poco, pero la presión de las cuerdas no permitió que su polla se relajara del todo. los acontecimientos habían sido hasta cierto punto caóticos. sólof ue a un bar a beber algo para sentirse menos sólo y ahora se encontraba atado en el sótano de la casa del tio más excitante que había conocido nunca, con las botas más excitantes que había visto nunca.
jamás pudo imaginarse el viernes por la noche que acabaría pasando el fin de semana de esta manera. un ligero dolor en las articulaciones le devolvió al presente. llevaba tres días sin parar: le había atado, colgado, follado, alimentado como a un niño, amordazado, encadenado, encerrado y cien “perversiones” más a las que había accedido con el silencio, la sumisión. en un momento vio la sopresa en El, cunado a todo lo que le proponía, sencillamente decía “sí, Señor”. lo más curioso es que no le había costado nada hacerl. había salidode forma natural. es cierto que en algún momento sintió miedo, pero pronto desapareció cuando El le puso su mano encima. era como una especie de sedante. bastaba una caricia para que su cuerpo se relajara, un simple toque para que su polla cobrara vida. era como una descarga eléctrica que le recorría.
durante ese tiempo había hecho mucho y hablado poco y siempre era El el que llevaba la voz cantante, dirigiendo, ordenando, con sus botas puestas. las había lamido un millar d eveces, de hecho había aprendido que cada vez que entrara en la habitación, y si no había nada ni nadie que lo impidiera, tenía que arrodillarse y lamerlas en señal de respeto. al principiolo hizo por morbo pero pronto se encontró haciéndolo de forma natural, casi sin pensarlo.
volvió a la realidad, la ligero movimiento que producía el estar colgado boca abajo y las piernas abiertas. tomó conciencia de su culo dilatado y aún dolorido de la penetración. abrió y cerró las manos para facilitar la circulación a través de las ataduras.
durante la mayor parte del tiempo había permanecido bajo algún tipo de restricción: cuerdas, cadenas, esposas…. desde el momento en que lo había esposado al salir del bar, en el coche, no recordaba haber tenido completa libertad de movimientos. lo más extraño es que no le había costado, ni le había resultado extraño, sencillamente había sido así, y eso le había gustado.
al princpio luchó contra las ataduras, pero en cuanto comprobó que era muy hábil haciendo nudos, supo que no podría liberarse y eso lo relajó, se dejó ir porque no había nada que hacer, y eso le dió una paz que no había sentido en mucho tiempo.
el movimiento volvió a traerlo al presente. la polea de la que colgaba se movía y empezó a descender hasta quedar en el suelo. no lo veía pero sintió sus manos sobre él, desatando los nudos hasta que sólo quedaron las muñecas. lo ayudó a levantarse y lo llevó por los brazos hasta un rincón dels ótano, delante de su sillón, donde lo ayudó a arrodillarse. entonces El se sentó y pudo verlo completamente. no llevaba sino un suspensorio de cuero y las botas. agachó la cabeza para fijar su mirada en ellas.
-Eres sorprendente -oyó- llevo tres días usándote y munca he encontrado un sumiso como tú, tan dispuesto, tan entregado, tan obeidente. Me tienes impresionado.
agachó aún más la cabeza de hecho todo su cuerpo parecío encogerse.
-….y tan humilde…. me gustaría cogerte, en principio, bajo mi protección, entrenarte, enseñarte, desarrollar tu potencial, siempre que lo desees, claro.
¿a qué se refería? ¿a ser novios? ¿a mantener una relación? no lo sabía pero tampoco le importaba. de pronto se sintió muy cansadoy le dolía prácticamente todo el cuerpo. inmediatamente supo la respuesta, porque de hecho, no podía haber hecho otra cosa.
-sí, Señor, lo deseo. gracias Señor.
(continuará)

