Este diario comienza con el nuevo año y su título no puede ser más explícito. Soy un esclavo. No tengo Amo pero busco alguien a quien pertenecer, que me considere de su propiedad. En un mundo como el nuestro esta afirmación produce ampollas. Educados desde la infancia en una supuesta autonomía y libertad, decir que uno quiere ser propiedad de otro parece una locura. Y tal vez lo sea. Si es así soy un loco…y quiero serlo.
Además soy un enfermo porque soy fetichista: del cuero, las botas, el latex. Me encanta que me aten y me amordacen, y que me humillen. Si te escandaliza no sigas leyendo, si no es así disfruta.
El año comenzó bien antes de comenzar. J y C llegaron al aeropuerto y fui a buscarlos. Hace un año exacto que nos conocimos. Son amantes de las botas y de los tios que saben tratarlas bien. El año pasado tuvimos un encuentro y deje sus botas relucientes. Debió gustarles porque al volver me han llamado e inmediatamente he respondido.
LLegaron antes de lo previsto y los llevé en coche hasta la casa donde se quedaban. Eran las 9 y media. Les llevé las maletas hasta el 2 piso. Intentaron abrir unas maletas para enseñarme unas botas que traían, pero el candado se resistía así que comezamos por las de C. Llevaba pantalones vaqueros y lo que parecían unas botsa puntiagudas. Me arrodillé a una indicación suya y comencé a lamerlas. “Verás la sorpresa que te espera”, dijo. Entonces, cuando iba a subir por la pierna me di cuenta que eran como unas zapatillas, con punta y tacón de bota pero sin nada más. Me encantó. J iba dando algunas indicaciones mientras los dos se tocaban sus pollas que se habían puesto duras de verme en el suelo de rodillas. Limpié las botas/zapas con la lengua hasta dejarlas brillantes. Luego me llevaron delante de un espejo y C se subió encima mia. Me piso los cojones, me pisó la cara y el pecho mientras gemía de gusto. Luego me pusieron de rodillas y comencé a hacerles una mamada, sobre todo a C.,que estaba disfrutando muchísimo. J. miraba y de vez en cuando daba alguna indicación. La bota/zapa estuvo presente siempre. Me obligaron a levantarla en una mano, a sujetarla con los dientes mientras masturbaba a C. Yo era un perro a su disposición, y me encantandaba. Ellos se daban cuenta y decían expresiones como “!Qué cara de vicioso se te pone!” o “Puto perro de mierda, limpia bien”.
Todos estábamos excitadísimos, pero se me hacía tarde así que tuvimos que parar quedando para más adelante. Fui a lavarme y a recomponerme un poco y cuando volví C. me preguntó si quería agua. Le contesté que si y entonces sacó una botella. Ante mi sorpresa vertió un poco en la bota/zapa y me la ofreció y, ante la suya, la cogí sin rechistar y me la bebí. “Hasta bebiendo agua este cabrón me tiene que poner cachondo”, dijo. Entonces me despedí y salí. Tenía un hora para llegar a la cena y partir el año.