reprogramación VI

de nuevo pensó si habría cometido un error. intentó tragar parte de la saliva que la mordaza le obligaba a producir. aunque la tenía muy adentro, estaba babeando como un niño. se agitó un poco, intentando situarse mejor, pero estaba colgado boca abajo, con las piernas muy abiertas colgadas de sendas cuerdas. las manos las tenía atadas a la espalda y colgaba del techo. sentía gotas de sudor cubriendo su cuerpo. llevaba un buen rato allí, así, colgado.
de pronto las vió, de nuevo, aquellas botas. ahora Él sólo las llevaba puestas, sin nada más. su cuerpo brillaba también por el sudor. llevaban follando mucho tiempo, desde que habían llegado del bar; tanto que había perdido la noción del tiempo. lo había usado de muchas maneras y ahora estaba allí, indefenso.
-¿Estás cómodo?- preguntó, a lo que sólo pudo responder con un gruñido.
notaba el culo expuesto y abierto. cuando Él se puso detrás notó el gélido tacto de un lubricante, una consideración por su parte que no había tenido en otras ocasiones. la embestida fue brutal, sin compasión, ayudado por el vaivén que producía el estar colgado. no pudo evita un gesto de dolor y un gemido que fue ahogado por la mordaza. le folló despiadadamente, a veces empujándolo y a veces quedándose quieto para moverlo hacia El. pronto empezó a llorar pero a la vez notaba su polla a punto de explotar. no le habían dejado vaciarse desde que llegaron a la casa. 
las embestidas siguieron mientras gemía de dolor y de placer. de vez en cuando agachaba la cabeza para mirar esas botas con las que le estaba follando, mientras mordía la mordaza y babeaba más saliva.
también oía sus gemidos de placer. lo estaba pasando muy bien y eso le produjo una extraña sensación de satisfacción. entonces sintió su mano sobre su polla. eso produjo un escalofrío que recorrió todo su cuerpo. sabía que no podría aguantar mucho, realmente no podía aguantar nada. bastaron dos movimientos para que explotara gimiendo y gritando mientras se convulsionaba. no fue hasta después cuando se dio cuenta que El se había corrido también dentro de su culo, aprovechando sus estertores.
(continuará)

reprogramación V

cuando terminé con una empecé con la otra. eran botas negras, completamente lisas, pero de caña alta, vaqueras pero sin repujar. nunca había visto unas así. el cuero era muy bueno porque olía muchísimo y quedaba muy brillante cuando pasaba la lengua. pronto sólo tuve su sabor en mis labios. fue increíble. estaba en la gloria. nunca había lamido las botas de un hombre, a pesar de haberlo soñado un millón de veces. tantas fantasías, tantas pajas pensando en eso y ahora estaba allí, haciéndolo en medio de un callejón sin que nada me importara. la polla me dolía de lo dura que estaba pero no se me ocurrió tocarme, no era una opción. ahora solo estaban aquellas botas. sólo existían ellas. 
el tiempo pasó, supongo, porque para mi aquello fue un momento permanente proqeu no se cuanto estuve lamiento y oliendo aquellas botas. dos palabras me sacaron del estado hipnótico en el que me encontraba.
-¡Ven!, ¡sígueme! 
aquello no era un ruego o una pregunta, era una orden. esto, unido al hecho de que las botas se ponían en movimiento fueron suficiente para desperme. El se marchaba y yo no podía permitirlo. aún con el sabor del cuero en la boca, me levanté y lo seguí. me costó poco ponerme a su paso pero no sé por qué razón no me puse a su lado, sino que me mantuve un metro por detrás, a su derecha. supongo que me influyó la orden de seguirle. oía el ruido de sus botas sobre el asfalto, rítmicas, marcando el paso. era casi hipnotizante. no podía quitarles la vista de encima, no podía dejar de mirar esas botas que iban caminando hacia un lugar deconocido y que me seducían.
al final del callejón había un jeep aparcado y hacia él nos dirigimos. dos luces y un sonido indicaron que el cohe estaba abierto. El se acercó a la puera del acompañante y la abrió.
-¡Sube!-dijo
no sabía si debía fiarme de El, no lo conocía de nada en absoluto. podría estar metiéndome en un apuro, podría ser un violador, un asesino o un desalmado que me torturaría hasta matarme, pero también me había hipnotizado. no podía dejar de mirarlo, de mirar sus botas. por supuesto subí y la puerta se cerró detrás mia. oí como las botas golpeaban el suelo, mientras saba la vuelta al coche. miraba hacia el suelo pero oí como se cerraba la puerta del conductor. no me atreví a mirarle. cogió algo  de un sitio y le oí decir, un tono duro.
-¡las manos!
giré la cabeza y vi que tenía unas esposas abiertas.
-¡LAS MANOS HE DICHO!-repitió en un tono que no admitía contestación. inmediatamente ofercí las manos juntas. oí el clic al cerrarse y sentí la presión que ejercían en mis muñecas. al mismo tiempo mi polla se sacudió dolorosamente bajo mis pantalones. llevaba mucho tiempo dura esa noche.
el coche arrancó. tenía la boca seca y las manos atadas. sin embargo no quería estar en otro lugar.

reprogramación IV

el corazón me latía muy deprisa. ahora qu elo veía allí, así, de pie, la excitación se apoderaba de mi. además sentía una enorme vergüenza  de que me hubiera visto mientras lo perseguía. la mezcla de ambas sensaciones me hizo encoger los hombros y agachar la cabeza.
estaba a punto de irme cuando alcé los ojos para echar el último vistazo, como había hecho en el bar, y entonces volví a encontrarle mirándome fijamente. su cara era completamente inexpresivapero me llamaba y como un conejo hipnotizado por una serpiente empecé a caminar hacia él, como un zombi casi, sni pensar, sin ser consciente. no existía nada a mi alredero, salvo él. paso a paso me fuí acercando, sin apartar mis ojos de los suyos, hasta que estuve frente a él. entonces, lentamente, bajé la vista hasta sus botas y volví a alzar los ojos hasta mirarle.
inmediatamente supe lo que quería. mis piernas empezaron a temblar y se doblaron sin que yo se las ordenara, como si le obedecieran ya a él, no a mi. tocaron suelo, apoyé mis palmas a los lados y me incliné hasta que que miboca estuvo a unos pocos centímetros. y entonces empecé a lamer sus botas cno lengüetazos largos y prolongados. sentí el olor del cuero y el brillo por donde pasaba mi lengua. perdí la noción del tiempo. no quería estar en otros sitios, no quería hacer sino lamer las las botas de aquel tio. no quería hacer otra cosa.

reprogramación III

no levantaba la mirada de su bebida, no podía. hacía excedido el tiempo de educación. si volvía a mirar a aquel tio sabía que podía provocar una reacción violenta por su parte. tal vez el botero se había mosqueado. sin embargo quería volver a mirar, quería volver a ver sus botas, deseava volver a contemplarlas. con el corazón palpitando intensamente levanté la vista y al instante el alma le cayó a los pies. el asiente estaba vacío. se había ido. inmediatamente le inundó una angustia que le descolocó. necesitaba verlo de nuevo, así que rápidamente se levantó, puso un billete sobre el mostrado y salió por la puerta corriendo. movió la cabeza hacia un lado y luego hacia el otro. y allí estaba, en la esquina, apoyado en la pared, mirándolo. notó como se sonrojaba, avergonzado.

reprogramación II

la situación se había vuelto insostenible para él. la visión de aquellas botas le había producido una fortísima erecciónque intentaba disimular bajo sus vaqueros. auqneu también llevaba botas de motero, en su caso había una jerarquía y las de EL estaba en el punto más alto. las suyas eran marrones, discretas; las de EL negras, oscuras, llamativas. como ocurre en la naturaleza, sintió que le atraían de una forma irrresistible, a pesar del peligro que significaban, y que se encaminaba a un callejón sin salida si seguía por ahí, pero no podía evitarlo, era algo más fuerte que él mismo. en cuando se dio cuenta cayó en que se había encogido. los hombros habían caído y casi tocaba su pecho con la barbilla, lo que le obligaba a mirar de reojo aquellas botas de las que no podía apartar la mirada.
hizo un esfuerzo y levantó la vista hacia la cara del botero, pero en cuanto sus ojos se encontraron, notó como un descarga lo recorría, dejano caer sus manos a los lados. no pudo reaccionar, no podía moverse. el otro tio se había dado cuenta de todo y lo estaba taladrando con la mirada, fijamente, sin apartarla ni un sólo instante, sin petañear. supo que lo estaba sondeando y perdió; perdió desde el primer momento porque agachó aún más la cabeza mientras notaba como su cara se ponía colorada. tenía 30 años y se sintió  como un vulgar adolescente. empezó a sudar y aquello se volvió una tortura, pero no podía levantarse, ahora no. su polla estaba a punto de reventar, su corazón a salirse por la boca y el agua fría que tenía en su mesa no le quitaba la sed.
“y todo por unas sendra”, pensó. pero inmediatamente volvió a fijar su mirada en las botas. el botero no le quitaba la vista de encima, él lo sabía, pero no podía volver a levantar la cabeza, la mirada fue demasiado intensa, demasiado perturbadora. no sabía qué tenía aquel tio, pero se sentía absolutamente nada ante EL.

reprogramación I

(comienzo un nuevo relato sin que eso signifique que haya acabado el anterior titulado secuestro).
siempre le habían gustado el cuero y las botas. poco a poco había conseguido el suficiente dinero para comprar algo de material, y el suficiente valor para ponérselo y encontrarse con otros hombres que tuvieran sus mismos gustos. a medida que se iba introduciendo en este mundo, se daba cuenta de que no era tan solo la sensación del cuero y las botas lo que le excitaba, sino el juego de poder que se producía en una sesión. lo que le excitaba más era arrodillarse delante de otro tio, encuerado y embotado, que le diera órdenes, que le dominara y sometiera. eso era lo que le gustaba. cruzar esa puerta l asustaba, y por eso siempre era reticente a hacerlo, hasta que llegó EL. el encuentro fue casual, en un bar normal y corriente, nada especial, pero EL llevaba puestas unas botas de cowboy impresionantes, unas sendra repujadas, azul y negras, que levantaban la punta amenazante. eso era suficiente para que su boca se secara, su corazón comenzase a palpiar aceleradamente, y no pudiera apartar la vista del suelo, justo donde pisaban esas botas.
EL se dio cuenta, claro que se dio cuenta. hubiera reconocido a un botero a kilómetros de distancia, y a un esclavo un poco más cerca, pero con igual seguridad; y en cuanto lo vio supo que era un esclavo, supo que sería su esclavo. cuando lo vio allí, babeando sin poder quitar la vista de sus botas, supo que sería suyo, que sería de su propiedad. en dos segundos se formó en EL una determinación que le había llevado a ser lo que era, un exitoso hombre de negocios. podía conseguir cualquier cosa, menos lo que había querido tener desde su adolescencia: un esclavo, alguien que le perteneciera y que fuera de su propiedad. legalmente era imposible, pero en el mundo bdsm había una posibilidad de encontrar alguno; alguien que fuera lo suficientemente especial como para someterse completamente a otro hombre. en su interior sintió que el destino le había puesto delante a ese ser, irónicamente, en una cafetería cualquiera. cuanto más lo miraba allí, empequeñeciéndose ante la visión de sus botas, más sabía que aquel ser sería suyo, sería su Dueño, sería de su propiedad.

secuestro X

sabía que no podía mantener la orina dentro del traje, especialmente la segunda vez que se hizo pis encima. sin embargo el úncio orificio qu eparecíe tener su traje eran los ojos, así que, tras volverse insoportable el picor de la piel por contacto con el áctido, empezó a moverse para que el líquido saliera por allí, notó el sabor cuando pasó por su boca a pesar de la mordaza y casi se asfixia cuando algo entró por la nariz, pero consiguió expulsar la mayor parte.
se arrastró como un gusano para apartarse del charco que se formó. notó como poco a poco se iba secando. tenía que haber alguna forma de control de temperatura porque no sentía ni frio ni calor.
por última vez tensó los músculos para probar sus ataduras, con el mismo resultado: imposible liberarse. aquello no podía estarle pasando a él. sólo había querido conocer a laguien con quien pasar un buen rato y ahora estaba dolorido, orinado, atado y amordazado. le habían arrancado de su vida. no sabía donde estaba ni cuanto tiempo había pasado allí. sintió como la angustia le apretaba el pecho e intentó respirar calmadamente por la nariz para evitar hiperventilarse debido al ataque de ansiedad que empezaba a sentir. alguien le echaría de menos. denunciarían su ausencia y lo buscarían. a eso se deddicaba la policía. entonces recordó que anualmente desaparecían cientos de personas que no eran encontradas, que nunca volvían a aparecer. se preguntó si él sería una de ellas.
(continuará)

secuestro IX

despertó en su celda, y le costó algo volver a tener conciencia de su cuerpo. lo primero que sintíó fue que estaba dolorido. tenía de nuevo el traje de latex puesto y la capucha en su lugar, con la mordaa en la boca. intentó moverse pero tenía las manos atadas a la espalda y los tobillos ente sí. prestó más atención y sintió que eran una muñequeras de cuero, unidas por un candado.
estaba tirado en el suelo. se movió buscando una postura mejor ys e encontró con que como mejor estaba era boca abajo.
le dolía todo, y con cada movimiento gemía. se centró en la respiración para tranquilizarse. la cabeza entonces empezó a dar vueltas: ¿cuánto llevaba allí? ¿era de día o de noche? todo podría haver comenzado ayer o podría llevar una semana allí, encerrado. se extrañó de no tener hambre o sed. miró a su alrededor y sólo vio la misma celda del primer día.
se dio cuenta que tenía aquel dispositivo puesto en el pene y no pudo evitar un escalofrío al recordar las descargas. de pronto le entraron unas ganas enormes de orinar, así, de improviso. comenzó como poca cosa, pero enseguida se volvió una necesidad. miró hacia el retrete, pero aunque pudiera llegar hasta allí no podría abrirse la cremallera para hacerlo.
no tenía noción del timepo, sólo que su vegija se hacía cada vez más y más presente. pronto gimió de dolor. se puso de lado y miró hacia sus genitales. aquel traje era diferente al primero. era igual de brillante, pero más gordo, y no tenía la cremallera que había usado con el primero, muy ajustado, pudo ver la forma de su polla encerrada en aquella jaula. aquello le desesperó aún más, inclsuo con las manos libres habría tenido que quitarse el traje completo para ir al baño. ¿es que no habían pensado en eso los que lo hicieron? entonces cayó en la cuenta que sí que lo habían pensado y lo habían hecho así intencionadamente. si no quería explotar tenía que hacérselo encima.
moviéndose y tanteando se planteó como se sacaría el traje y sólo pudo sentir una cremallera a su espalda. supuso que podría salir por ahí. si no era así la única salida eran los ojos.
ya no pudo más y tuvo que orinarse. notó cómo el cálido líquido iba saliendo mientras se relajaba y emitía un gemido de alivio. el calor de la orina le indicaba por dónde iba. enseguida notó los pies mojados y cómo se quedaban así. se preguntó si podía llegar más bajo.
(continuará)

secuestro VIII

no había viento, pero notaba el frío en la piel que había quedado al descubierto tras afeitarle todo el pelo del cuerpo. seguía atado por anchas tiras de cuero a una silla, que apenas le permitía mover algún músculo. los tres tíos cubiertos de latex habían salido después de haber realizado su trabajo y lo primero que hizo fue relajarse y empezar a pensar en su situación. sin embargo no pudo hacerlo durante mucho tiempo porque una descarga le recorrió el cuerpo. lanzó un grito que tuvo que oirse en todo el sótano. cuando pasó la sensación se quedó jadeando mientras gruesas gotas de sudor le caían por la cara y el cuerpo.
-¿pero que coño…?
una nueva descarga hizo que se convulsionara de nuevo. ahora no sólo caían gotas de sudor, sino también lágrimas por la cara. decidió callarse y no decir nada. los minutos fueron pasando y, de pronto, surgió otra nueva ola de electricidad que nacía en la base de sus testículos y, rápidamente, llegaba a todas las partes del cuerpo. gritó de nuevo  de dolor.
las siguientes descargas le hicieron caer en la cuenta que aquello no tenía sentido. éstas se producían hablara o no hablara. cuando pensaba que había encontrado una pauta temporal, se sucedían dos o tres muy seguidas, y cuando esperaba una, pasaba un tiempo dolorosamente largo, dolorosamente porque se prolongaba hasta lo indecible el tiempo de sufrimiento.
los gritos tenían que oirse en todo el sótano porque era lo único que podía hacer y se lanzó a ello desesperadamente. a veces le faltaba el aire, pero no le importaba, sumergidocomo estaba en un dolor constante. en un momento dado casi prefirió la descarga al período entre ellas. al menos cuando se producían se centraba en lo que pasaba, no en lo que estaba por venir.
pronto los gritos se convirtieron en súplicas, pidiendo que pararan, que no podía seguir así. lloraba desconsoladamente diciendo que él no había hecho nada, que todo aquello era un error, que se equivocaban de persona, pero apenas podía terminar una frase.
el tiempo se había detenido. no podía llevar la cuenta de él, lo único que sentía era el dolor de las descargas. pensó que iba a morir, sobre todo cuando perdió el control sobre su cuerpo, que pareció moverse sin contar con él. el sudor que le cubrían hacía de conductor y no ayudaba en absoluto. cuando se quedó sin voz, sencillamente se oía un ligero hilo de súplica pidiendo clemente, que aquello era un error. cuando  dijo que haría todo lo que le pidieran, súbitamente las descargas pararon. esperó otra que no llegó. entonces fue como si una losa le cayera encima y se desmayó.
 (continuará)

secuestro VII

cuando terminaron notó su cuerpo más sensible, como si pudiera percibir cualquier movimiento del aire, por muy ligero que fuese. no recordaba en qué momento había dejado de protestar. cuando lo terminaron de secar, lo último que notó fue que volvían a ponerle algo en los genitales pero esta vez sintió el tacto metálico y como cubría todo su pene, a la vez que ajustaban algo a sus testículos.
hábilmente y de forma rápida lo desataron y lo sentaron en la silla ajustando correas a las muñecas, el pecho y los tobillos. el que parecía el jefe se colocó delante de él y, mirándolo fijamente, movió negativamente la cabeza. se dio cuenta de que era una advertencia . había algo que no debía hacer. cuando notó que otro le quitaba la mordaza supo a lo que se refería, sin embargo, en cuanto se la quitaron no se pudo resistir.
-¿pero que…? -no pudo terminar la frase porque una fuerte descarga originada en su polla le recorrió todo el cuerpo e hizo que se convulsionara. cuando su grito se apagó, volvió a decir:
-yo no…- y una nueva descarga con un nuevo grito. estaba sudando a mares y jadeaba.
se mordió los labios para no volver a cometer el mismo error. los tres que habían estado como esperando, se pusieron rápidamente en marcha y él oyó cómo se encendía una máquina. comenzaron a pasársela por la cabeza, mientras otro le afeitaba la barba. el tercero, que parecía el jefe, estaba de pie viendo como los otros trabajaban. ante cualquier indicio de que fuera a decir algo, un ligero movimiento de los ojos del jefe lo disuadían.
cuando el pelo dejó de caer, también le pusieron espuma en la cabeza, incluyendo las cejas, y empezaron a afeitársela. algunas lágrimas cayeron pro su cara mientras apretaba los dientes, entre la frustración, el miedo y la impotencia.
cuando le quitaron los últimos restos de espuma, supo que no le quedaba ni un sólo pelo en el cuerpo. el que parecía el jefe se acercó y pasó su mano por su cabeza. notó el suave tacto del latex y su polla volvió a reaccionar a su pesar pero esta vez el tubo metálico le impidió llegar más lejos, transformando la excitación en dolor.
casi llevados por una misma voluntad, los tres se pusieron en marcha. la puerta se abrió y salieron por ella. cuando volvió a cerrarse pensó que lo peor había pasado y que disponía de un tiempo de descanso.
entonces comenzó todo.
Ir a la barra de herramientas